Entre Chile y Panamá

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 25 de Octubre de 2010

WASHINGTON, D. C . Para muchos ha sido motivo de atención el rescate prodigioso que realizó el gobierno chileno recientemente, de 33 mineros que habían sido sepultados a una distancia equivalente a 250 pisos bajo tierra por 70 días, y que salieron uno tras otro en una operación donde participaron decididamente, no solamente el gobierno de ese país, sino corporaciones y entidades que pusieron lo que la dueña de la mina, declarada sospechosamente en bancarrota unos días después del derrumbe, no hubiera puesto jamás. A pesar de lo equilibrado de la intervención del presidente y otras figuras públicas, quedó al descubierto que las condiciones de algunos trabajadores, aún en un país que es considerado el más avanzado en América Latina, dejan mucho que desear.

Posterior a ese rescate presenciado con atención por millones de personas en directo desde el mismo escenario donde se llevaba a cabo, salen ciertos paralelismos que me gustaría tocar en este espacio, y que tienen que ver con el liderazgo, la comunicación humana y la solidaridad. ¿Cuántas personas hoy día, en un mismo gremio, partido o grupo se disputan un protagonismo que no se les da con el puesto ni la posición, sino que se lo ofrecen sus actuaciones? ¿Cuántos no vemos cómo esas mismas disputas llegan a perjudicar al mismo colectivo, quizá bajo la premisa que si me jodo yo, también se jode todo el mundo, más cuando es todo un país?

Para muestra un botón: lo que recientemente aconteció en las federaciones de deportes que por sus peleas intestinas privarán a Panamá de ser sede de los juegos bolivarianos. La mezquindad y la maldad son sinónimos de egoísmo y, no nos basta con ver ejemplos de cómo elevarse por encima de la propia envidia y falta de auto estima para comprender que haciéndonos daño se lo hacemos a todos.

Lo vivido en el país del sur debe enseñarnos a ser solidarios y mirar todos en una misma dirección. A dejar a un lado las agendas personales y buscar las del colectivo.

Bien lo resumió el famoso escritor chileno, Antonio Skármeta, en un diario mexicano: “Lo que pasó con los mineros rescatados es tan luminoso que da una señal de esperanza, un llamado de cómo debiera ser el mundo. Hay millones de seres que están metafóricamente enterrados y esperan recibir ayuda, solidaridad. Hay una bondad innata en el ser humano que está sepultada por la globalización”.