“No son todos los que estamos”

Mariela Sagel
La Estrella de Panamá, 16 de Mayo 2010

Desde enero del año 2008 inicié esta columna semanal, la que he publicado ininterrumpidamente todos los domingos en este periódico, que me invitó gentilmente a colaborar en él. Me siento muy comprometida tanto con los directivos del medio como con mis lectores, la mayoría de los cuales hasta me reclaman si no compran el diario y yo no les mando la misma por mi amplia red de distribución de correo electrónico.

Quiero destacar los que no fallan en emitir una opinión sobre cada uno de los temas, lo que agradezco infinitamente y aunque puede que deje a alguien por fuera, ellos saben que recíproco cada comentario, a favor o en contra, siempre que se haga con respeto y no en el anonimato que escogen algunas mentes retorcidas que siembran comentarios en la sección correspondiente escudándose bajo falsas identidades.

Agradezco al presidente de mi fan de lectores, Spiros Vamvas, que se disputa este puesto con Mario Fábrega Arosemena y Eduardo Pazmiño. No puedo dejar de mencionar a Fernando Arias Chiari, Juan Samaniego, mi hija Adriana Méndez, Claudia Ferrer de Moreno y los amigos de mi madre, Carlos y Enilda Díaz, Publio y Thelma Vásquez, así como Rodolfo Echevarrieta y Juan Urquijo, que en la parte del mundo donde estén, me leen. Tampoco puedo dejar por fuera a Ernesto y Dora Pérez Balladares, Fernando Aramburú Porras y Eudoro Jaén, Rodrigo Burgos y Guillermo Antonio Adames, Dorita y Rubén Reyna, Dania de Troyano, Juan Carlos Navarro, Tony Domínguez y aquellos silenciosos lectores que no opinan, pero que sí me demandan que les envíe el artículo puntualmente, como Erika Nota y Elvira Terán. En mi infinita ignorancia cometo errores, y siempre me son señalados por Ana Matilde Gómez y Juan Ramón Vallarino y hasta mis amigos, Saky Kosmas y Noel Riande, tan poco asiduos a emitir opiniones, porque son de los de mi cofradía, de vez en cuando me los comentan.

Y explico lo de mi cofradía: Yo no doy explicaciones, porque mis amigos no las necesitan y mis enemigos no las van a creer. Así las cosas, no quiero dejar de resaltar los que no me escriben, pero que cuando me ven me lo expresan y con entusiasmo, como Stanley Muschett y Fernán Molinos y otros muchos más que no cabría el limitado espacio de esta columna para agradecerles sus atinados comentarios. Domplín, Álvaro Alvarado, Fernando Correa y otros comentaristas de peso, que a veces hasta leen el artículo en sus programas de radio y televisión, lo que me honra y les agradezco.

Debo resaltar la labor especialísima de la editora de opinión, Doris Hubbard-Castillo, que con paciencia y conocimiento de causa lidia conmigo y el resto de los columnistas, que a veces podemos ser muy necios e insoportables, esperando que si se vuelve a ir de “ vaca ” nos deje a alguien que entienda la importancia del trato y la impresión del diario al final.

Y sobre todo, a Ebrahim Asvat y Abdul Waked, que me invitaron a colaborar en ese medio a través de una carta firmada por ambos, enviada a mi residencia.

Hoy, celebramos el XI Censo Nacional de Población y el VII de Vivienda y existen muchas expectativas sobre los mismos. Nos es obligatorio conocer sus resultados y, sobre todo, que los mismos nos sean de gran utilidad en proyecciones y estudios que requieren el entender las tendencias de crecimiento que marca la población y los lineamientos y patrones que se siguen.

Escuchaba recientemente a una persona versada en la materia que hay muy pocos centros de estudios para la gran cantidad de población por educar a la que nos estaremos enfrentando. Y, en una charla magnífica a la que asistí, con motivo del lanzamiento del proyecto “ la cultura como herramienta para el desarrollo ”, por parte de la Organización de Estados Iberoamericanos y la Universidad Tecnológica, entre otros, adopto los señalamientos de los excelentes panelistas que disertaron esa noche: que la cultura es generadora de utopías.

Yo adopto mis columnas de opinión, en este diario y en los espacios que me invitan, como vehículos para despertar esa cultura. Ojalá que el censo permita ver cuánto hemos crecido en ese rubro y no solo si tenemos o no teléfono celular.