El genio de Rockwell

Portadas de las revistas que Rockwell ilustró‘Contando historias’

Facetas, La Estrella de Panamá, 21 de Noviembre de 2010

MARIELA SAGEL

Uno de los cuadros de la exposición

marielasagel@gmail.com

Norman Rockwell fue un pintor, ilustrador y fotógrafo estadounidense que, aunque no llegó a conocerse como un gran maestro de la plástica a quien los coleccionistas correteaban, tuvo una prolífica vida y producción artística, con una constante: además del humor y la precisión en el dibujo, en sus ilustraciones siempre abogó por las causas justas. Actualmente, en el Museo de Arte Americano del conglomerado del Smithsonian, en Washington, D.C. (Smithsonian American Art Museum, hasta el 2 de Enero de 2011) se muestran unas cincuenta y siete obras, algunas son bocetos de pinturas más grandes –o más pequeñas— que son parte de las colecciones personales de los cineastas George Lucas y Steven Spielberg, titulada ‘Telling Stories’(Contando Historias).

DATOS BIOGRÁFICOS

Rockwell nació en Nueva York y tuvo una infancia relativamente feliz. Con un ojo acucioso recreó en sus dibujos todos los paseos que llevó a cabo en compañía de su familia. Desde pequeño se inclinó por la ilustración e ingresó a escuelas que lo orientaron acertadamente para mejorar su destreza. Con menos de 20 años ingresó al afamado Art Students League de la ciudad de Nueva York donde mejoró sus conocimientos de anatomía e ilustración. La primera revista que ilustró, en su portada, fue el Saturday Evening Post, dedicada a la actualidad y las actividades sociales. Allí trabajó hasta 1963, casi 40 años.

Norman Rockwell nos sorprende aún hoy, por la precisión de su dibujo, por la picardía que muestran sus personajes, especialmente cuando representa a niños, y por las escenas cotidianas que con su pluma se subliman. No escaparon a su escrutadora mirada los conflictos tanto políticos como raciales que se dieron durante el ejercicio de su profesión: la II Guerra Mundial, la segregación de los negros, la libertad de expresión y la de culto y los valores de la familia, como son los que la reúnen una vez al año para celebrar el día de Acción de Gracias. Es de resaltar el tratamiento que, en sus obras, tienen las escenas picarescas de los niños, la observación a los derechos humanos, su religiosidad y el respeto a las razas.

LA MUESTRA

En esta exposición, que reúne lo que primero con esfuerzo y después, cuando ya entraron en bonanza, adquirieron los dos cineastas que se propusieron coleccionar las obras de Rockwell, hay una secuencia elegante y muy explicativa sobre cada una de las obras. Me llamó la atención una en la que en el boceto aparece una niña con una revista cuya portada es la imagen de Jackeline Kennedy y en el cuadro final, no está, puesto que era ya primera dama cuando se publicó o se mostró (First trip to the beauty shop). Además del adorable gesto que muestra la niña que es llevada por vez primera a la peluquería, la exquisitez que muestra el peinado y el resto del entorno conmueven. Sean o no portadas para una revista, sus ilustraciones, que se convirtieron en sendos cuadros, están llenos de todas las emociones que trata de transmitir: ternura, honor, sorpresa, soledad y muchas otras, como el amor de la maestra en Happy Birthday Miss Jones (pintado en 1956) o la sorpresa que manifiesta la elegante dama que visita un despacho y ve al fondo a un limpiador de ventanas (Window Washer).

Como parte de la exposición, exhibida de forma magistral y cuidadosa, presentan un video de 12 minutos donde ambos coleccionistas (Lucas y Spielberg) dan su testimonio de por qué fueron siempre, como cineastas, seguidores de un ilustrador tan virtuoso como Rockwell. Al principio compraban reproducciones pero después fueron adquiriendo una a una las obras que prestaron para la exposición que tuve la oportunidad de ver.

Viene a colación todo este tema toda vez que acabo de culminar un curso impartido por Daniel Domínguez sobre cine y reforcé mis conocimientos de cómo la ilustración precedió a la toma cinematográfica. Rockwell no solamente fue un gran ilustrador realista, de una excelencia preciosista, sino hasta cierto punto un expresionista burlón de la realidad y las costumbres. Un crítico mordaz y un inconformista. Pero dentro de la elegancia y el caché que le daba salir semanalmente en la portada de una revista de actualidad y sociedad.

“Boom” y las políticas de empresas

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 15 de Noviembre de 2010

El viernes 12 de Noviembre fue el estreno de la obra BOOM O LOS VICARIANTES DEL 18, en el Teatro La Quadra. Como todas las propuestas de mi sobrino y ahijado Arturo Manuel (otra oveja negra de la familia, junto conmigo) es agresiva, contestataria y atrevida. Y no es la primera, viene a ser como la novena que en dos años ha cosechado este joven dramaturgo.

La obra se burla del boom que experimenta esta ciudad, con sus edificios con nombres anglófonos, la calidad de los servicios que brindan las empresas de servicios públicos, la pésima atención en las instituciones del estado –mejor dicho, la incompetencia de los funcionarios— y de los cánones sociales que impone la sociedad, entre otras muchas críticas incómodas. Hay tres significados de Vicariantes, según el programa de mano, entre el que está ‘se dice de los pares de caracteres genéticos mutuamente excluyentes, que sirven para diferenciar razas’, y el vicario es ‘la persona que ejerce las funciones de otra en todo o en parte por delegación y nunca con carácter propio: la sustituye por tiempo indefinido o determinado’.

La obra, por muy crueles verdades tristes que devela, no deja de entretener y aunque reclama para sí el hecho de gritar una verdad incómoda, corrosiva, como lo es ‘el diario vivir en una ciudad donde uno se levanta escuchando taladros y se acuesta para soñar con martillos’, es una explosión de historias, y como toda explosión, además de divertir por la forma en que se dice –adelanto que abundan las palabras sucias— no trata de ofrecer una línea conducente, ni explicaciones racionales, ya que no la hay, como esta sobrevivencia en un país conducido por locos.

Es bueno que todos hagamos el esfuerzo por ver esta obra de teatro, ya que la actuación es apenas una fábula de la realidad. El Teatro La Quadra, desde sus inicios, ha dado la oportunidad a los directores que proponen obras diferentes, no los típicos bodrios que se ven en otras salas –aunque a veces hacen concesiones que resultan ser las más vendidas— y a precios muy accesibles, puede uno no solamente mirarse en un espejo con creatividad, sino lograr un rato de esparcimiento y colaborar con elevar el acervo cultural de todos los panameños.

Por allí hay un dicho que reclama apoyar el talento nacional. No deje de ver Boom y se verá reflejado en muchas escenas.Hasta el 26 de Noviembre en La Quadra