Si yo fuera pavo

Pese a ser medio arrepinchosa en cocinar pavo, no me refiero al ave que tradicionalmente comemos en Navidad, Año Nuevo o “Thanksgiving”, sino al asistente del conductor de los “diablos rojos”, que representa una amenaza para nuestra ciudad. Si yo fuera pavo, trataría de ser amable con los pasajeros, les instruiría sobre la ciudad, sería una guía turística, para que el traslado en esas máquinas de la muerte no se haga tan pesado.

Igualmente, si fuera conserje de un edificio, tendría mucho tiempo para leer, para ilustrarme de temas diversos y aprovecharía el estar sentado o parado como un poste en algo productivo, no sólo mirar al infinitum, sino hacerme más educado. Trataría de no fijarme tanto en la vida ajena de los condómines que tengo que atender y mucho menos revelaría sus idas y venidas, sus visitantes y vida privada. Si fuera escolta, o conductor de un PMI (persona muy importante), no me pasaría mirando el techo cuando no tengo nada que hacer (que es la mayor parte del tiempo), sino que leería todos los periódicos, libros y muchas otras publicaciones para estar enterada. Mucho menos sería infidente de las idas y venidas de mi jefe. Si fuera auxiliar de enfermería, también leería mientras atiendo a un paciente, que generalmente está dormido. Cuando he tenido intervenciones quirúrgicas las auxiliares que me atendieron caían en un sueño profundo apenas se sentaban en la butaca y empezaban a roncar, a tal punto que yo no podía dormir. Si fuera ama de casa o FM (felizmente mantenida, como la definiría Isabella Santodomingo) sería muy siútica, palabra muy usada en Bolivia y Chile, que significa ser una persona que presume de fina y elegante, o que procura imitar en sus costumbres o modales a las clases más elevadas de la sociedad. Haría ejercicios en la mañana, tomaría el café con mis amigas todos los días en el Deli Gourmet, me recorrería todas las tiendas de los malls y fuera de ellos, y estaría a la moda, no importa si no me sienta. Daría cátedra en cuanto a la vida de los ricos y famosos, viajaría cada vez que suena una lata en una tienda de NY o Miami. Y me metería en la iglesia para luego salir haciendo honor al dicho “a Dios rogando y con el mazo dando”. No me perdería un entierro ni una misa de novenario, o como se dice, entierro de paloma y bautizo de muñeca. Gastaría más gasolina en mis idas y venidas que en viajes al interior. Si fuera AM (asalariada de m…) entonces tendría que levantarme temprano, marcar tarjeta, y trabajar de 8 a 5, aunque no tenga nada que hacer. Manejaría mi casa por control remoto y si tuviera hijos chicos, también las tareas, o saldría como enloquecida a buscar todos los materiales necesarios para que mis hijos cumplieran con sus deberes.

Pero no soy nada de lo anterior. Soy una aficionada al trabajo, o como le dicen en inglés, “workaholic”. No tengo horario y me quedo muchas veces hasta la medianoche dándole al laburo. Escribo, leo, hago Sudoku, atiendo a mis seres queridos, voy a eventos culturales, políticos y diplomáticos, veo noticias desde temprano y las escucho todo el día, me preocupo por mis amistades, cuido a mi perrito, lo paseo y encima, se me ocurren unas ñamerías como hacer un “turkducken”, que es un pavo relleno de pato y éste relleno de pollo. Un proyecto inmenso que culminé durante estos pasados días patrios, que me demandó tanto tiempo que ya me di cuenta que mejor lo hago frito, más fácil y en menos tiempo.