El amor en los tiempos del cólera

En noviembre de 1985 hubo una erupción del Volcán Nevado del Ruiz, que mató a más de 25,000 personas y que es considerada la segunda actividad volcánica más devastadora del Siglo XX. Inmediatamente, el escritor colombiano, Gabriel García Márquez, Premio Nóbel
de Literatura, destinó una edición de lujo, de solamente 1,000 ejemplares, firmados y notariados vendidos a precios hoy día imponderables, cuyos beneficios serían destinados exclusivamente para los damnificados de esa tragedia.

La novela, ambientada en el corazón del Río Magdalena, caudaloso y cautivante, es la historia del amor de Florentino Ariza, quien nunca se casó, por Fermina Daza. En el camino llevaba un pormenorizado detalle de cuántas amantes tuvo, pero siempre le fue fiel. Mientras tanto, su amada
estuvo casada y enviudó, para finalmente casarse con su eterno enamorado en las postrimerías de la vida de ambos. Esta edición, que tiene 335 páginas, la leí con fruición y siempre tuve adoración por el tema, y lo mantenía en una especie de culto, en un mueble antiguo giratorio especialmente diseñado para libros, a la entrada de mi casa.

El año pasado, finalmente, llegó a Panamá la película, largamente postergada, de esa historia y basada en su novela, con la actuación magnífica de Javier Bardem (para comérselo) y Giovanna Mezzogiorno, junto a artistas hispanos y mayormente colombianos. Allí se desgranan los 51 años, 9 meses y 4 días desde que Florentino vio por primera vez a Fermina, en un escenario mágico de Cartagena de Indias, con una iluminación magnífica y con algunas estridencias de Shakira, a quien se le encomendó la banda sonora. Como se escenifica en las finales del siglo XIX y principios del XX, la epidemia de cólera era una realidad tan grande que los “síntomas del amor se confunden con los de esta enfermedad”.

Tengo entendido, y si no me corregirá mi muy admirado Jorge Eduardo Ritter, que García Márquez no afloja muy fácilmente sus elaborados libros, porque es difícil que una película supere la magnificencia de la literatura, y que él abandonó su intención de hacer cine cuando se dio cuenta de lo recursivo del
lenguaje, cuando es magistralmente manejado como lo hace él. De sus títulos pocos han sido llevados al cine, todavía estamos esperando su obra maestra, Cien Años de Soledad. El Amor en los Tiempos del Cólera fue, junto a La Fiesta del Chivo, de las mejores películas que se presentaron el año pasado.
Ojalá que el autor se haya sentido tan contento como nos sentimos los que degustamos esa película.
La historia tiene cierta relación con la conocida Ligia Elena, canción de nuestro orgullo artístico, Rubén Blades. Florentino se enamora de Fermina y la corteja desde su adolescencia, pero las diferencias sociales los separan, por eso la espera por tanto tiempo. Y como siempre la esperanza es lo último
que se pierde, y tal cual dice Joaquín Sabina, Amores que matan nunca mueren, aquellos que aman siempre tienen esperanzas.

Toda esta larga perorata intelectual me lleva a contarles, a los seguidores
de las actividades de Rocco, mi perrito Schnauzer, sus últimas travesuras.
Aún cuando se porta bien, a veces se desespera cuando no tiene a alguien
cerca o pendiente de él. Recientemente tuve que ausentarme por unos días al
interior de la República y lo dejé con su nanita querida. Sin embargo, en
represalia a mi “abandono”, un buen día me llamó mi fiel asistente doméstica
para contarme que cuando llegó a la casa, en la mañana, después que yo me
había marchado, Rocco había sacado de mi precioso mueble giratorio antiguo
el libro numerado y firmado por el Gabo, y lo había atacado, tal como lo
hizo anteriormente con Sin tetas no hay paraíso. El lomo del libro, arriba y
abajo estaba mordisqueado y la lámina que recubre la cubierta dura
totalmente destruida. Más todavía, dentro de los libros guardo comentarios y
referencias, especialmente al momento de su presentación, y tenía un recorte de La Estrella de Panamá en la fecha de su lanzamiento, en diciembre de 1985, que se degustó completamente. Ahora me toca irme a la Biblioteca Nacional a sacar una fotocopia de ese valioso texto para reemplazar lo agenciado por mi perrito.

Con esto no pretendo apabullar a nadie alardeando sobre mis lecturas o preferencias intelectuales, solamente dando un ejemplo de cómo hasta una mascota puede contagiarse de temas culturales y tener discreción en escoger lo que cree es mejor para leer, mirar y estudiar. También para darnos cuenta de que, los gustos, cuando son bien orientados, pueden hacer que el individuo se supere tremendamente y cada día vaya ascendiendo en la categoría de escoger entre leer basura a estupendas obras.

