Características y prioridades de género

MARIELA SAGEL*

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 7 de Octubre de 2010

Por años las mujeres hemos cargado con el estigma que nos alocamos en un centro comercial, en una tienda, y que tenemos más ropa y accesorios que los que podemos usar. Esto puede ser verdad en aquellas que dejan su cuero en los ‘malls’ o para quienes el comprar, sean carteras, ropa o zapatos son, como en alguna ocasión escribió Pilar Calderón en la revista SoHo, los orgasmo que les son esquivos. Otro paradigma que se asocia con el ser mujer es que hacemos las cosas mal.

En el caso del género masculino, lo que está asociado con su masculinidad en términos de consumismo es el poseer un auto que vaya de acuerdo a su status social. He llegado a escuchar que para algunos, tener un carro o comprar una marca determinada es casi como una extensión de su miembro viril, es decir, una representación fálica de lo que es o cómo quieren que los demás los perciban. El cambiar de auto una y otra vez, para los pudientes, es casi un vicio, siendo esto no una inversión sino un gasto, toda vez que los automóviles, al minuto que salen a la calle, pierden automáticamente un 20% de su valor.

Si bien para las mujeres es muy importante el bienestar de la familia y la mayoría antepone sus deseos a los de los miembros de ésta, algunas veces no pasa así. ¿Cuántas personas se tiran el closet encima para salir, andan con el último grito de la moda —no importa cuánto cueste ni lo bien que les quede—, pero sus casas deslucen, los grifos de sus baños gotean, y los muebles tienen polillas? Dicen los expertos que uno conoce a las personas y sus prioridades si cuando visitan sus casas se fijan cómo tienen los baños y la cocina. ¿Pero qué tal si algunas personas nunca invitan a sus casas y no sabemos claramente cuáles son sus prioridades en la vida?

En el campo laboral, todavía no hemos superado ni en Panamá, ni en países industrializados, los comentarios sexistas que son frecuentes en las juntas ejecutivas. Es usual escuchar cosas como ‘se fue temprano porque tenía que atender su casa’, refiriéndose a una secretaria, o los todavía más sangrones que le atribuyen a las esposas de los jefes las peores prácticas, algunas veces muy despectivas. Las que presenciamos este tipo de actitudes generalmente protestamos, pero igual, parece que es inherente en la cultura.

Todas estas digresiones vienen a colación porque recientemente estuve en una charla de dos de los más cercanos colaboradores de Michelle Bachelet y a ellos les pregunté si el hecho de haber tenido una mujer presidente había mejorado la participación de la mujer en el campo político y el laboral en Chile, país donde el machismo está muy arraigado. La respuesta de ambos fue que ascendió la participación en el campo laboral de las chilenas un 40%, pero no se conoce que haya variado la política, lo que es una lástima, porque la señora hizo un buen gobierno y enfrentó muchos retos de los que salió airosa.

También las traigo al papel porque me estoy terminando de leer el último libro de Gioconda Belli, la autora nicaragüense irreverente por excelencia, titulado El País de las Mujeres y, detalles más o menos, se trata de un país donde triunfó un partido liderado por mujeres, las que conformaron un gobierno solo de mujeres: mandaron a los hombres a encargarse de las casas, de los hijos y voltearon a todo el mundo al revés. Además, el partido se llama de la Izquierda Erótica, y en chanza les dicen a sus militantes, las ‘eróticas’.

Y finalmente, por el reciente triunfo que obtuvo la señora Dilma Rousseff en Brasil, el país más grande de América Latina, quien se convirtió en la primera mujer que asciende a ese puesto. Tal como ocurre con Laura Chinchilla en Costa Rica, tiene la sombra protectora del presidente saliente tras de sí y ya he escuchado a algunos ticos sentirse decepcionados de que la presidenta sea un títere de Oscar Arias. Veremos cómo le va a Cristina sin la presencia de su amado Néstor, pero de que las mujeres tenemos la capacidad, la tenemos. El asunto es atrevernos.