Peleando por el puesto

2 de agosto de 2010

Parece que el señor Alcalde capitalino no acierta una. La semana pasada se formó tal enredo con el tinglado que montó con unos niños que iban a boxear para poder hacerse de una beca, que no ha quedado nadie que se respete que haya opinado en contra de tal despropósito. La mejor explicación que escuché provino de quien ha dedicado su vida al boxeo, Juan Carlos Tapia, que señaló los graves problemas que golpes a una temprana edad pueden ocasionarle a un menor y los límites de edad que se aceptan mundialmente para que los futuros campeones empiecen a iniciarse en ese deporte.

No se ha vuelto a escuchar más nada de su separación del cargo y, como todo en Panamá, se inician las acciones y luego se quedan a medio camino. El presidente le ha dicho al alcalde que se dedique a la jardinería, pero ni por orgullo ni por falta de apoyo del partido que en mala hora lo postuló, el señor Vallarino asume una postura digna y pone su cargo a disposición. Y lo peor de todo es que cada vez que abre la boca, se echa más la soga al cuello. Creo que sí logrará un Guinness, sería el de querer aferrarse a un puesto.

También, durante la semana pasada, la comisión de reformas electorales informó cuáles fueron los montos que invirtieron en las pasadas elecciones los candidatos a presidente y las cifran son de espanto. La alianza de los locos se fumigó casi 19 millones de dólares y la de BH09 un total de 8 millones, versus la del señor Endara, que solamente utilizó 20 mil dólares. Si hacemos un poco de matemáticas vemos que si cada partido solamente recibió $1.6 millones de subsidio (lo que es mucho para un país con tantas desigualdades como Panamá) y el resto provino de contribuciones privadas -las de Ricardo Martinelli ascendieron a 20 millones- no hay que ser Baldor para deducir que el que invirtió lo hizo para sacarle rédito a su dinero, y con creces.

Es necesario que se ponga un tope a esta danza de millones y se respete al pueblo panameño que al final lo que espera es un mejor gobierno y funcionarios que sean eficientes y no respondan a los intereses de los que los pusieron allí, no por los votos, sino por las donaciones que les prodigaron.