Tareas importantes

30 de Agosto de 2010

Se dice usualmente que las personas tendemos a no ser eficientes porque hacemos generalmente las cosas urgentes, relegando a segundo plano las tareas importantes. Esto pasa en todos los ámbitos, pero en el manejo general de los desempeños como profesionales a veces se hace más evidente, perjudicando la mayoría de las veces lo que beneficia a los demás, buscando solamente lo que nos beneficia a nosotros.

Este comportamiento se hace más evidente cuando se ejerce un cargo público. Pongamos el caso de la Torre Financiera que se pretende erigir en el terreno que ocupaba la Embajada de Estados Unidos en la Avenida Balboa. ¿Creen los lectores que se hace urgente construir allí el rascacielos más alto de América Latina cuando existen tantas prioridades que tiene el gobierno por solucionar en el campo de salud, educación, seguridad y tantos otros –derogar la ley chorizo, por ejemplo–?

Este edificio se dice que ocupará tanto oficinas gubernamentales –Ministerio de Economía y todas las dependencias afines a él, supongo— así como también se ofrecerá como una valiosa propiedad para venta de bienes raíces. Encuentro incongruente el planteamiento toda vez que el Estado, generalmente, no es el mejor administrador de propiedades y los funcionarios públicos no se caracterizan por cuidar con esmero los ambientes donde desarrollan su trabajo. Tampoco la burocracia, que es inherente a la función de gobierno ayuda para efectuar una reparación o una simple función de mantenimiento se tienen que gestionar tantas autorizaciones o firmas que es usual que se espere a que un ascensor se dañe, que un cielorraso se caiga o un aire acondicionado deje de funcionar, para solicitar, con urgencia notoria, se proceda a repararlo o reemplazarlo.

La ciudad de Panamá creció en forma desordenada y anárquica, producto desde sus inicios a la presencia y limitaciones de la existencia de la Zona del Canal. No hubo un trazado con visión que previera el crecimiento que hoy se experimenta. La Embajada Americana quedó en forma estratégica al lado de la gran obra de Belisario Porras, el Hospital Santo Tomás, el elefante blanco como se le llamó en su momento, con el frente hacia el mar. La silueta de los edificios de Punta Paitilla y Punta Pacífica se ha ido puliendo en los últimos años ajena a una sesuda planificación urbana. Tratemos de conservar nuestra historia, destinando este vetusto edificio a un uso más adecuado que sirva a toda la población.

Se quiere emular a los rascacielos de otras capitales