La más grande amenaza

Leí durante la semana que hoy culmina un interesante artículo de Augusto S. Boyd, titulado: Un voto por la naturaleza y el desarrollo del país donde hace un llamado contundente a coadyudar entre todos a fin de detener la devastación y deforestación que se afinca cada vez más en la cultura del panameño. Su planteamiento es tan bien sustentado que me he pasado toda la semana viendo y recordando la riqueza natural que tiene Panamá, y el abuso que se está haciendo de ella.

En ocasión de un viaje de trabajo que hice a la provincia chiricana, donde los diferentes tonos de verde me hicieron pensar que era casi alucinógena la forma en que Dios nos dotó de tanta belleza, cavilo sobre lo que escribió Augusto en su artículo. Si bien nuestro país tiene abundantes recursos
naturales, hay regiones donde se está atentando contra la sostenibilidad de esos recursos y mucho más, se premia el abuso indiscriminado de esos mismos recursos que nos hacen ser un distintivo en la región latinoamericana.

Mucho se ha dicho que las “bushadas” son una máscara para esconder las verdaderas amenazas que enfrenta el mundo. Los verdaderos enemigos no son los supuestos terroristas que el tonto de la Casa Blanca ve hasta en el espejo (supongo que cuando se ve en él, sobre todo si lo que refleja es una
de las muchas caricaturas que le han hecho durante su catastrófica gestión).

La amenaza para este mundo y el que dejaremos a nuestros nietos es precisamente el no hacer buen uso de lo que nos ha brindado en forma pródiga la naturaleza, las fuentes de agua y la conjugación de una buena política ambientalista que tome en cuenta tanto el desarrollo como el beneficio de
todos los ciudadanos.

Vemos a diario cómo se acaban los bosques, cómo reemplazamos la naturaleza persiguiendo el supuesto modernismo que demanda cada vez más energía para seguir moviéndose y cómo, hasta los que deberían ser los vasos comunicantes de las ventajas de represar ríos, generar fuentes alternativas de energía y demostrar el beneficio que eso representa, son los primeros que se ponen del lado de los que desconocen que un desarrollo bien planificado y sostenible va a beneficiar a todos. Las autoridades premian a los que erigen sendos mamotretos que amenazan no solo el paisaje visual sino que permiten que el costo de la energía sea cada vez más alto y todo en nombre del desarrollo y
de un paisaje que impresiona a los superficiales, pero que ofende a los residentes que viven al lado, para quienes el progreso no llega, porque no tienen ni agua para tomar y mucho más un alcantarillado que los libre de posibles enfermedades.

Augusto menciona en su artículo que durante varias gestiones de gobierno ha estado llevando tanto a funcionarios como periodistas al área del lago Bayano, para mostrarles cómo el paisaje se vuelve cada día más desolador, por haberse talado, quemado y luego abandonado, miles de hectáreas que
pretendieron convertirse en potreros y que ahora lo único que florea es la paja canalera. Yo aporto a mis lectores que en 1999 el presidente Pérez Balladares y yo, junto a otras personas, inclusive de Ancón, sobrevolamos esas áreas, con el entonces recién llegado embajador estadounidense, Simón
Ferro. Se acercaba la transferencia del Canal y ya se había descartado la creación del centro antidrogas. Le propusimos al embajador Ferro que si Estados Unidos quería seguir brindando apoyo para la preservación de nuestra frontera con Colombia, nos ayudara en la conservación de los recursos
naturales que crean lo que pronto va a dejar de ser el tapón de Darién y nos suministrara tanto equipo de comunicaciones como logístico para que, además de controlar las actividades guerrilleras en esa área, nos garantizaría que los vastos recursos naturales no fueran depredados.

El resultado al final fue que los gringos se llevaron su base para Manta, Ecuador, donde entiendo que ya han sido invitados a retirarse y nuestro país quedó aún más expuesto a la devastación de esa área. Eso demuestra que el compromiso con nuestro país era puramente para servir los intereses de ellos
y, en la medida que se lo permitiéramos, seguir espiando a los vecinos para su único y propio beneficio.

No solo es imperativo tomar conciencia de que la amenaza del futuro va a ser la falta de agua, la contaminación y el encarecimiento de toda la cadena de valor que amarra la producción, impulsada mayormente por el combustible que cada día sube más, sino de que por el uso de fuentes de energía naturales y la adopción de un urbanismo verde, una arquitectura verde, que torne más frescos los ambientes donde se trabaja y vive (sin el uso del aire acondicionado), se debe desarrollar una actitud de conservación que tiene que empezar por la adopción de una cultura de poca contaminación auditiva y mucha riqueza visual, por medio del marco que nos llevó, en su momento, a creernos en serio que nos somos ‘Panamá La Verde’.