El reino de la incultura

MARIELA SAGEL 

 marielasagel@gmail.com 

El Siglo, 13 de septiembre de 2010

 

Hace unos días Pedrito Altamiranda publicó un excelente artículo en La Estrella sobre el ‘runchismo’, que es el ‘ismo’ más prevaleciente del istmo donde vivimos.

Daba mucha risa el artículo y era totalmente acertado. Pero como muchas veces las verdades duelen, también es desalentador darnos cuenta que nuestro Panamá está muy lejos de ir camino a ser mejores y más cultos, por más rascacielos que se construyan o grados de inversión que se consigan. Recientemente nos señalaron como el segundo país más interesante donde invertir, después de Chile, pero con la observación que aún debemos hacer mucho en la educación.

Los primeros que deben dar el ejemplo de una buena educación, una cultura aceptable y sobre todo, un autocontrol en caso de una incontinencia verbal, son las figuras públicas. El ciudadano común y corriente tiende a emular a sus gobernantes, a los presentadores de televisión, inclusive hasta a Casimiro lo imitan. El fenómeno mediático solamente hay que verlo en el éxito que tiene un ministro que ni se le oye la voz, pero como sale en un programa de televisión y en un par de comerciales de ropa para hombres, es el más popular del gabinete. Por suerte, ese ministro no anda con la camisa por fuera, como sí lo hace el Presidente.

Otra tendencia peligrosa que se repite, en algunos casos con más agudeza dependiendo del grado de megalomanía que se tenga –y si existe una tendencia al autoritarismo es peor— es la de irse de bruces con la lengua. Actitudes así nos pueden meter a todos los que habitamos este runcho istmo en serios problemas. Las desafortunadas declaraciones de guerra que emitiera recientemente el Ministro de Seguridad son apenas la punta del iceberg de lo que son capaces estos tongos ‘wanabe’.

Hace unos años, cuando el entonces ministro Delgado Diamante convocó a todas las personas que en algún momento tuvimos que ver algo con la seguridad del país, a reuniones y consideraciones sobre los Decretos de Seguridad que en ese entonces se iban a pasar, no recuerdo que el actual Ministro de Seguridad fuera precisamente benevolente hacia esas leyes, que hoy son chicha de piña ante la magnitud del zaperoco en que estamos metidos en la frontera con Colombia.

Y tal parece que el que lo provocó a emitir tan temerarias declaraciones fue el Dr. Asvat. ¿Será que adquirió su libro Bitácora del Presidente?

Cultura y políticas públicas

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 12 de Septiembre de 2010 

Dentro del programa I +D Cultura, que lleva a cabo la Universidad Tecnológica con el auspicio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), se verificó la charla sobre Sistemas de Información Cultural y Políticas Públicas. Las oradoras, de Colombia y México respectivamente, expusieron las experiencias que en uno y otro país ha tenido el tema cultura como motor de desarrollo y el hilo conductor que debe existir entre la promoción cultural y la turística.

Se partió desde la base que la cultura es una herramienta de paz y ha servido, a través de su ejercicio, para recuperar comunidades que estaban sumidas en la violencia, especialmente en países que están condicionadas por ella, como es el caso de Colombia. La facilitadora del tema enumeró cómo se había llevado a cabo el plan decenal en ese país y todo lo que se había avanzado, pero, a la larga, el fallo estuvo en que no se diseñaron parámetros que midieran o evaluaran su efectividad.

En México, por el contrario, sin existir tal planificación, abundan los indicadores y ese país ha sido líder en políticas culturales, primordialmente porque ha respetado la variopinta diversidad de corrientes y manifestaciones y eso le ha servido para proyectarse hacia el extranjero. Donde uno menos espera se encuentra con un conjunto de mariachis, con una margarita o una taquería, no solo en el país al Norte del Río Grande, donde se piensa que se van todos los ‘güeys’.

Fue muy interesante conocer de viva voz cómo, al querer medir las entradas que provenían de las manifestaciones culturales —tal como se hacía con el turismo, que es una verdadera industria en México— los primeros que se opusieron a esas mediciones fueron las autoridades turísticas, precisamente porque sentían que se le podía quitar a este rubro el presupuesto del que había gozado. Y no hay que ser un genio para darse cuenta que el atractivo turístico mexicano está mayormente basado en, precisamente, las expresiones culturales.

Es muy importante volver a recalcar la importancia que tiene la cultura como arma política. Si esto lo entendieran nuestros artistas lo utilizarían de forma más estratégica y si así lo hicieran los políticos, entenderían mucho mejor al país. Hasta ahora, ese escenario no se ha visto reflejado en nuestro patio, se hizo un intento en la época de Omar Torrijos, pero la dinámica del resto de los gobiernos ha sido imponer a todo trapo el país de plástico.

El tema toma relevancia cada día más, especialmente porque ahora nos enteramos que después que malgastamos millones de dólares en crear una supuesta imagen de país, que no terminó de hacer el cantante—ministro, el actual gobierno tira por la borda todo el inventario y esfuerzo que se ha hecho y se trae al creador de la imagen de Colombia, a un costo elevadísimo.

¿Cuándo vamos a entender que el aceptar como bueno lo hecho por una gestión anterior no demerita en lo más mínimo los logros que alcance una administración posterior? Al fin y al cabo, siempre se van a abrogar los méritos ajenos o como se dice, se pretende tumbar las puertas del cielo con indulgencias ajenas.

Esta serie de conferencias que se dan cita todos los meses, por parte de quienes vienen a impartir las clases del diplomado de cultura y desarrollo para capacitar a gestores culturales, son un oasis en medio de la triste realidad que nos toca vivir a diario. Somos un país, con un canal, que hasta permite que se obvie por razones políticas la celebración de la fecha en que fueron firmados los tratados que marcaron un hito histórico para el continente y para el mundo y que nos devolvieron lo que es hoy en día el activo y la empresa más importante de la nación, para que lo manejáramos los panameños.

Hace falta un diálogo cultural y más participación de todos los actores de la sociedad para que no se siga permitiendo a los que tienen incontinencia verbal que nos mal representen o metiendo en problemas. Siempre hay mucho por hacer, y esa responsabilidad nos toca a todos, partiendo desde el punto de vista cultural y docente.