La vigilia por la dignidad

MARIELA SAGEL*

marielasagel@gmail.com

El miércoles pasado llevamos a cabo, como anunciado, una vigilia que denominamos ‘por la dignidad humana’, a la que se sumaron diversas organizaciones y partidos políticos para manifestar nuestro repudio por la forma en que fueron masacrados los menores en el Centro de Cumplimiento de Tocumen, el 9 de enero de este año. A este grupo de ciudadanos conscientes y realmente comprometidos con la dignificación del ser humano se unieron los padres de dos de los jóvenes que ya perdieron la batalla por la vida, de los cinco que han fallecido. Al momento que escribo esto hay dos en estado muy delicado.
Hicimos un recorrido respetuoso que inició en el Parque Porras y llegamos frente a la Procuraduría, donde no salió nadie ni para mandarnos por un tubo. De allí seguimos hacia la Basílica Menor Don Bosco, donde supuestamente se celebraba una misa de reflexión por parte del gobierno por lo acontecido, donde tampoco ninguna figura pública salió. Enfilamos hacia la Avenida Perú y la recorrimos hasta la calle que baja hacia el Hospital Santo Tomás, frente al cual pasamos en silencio y portando velas. Sin arengas nos dirigimos por la Avenida Ecuador de vuelta al Parque Porras, donde colocamos las cinco cruces que tenían impresos los nombres de los cinco chicos ya fallecidos y en la base del monumento a Belisario Porras improvisamos un pequeño mitin en el que hicieron uso de la palabra el Dr. Mauro Zúñiga, Rossana Uribe, José Cambra, Paco Gómez Nadal, la ex Procuradora Ana Matilde Gómez y la madre de uno de los muchachos que ya fue enterrado, además de otras personas que participaron de la vigilia.

No fue una manifestación masiva pero sí muy representativa. Fue un esfuerzo colectivo ciudadano y popular, no una convocatoria partidista. Hubo una colectividad de asociaciones que se sumaron a manifestar la indignación que todos sentimos por la forma no solo en que fueron quemados los reclusos, maltratados por sus verdugos, sino por la reacción extemporánea, tardía y hasta indiferente por parte de los más altos miembros del gobierno. Las escenas eran conmovedoras porque puestas las cruces, cada participante colocó la vela que portaba y la penumbra ayudaba a hacer más impactante la improvisada concentración. Culminamos el acto con un minuto de aplauso por la vida de esos jóvenes, en vez del tradicional minuto de silencio y después, limpiamos ejemplarmente toda el área.

A la par, han estado circulando correos y mensajes que reclaman como justo lo acontecido en el Centro de Cumplimiento, que defienden que los muchachos hayan sido masacrados ya que sus fechorías causaron mucho dolor a otras familias. Según arrojan las investigaciones, estos chicos no mataron a nadie, de hecho, iban a salir pronto porque eran los mejores portados, y por eso se negaron a participar en el motín, y de allí que su celda estaba cerrada (de la que no pudieron salir). No eran ángeles, pero se les truncó la oportunidad de reivindicarse. Es realmente preocupante que existan estos sentimientos tan negativos entre los panameños porque nos lleva a pensar que la vida humana, sea de los hijos de la cocinera o los privados de libertad, no vale nada.

Como resultado de la sociedad paradigmática en la que vivimos, algunas personas no se sumaron porque el PRD invitó mediante su secretaría de prensa, a la vigilia. Esta iniciativa no surgió en el seno del partido opositor sino por el impacto que nos causó la desesperanza en la que están sumidos los familiares de las víctimas. Uno de los agoreros voceros del gobierno, seguramente sin saber lo que significa, catalogó la convocatoria como que éramos un ‘corifeo’ de opositores convocando a una protesta. Para colaborar a su acervo y que no sea tan tiquismiquis, corifeo significa el ‘jefe del coro en las tragedias antiguas’. Lo del Centro de Cumplimiento fue una tragedia.

Como bien escribió uno de los extraordinarios y entusiastas organizadores de la vigilia, la dignidad humana no es un tema de uno ni de otros, sino de todos. Por esto y por la necesidad de continuar reclamando la humanización de nuestra sociedad, seguiremos realizando estas acciones que no tienen partido ni tintes políticos, sino que reflejan el esfuerzo legítimo de todo un pueblo.

Visitando a los quemados

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

Desde que ocurrió la masacre contra los jóvenes en el Centro de Cumplimiento, el pasado 9 de enero, además del horror que nos ha causado el ver la forma despiadada e inhumana en que se comportaron los custodios y miembros de la Policía Nacional, hemos estado esperando una manifestación del Gobierno Nacional, un pronunciamiento que le permita a los familiares –ya no a los chicos, porque han muerto cinco hasta ahora y dos están en estado crítico – saber qué les espera si se recuperan y si tienen que atravesar la tortuosa vía de un prolongado tratamiento. Y en lo que va de estos casi veinte días, un par de expresiones en los medios de parte de algunos de los funcionarios es todo lo que han dicho. El pasado sábado, en un anunciado comunicado, el Presidente solamente ofreció respaldo moral y una investigación sobre los hechos.

Teniendo, como lo tenemos mucho, el corazón destrozado por esta tragedia, he ido junto a otras personas a la hora de la visita a hablar con los familiares a saber cómo evolucionan, sin estridencias y sin querer establecer posiciones de partido. Logramos hablar con algunos parientes de los dos muchachos que aún batallan entre la vida y la muerte y nos contaron las tres versiones que se dan alrededor de ese aciago incidente.

También nos confirmaron que uno de los que murió ni siquiera lo pusieron en la morgue y cuando sus familiares lo fueron a reclamar, lo que recibieron fue un saco putrefacto que tuvieron que enterrar como a un perro, en una bolsa de basura.

En el escenario de la visita diaria confirmé que la Policía Nacional mantiene unas unidades apostadas en la sala, lo que es negativo para la recuperación de los chicos, toda vez que ellos deben estar todavía bajo la impresión de lo ocurrido y el ver entre brumas a sus verdugos no debe ser sicológicamente positivo para su recuperación.

Con la familia de Christian entré a conversar con la doctora que diariamente informa cómo evoluciona el paciente. De una forma impersonal y hasta tajante les dio su reporte y al yo preguntarle cuál sería el tratamiento que tendrían que seguir si salen de esta crisis, me interpeló, de forma muy dura, que quién era yo, y que eso se vería en su momento. Sobre la muerte del último, sus familiares no fueron avisados cuando ocurrió.

Una manera muy inhumana de tratar semejante tragedia.