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MARIELA SAGEL

Hoy viernes, 12 de febrero, el presidente Ricardo Martinelli deberá designar tres nuevas personas ante la Junta Directiva de la Autoridad del Canal dePanamá, ya que se vencen los periodos de Mario Galindo, Guillermo Quijano y Antonio Domínguez, quienes gozan de amplia reputación como

Detonación realizada el día que se iniciaron los trabajos de ampliación
Detonación realizada el día que se iniciaron los trabajos de ampliación

profesionales probos y que fueron bastiones importantes durante la consulta que se realizó sobre la ampliación en el año 2007. Al momento, no suena ni un nombre que no sea parte de su congregación de adeptos. Y tal como lo expuso sabiamente el mismo Dr. Galindo, la independencia o separación depoderes se debe dar entre los órganos de control: Contraloría, Corte Suprema y Ministerio Público, y estas tres instituciones han sido recientemente asaltadas a mano armada por el Ejecutivo, al imponerse allí personas que no son idóneas para ejercer cargos de magistrados, tienen vínculos muy personales para ser contralora y la suspensión arbitraria de la procuradora Gómez, poniendo en su reemplazo a una persona que ni siquiera era parte dela institución, como exige la ley.

La ACP le llega ahora en bandeja de plata, como un trofeo gratuito, y encima, al imponer a quien quiera, no tendrá que violentar ningún procedimiento. Es la única institución casi libre —hasta hoy— de corruptelas y manos peludas de los políticos. Se encuentra comprometida con todos los panameños y es ante los ojos del mundo un modelo irrepetible. Es nuestra fachada que respalda la globalización y el comercio mundial, especialmente ahora en su proceso de ampliación. Si los panameños le permitimos al Presidente repetir en la ACP el antojadizo desenfreno que ha seguido con los otros nombramientos de su cuestionado gobierno, empezará la contaminación de nuestro modelo institucional, el desandar del prestigio ganado ante los ojos del mundo y la desmoralización laboral del recurso humano de la ACP.

No es posible que no existan panameños profesionales probos que puedan ser designados ante esa Junta Directiva que no sean un factor de cuestionamiento por parte de la sociedad. Eminencias como Fernando Aramburú en economía, Moisés Castillo o René Orillac en ingeniería, Stanley Heckadon por la parte ambiental o mujeres como Ana Elena Porras, antropóloga reconocida, serían personas que aportarían con su experiencia ante el difícil reto que enfrentamos todos. No creo que esa Junta Directiva necesite a un publicista para funcionar mejor.

Preocupémonos ahora y asumamos nuestro compromiso social, porque también nosotros podemos ser arrastrados más allá del punto de no retorno al que nos arrastran los gobernantes fantasiosos. Es fácil asumir una postura de no preocupación, descalificando las advertencias al catalogarlas de exageradas. Esas defensas son parte de la locura común, la misma que lleva a la Presidencia a muchos engreídos y que después no indemniza ningún lamento tardío.