Pensar en bilingüe

El autor
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Portada del libro
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Reseña “La Breve y Maravillosa Vida de Oscar Wao”

A mediados del año 2008, al concederse el prestigioso Premio Pulitzer, la sorpresa para muchos fue que recayó en la obra de un dominicano, Junot Díaz, que se constituyó en un bestseller del New York Times. Su nombre era tan cautivador como intrincado: The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, que se tradujo en español como “La Breve y Maravillosa Vida de Oscar Wao”.

Me enteré de este maravilloso libro a fines del año, durante un viaje a los Estados Unidos, gracias a un encargo que me hizo el poeta César Young Núñez. Cuando lo busqué en Internet, resultó que había sido publicado en inglés originalmente por lo que emprendí la tarea de sabueso hasta conseguirlo y, ahora, culminar su lectura. Fue una experiencia tan interesante que no quería que se acabara la saga de Oscar Wao, yendo y viniendo de un lado a otro, entendiendo el gran recurso que utiliza el autor mediante las notas a pie de página, el spanglish que no demerita ni a uno ni a otro idioma y la profunda introspección que hace de una época tan importante como el trujillato y sus más recordadas aberraciones: el asesinato de las hermanas Mirabal y la desmedida codicia y lascivia del personaje de la Fiesta del Chivo.

El escritor tiene 41 años y es dueño de un recursivo manejo del lenguaje literario que hizo pensar que estaba escrito en “Spanglish”.

Una vez acometido el acto heroico de leerla e investigar sobre sus “leitmotiv”, entiendo que no es así, que el uso magistral del español, el inglés y el slang dominicano se entreteje para ofrecernos no solamente el disfrute de leerlo, sino el aprendizaje de toda una cultura atávica que se cuece en las urbes estadounidenses donde residen los inmigrantes, y en las provincias olvidadas de la isla de Quisqueya.

El autor, que partió desde su nativa Santo Domingo a los seis años, con destino a Nueva Jersey, empieza induciéndonos a términos very dominicans, como fukú, que va a ser repetido durante el desarrollo de la novela. Este modismo responde a “la maldición que cualquiera puede lanzar contra aquellos que odia, de manera que los persiga y aniquile sin importar cuántos años le tome. Al igual que ocurre con el azar, el destino, las fuerzas de la historia o lo que llamamos intervención divina, el fukú puede saltar continentes y generaciones pero, a diferencia de semejantes potencias, sólo pretende hacer daño de manera implacable”.

La edición que yo leí, de 335 páginas de Penguin Books, combina las costumbres, la saga de los inmigrantes, la investigación histórica de una época que marcó para siempre la cultura de ese pueblo –como lo fue el gobierno de Rafael Leonidas Trujillo, el Chivo de Vargas Llosa y el “Jefe”, el Tigre del Caribe por más de 30 años en la isla que originalmente Cristóbal Colón llamó Hispanola –, sus más conocidas atrocidades y devaneos, narradas desde una óptica refrescante, relajada y hasta cómica, que te tiene atrapado al libro, subrayando cada frase célebre y cada ocurrencia de este dominicano inusual, que no es precisamente producto de la llamada diáspora, pero que no abandona sus raíces ancestrales.

Junot Díaz es un ex nerd al que el idioma inglés no le era fácil cuando aprendió a sobrevivir en su país de adopción, los Estados Unidos. Creó su personaje, Oscar Wao, luego de una rumba –según él mismo confiesa–, y agarró una copia de La importancia de llamarse Ernesto y se le grabó el nombre de su autor, Oscar Wilde. En su mente atiborrada en ese momento y traducido al dominicano lo que salió fue Óscar Wao. De allí en adelante Oscar se convierte en un buenazo gordinflón medio nerd, que sueña con todo: ser escritor, enamorarse, etc.

El profesor Díaz había publicado anteriormente un libro de cuentos con el nombre Drown y gozaba de una beca Guggenheim en México cuando le llegó la noticia del codiciado premio. Actualmente enseña la materia de escritura creativa en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Boston, De las entrevistas que concedió a raíz de su celebrado premio se destaca una concedida a EFE en Madrid, donde establece que la civilización actual necesita recuperar su humanidad para poder retomar el hábito de leer, por lo que reivindica un movimiento pro vida tranquila o ‘slow life’, similar al de la comida -‘slow food movement’-. Junot Díaz defiende que la lectura es algo “muy solitario” que pone al lector en contacto con “otro sistema nervioso y otra imaginación. La lectura es un ritmo muy humano, en la que te puedes pasar dos o tres horas manteniendo contacto con otro ser humano”.

A juicio de Díaz, esta novela fue traducida aparentemente de forma magistral al español, la razón por la que las editoriales publican cada vez menos libros es porque la gente “no está leyendo”, y en su momento invitó a los escritores a buscar formas alternativas como Internet para dar a conocer sus trabajos e intentar promocionarse para llegar a ser publicados.

“Es importante conectar con el público. Los escritores tienen que buscar lectores, aunque sea en una web, porque son ellos los que te dan la oportunidad de mejorar tu arte, y conseguir oportunidades de publicación”, dijo.

Sobre su estilo de escribir, ha dicho que lo que escribe “no es esa cosa desaliñada que llaman spanglish sino una especie de criollo, con palabras y expresiones intercaladas de español”. Hay quienes acometen su libro con diccionario en mano, pero la mayoría se deja arrastrar por el río caudaloso su prosa vivaz, moteada con expresiones al alcance del americano medio: “Then you will be mi negra bella”.

