Vamos cayendo bien abajo

MARIELA SAGEL*

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 21 de Noviembre de 2010

Panamá es la envidia de muchos países del área, por su crecimiento aparente, su dinamismo en la economía y los servicios financieros que brinda y por una casi inexistente inflación. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro y esta semana tuve la oportunidad de estar presente en un análisis económico de la actual situación financiera que enfrenta nuestro país y la verdad que desde ese día no duermo, siento una preocupación muy profunda, porque no estamos haciendo lo correcto ni con nosotros, ni con los que vendrán después.

El economista David Saied, quien hizo una magistral presentación en base a fuentes del Banco Mundial, el Ministerio de Economía y Finanzas, de la Presidencia, la Asamblea de Diputados, la Contraloría General, etc., nos reveló que el índice de precios al consumidor ha ido en incremento hasta un 4.2% (en un período de un año), incremento que todos estamos sintiendo; que los permisos de construcción han caído en un 29% (la producción de concreto tiene un crecimiento negativo de -23%) y el movimiento comercial de la Zona Libre, una referencia obligada para analizar la situación del país, tiene un saldo negativo de enero a mayo de -41%.

No se entiende cómo se sustenta la aseveración que el PIB (Producto Interno Bruto) crece en un aproximado de 6%, si en el rubro de transporte apenas se ha alcanzado un aumento de 1.3%, las exportaciones han decrecido en un 6% y los contratos de trabajo contraído en 2.5%.

Panamá se coloca como el país en el continente con el mayor gasto público (no se incluye, en el comparativo, el gasto militar) y está arrojando alarmantes índices de insalubridad, con un puesto de incidencia de malaria, sida y mortalidad infantil por arriba de 90 (de un total de 139) y lo que es peor y grave, preocupante, calidad de educación en el puesto 128 de 139 (al mismo nivel de los más atrasados países africanos) y de calidad de educación de ciencias y matemáticas en un puesto 129 en el mismo índice del Word Educational Fund.

Para rematar las malas noticias, 910 mil (casi un tercio de la población) viven sin facilidades sanitarias mejoradas, medio millón de personas no tiene acceso o no cuenta con agua potable, 350 mil bebés tienen muy bajo peso y hay 140 mil analfabetos. Mi país próspero tiene otra cara, que no es la que yo pensaba que era.

Visto todo esto, pasamos a analizar que este año se ha aprobado el mayor presupuesto estatal de la historia, $2,434 millones de dólares. Vamos bien, entonces se subsanarán todos estos problemas. Pero, oh sorpresa, analizando el presupuesto de inversiones, vemos que al MEDUCA se le ha recortado el presupuesto que tenía en 10.3%, al de Seguridad 11.8% y al MIDA 23.7%. Pero al de la Presidencia se le ha aumentado en 298% (supongo que aquí estarán metidos todos los caprichitos que quieren construir de todas maneras). Las asignaciones presupuestarias a las provincias son aún más descorazonadoras: A Coclé se le ha quitado un 11.7%, a Darién 19.2% menos y a las comarcas no se les ha dado casi nada: la Kuna de Wargandí le han quitado 86% y la de Madugandí, 37% de su escuálido presupuesto.

Sin embargo, la planilla estatal ha sumado un total de 13,390 personas a su ya abultado peso y se han aprobado la contratación de servicios y bienes considerados suntuosos, lo que no ayudará a crear conciencia que los bienes públicos hay que cuidarlos, tanto como los privados. En 1998 el ensanche y rehabilitación del Puente de las Américas costó 11 millones de dólares y se añadió un carril, y este año se adjudicaron 80 millones sin agregar nada. No puede haber una variación tan grande en apenas 12 años en los costos de construcción.

Este espacio no me alcanza para seguir informando lo bien que vamos cayendo, pero adelanto que no entiendo asignaciones como que a la isla Contadora se le aprobó un presupuesto de $856 mil dólares para rehabilitar sus calles y a Chame solo $250 mil.

Si seguimos así, en el 2014 solo quedarán el par de decenas de aspirantes a presidente que tendrán que jugar a las sillas musicales para ser electos. Vamos ‘bien mal’.