Una marcha por la paz

MARIELA SAGEL*
La Estrela de Panamá
23 de Mayo de 2010

Quizás cuando muchos lean este artículo ya haya pasado la gran marcha por la paz que se ha convocado para el día de hoy. Supongo que la idea de hacer algo masivo surgió después de la celebración de eventos similares que se han llevado a cabo en otros países, como fueron los dos conciertos que ha organizado Juanes, uno en la frontera entre Colombia y Venezuela y otro, más recientemente, en La Habana, donde estuvo una gran cantidad de artistas que estremecieron con sus voces al mundo, por lo menos a los que nos preocupamos por esos temas. Esta iniciativa es loable, en cuanto que surge sin pretensiones mediáticas ni figuras de farándula que reclamen un clima pacífico para nuestro país.

Entiendo que los organizadores del evento son grupos de la sociedad civil, que se han unido para crear una Gran Alianza por la Seguridad Ciudadana en una gran Cruzada por la Paz en nuestro país, y que cuando lanzaron esta idea crearon en sus inicios un enfrentamiento de competencia entre los dos grupos televisivos más poderosos del país, los que al final se pusieron de acuerdo para que, a través de sus señales, se transmita el acto, en el cual se prohíbe que se exhiban banderas o insignias de ningún partido ni se pretenda convertir esta marcha en un cabildo de exigencias, como pasó con la reunión que sostuvo el presidente Martinelli la semana pasada, con la tan mentada sociedad civil, donde no faltó ni la asociación de ralladores de coco.

La paz que reclama la sociedad panameña es la de tener la garantía de una ciudad y un país seguro, que se erradique de una vez por todas el temor que todos tenemos de salir y ser víctimas de asaltos, robos, secuestros y aún más, caer en medio de un fuego cruzado entre bandas de jóvenes que han sido seducidos y reclutados por uno u otro cartel de la droga, que han encontrado en nuestro suelo un terreno fértil para disputarse el liderazgo de su mortal negocio, llenando de luto y dolor a muchas familias panameñas.

La paz que queremos los panameños es la de no estar expuestos a las rivalidades políticas que se dan, aún entre los propios miembros de un mismo colectivo o una alianza política, donde se vierten acusaciones a diestra y siniestra como revancha por cualquier acto que un funcionario de gobierno ejerza desde su alta investidura.

La paz que anhelamos los panameños es poder expresarnos sin cortapisas ni censuras, ni amenazas y que nuestro derecho a expresarnos sea igualmente respetado y si surgen divergencias, las mismas sean ventiladas dentro de la altura y civismo que exige una cultura civilizada y no mediante amenazas y mensajes electrónicos o estridencias de radiocomentaristas desfasados, que en aras de desmeritar lo que uno expone, desacreditan a la persona, practicando a estas alturas la táctica de matar el mensaje matando al mensajero.

La paz a la que todos tenemos derecho es la que cantan los poetas y los cantautores, los quiméricos y los grandes pensadores.

Una cultura de paz debe empezar con un cambio de actitud. Leía hace un par de días un ensayo del gran uruguayo Eduardo Galeano, donde citaba al criminólogo Anthony Platt, quien ha observado que los delitos de la calle no son solo fruto de la pobreza extrema, sino fruto de la ética individualista.

Esa ética que a veces vemos que no existe entre nuestro compatriotas y muchos menos entre nuestros gobernantes.

Ojalá que esta gran cruzada que se manifiesta hoy por la paz sea el inicio de muchas acciones que nos lleven a cambiar actitudes negativas por positivas y a buscar el bien de muchos, no sacando ventajas solo para unos pocos.