Junot Díaz cree que se le da demasiada importancia al “poder mítico” de la lengua, sea el inglés o en español. “La gente está obsesionada con el sueño del idioma puro como una cosa uniformadora”, admite. “Y ésa es una idea que fomentan mucho los políticos… Estados Unidos es el opuesto a España en el siglo XIV: los que tienen el poder hablan un idioma; los demás hablan, tú sabes, una lengua distinta” (entrevista concedida a Oscar Fresneda en Nueva York). “Los gringos quieren negar el español, lo perciben como una amenaza”, asegura Díaz, “pero lo cierto es que este país camina hacia el bilingüismo. Con el español pasa lo que nunca ha ocurrido aquí con otro idioma, que se va reforzando con la llegada de nuevos inmigrantes. Cada cinco o seis años viene aquí un nuevo ‘draw’, una extracción de dominicanos, y los mexicanos que no dejan de llegar, y los colombianos, los ecuatorianos, los argentinos…”

Para Junot Díaz, un nerd es una persona inteligente fascinada por el conocimiento científico y aislado de la sociedad. Dice que él fue uno hasta los 14 años, cuando se dio cuenta lo que se estaba perdiendo con las chicas. Es un gran aficionado al mundo del cómic y la literatura de género, y señala que el libro trata un aspecto autobiográfico que recrea las lecturas de su infancia, pero que a pesar de ello le requirió un esfuerzo importante de investigación y puesta al día.

En estos momentos, previos a la celebración de la gran fiesta cultural que es la Feria Internacional del Libro, es un momento ideal para volver a la lectura –aquellos que se han alejado, como Domplín*, que me lo confesó en su programa radial— y desvirtuar el paradigma que los únicos que leemos somos intelectuales (o nerds). Es una reivindicación de la literatura y por default, de algo tan cotidiano como la forma informal en la que hablamos.

*Domplín es un conocido radio comentarista y político panameño cuyo nombre verdadero es Andrés Vega.  Su programa se llama El Cañonero de Domplín y se transmite diariamente.

¿Es el medio el mensaje?

Mi último artículo tuvo muchas reacciones, favorables en su mayoría, porque es inaceptable para las personas de mentes (o sea, que tenemos criterio y discernimos qué es lo bueno y qué lo malo y sobre todo, qué es lo que enseñará al resto de las personas valores suficientes para elevar el nivel cultural de la población) que se utilice como mensaje un episodio enmarcado en un banal concurso de belleza donde nuestra representante quedó muy mal.

Uno de esos comentarios sobre mi artículo me señalaba que tal parecía que los promotores del Atlas Mundial Ilustrado —y ahora más recientemente Nissan— entendían en forma bastante retrógrada que pretendiendo querer lavarle la cara (o sacarle la pata) a la confusa joven, estaban enmendando el error y dándole valor agregado a sus desaciertos. Nada más alejado de la realidad y de su responsabilidad como enaltecedores de la cultura.

Fue el educador y filósofo canadiense, Marshal McLuhan quien sentenció que el medio era el mensaje, así como acuñó el término “aldea global” para describir la interconexión humana a escala global generada por los medios de comunicación apenas en el siglo XX. Según su óptica, somos lo que vemos y formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman. Bajo estos parámetros, el arrobamiento que se tiene por la señorita Cozarelli como insignia de conocimiento o estupidez es consecuencia que queremos reflejarnos en la ignorancia, porque al voltear su desatinado desconcierto cultural en una especie de rescate del conocimiento, damos poco valor a la forma en cómo se está educando a nuestro pueblo. McLuhan se adelantó a su tiempo en el estudio de los medios. Advirtió, en la década de los 60, al redefinir los conceptos medio y mensaje, que la era de la televisión iba a reemplazar la cultura del libro, reconociéndole su enorme poder. En el caso que nos ocupa, la intervención de la chica, al ser interrogada durante el concurso, llegó a todo el mundo y por medio del youtube , éste le dio la vuelta al mundo en forma de burla hacia la mujer panameña.

Sin querer volverme muy exquisita, a donde quiero llegar es a establecer hasta qué punto la creatividad publicitaria ha llegado a un punto tan bajo (o tan alto, según se mire) en que pretender enmendar un entuerto con una campaña con poco sustento y menos credibilidad, perjudica no solo al mensajero, sino al mensaje y al medio: el anunciante queda en evidencia como uno a quien no le importa en lo absoluto con el público, mucho menos la ética con la que debe enfocar sus mensajes y hace público su desprecio por inclusive, la mensajera, porque su actuación no solo es patética, sino a todas luces desacreditadora de su intelecto y ponderación de sus atributos físicos.

Los padres, sin discriminar padre y madre, hasta cierto punto en la vida, son los llamados a orientar a los hijos y no mirar que la confusión de ellos sea motivo para la explotación de sus debilidades, más si son intelectuales. Deben estar atentos a cuando el contenido se convierte en ilusión o visión, porque a veces el mismo se esconde tras una máscara, que modifica el medio (lo mediatiza). Esto es lo que lamentablemente ha sucedido en este caso que tanto escozor nos ha causado, pero que defienden a capa y espada tanto publicistas como los mismos medios por la cacareada libertad de expresión, de la que ellos tienen una representación que usan a su antojo con quien quieren.