Preludio a la destrucción

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 7 de febrero de 2011

La semana pasada hubo varias protestas, de diferentes grupos, que se oponen a las modificaciones que se pretenden hacer en la Ley de Minería que actualmente está vigente, y que permitiría a gobiernos extranjeros saquear los valiosos yacimientos de oro, plata y cobre, sobre los cuales está asentado nuestro pequeño istmo.

En los programas de opinión y en los noticieros hay un gran debate sobre los pro y los contra de la minería a cielo abierto y una de las razones que esgrimen los que defienden que se reformen las condiciones de explotación es que beneficiará al país. Los que se oponen, mayormente ambientalistas y representantes de los pueblos indígenas, han sustentado los daños que una práctica indiscriminada causaría a las regiones donde se han dado estas concesiones.

Una de las razones que más ha llamado mi atención sobre el tema de la minería, y que tiene lógica, es que nuestro país es apenas un territorio de 77 mil kilómetros cuadrados de extensión, y explotar los yacimientos dañaría un gran porcentaje de tierras donde viven poblaciones que actualmente, en su mayoría, están en estado de pobreza y pobreza extrema. En Chile y otros países, donde la minería es una gran fuente de riqueza, si bien las áreas donde se desarrolla esta actividad es muy amplia, también se pueden notar los daños que ella causa tanto en los que las trabajan como en las tierras que están a su alrededor. Pero esos países pueden darse esos permisos porque las distancias son grandes y los daños directos no inciden tan negativamente ni en el medio ambiente ni en los pueblos cercanos.

En lo que respecta a Panamá, se ha puesto la carreta delante de los bueyes. Países poderosos han exigido el cambio de la ley para poder explotar los yacimientos mineros y nuestros preclaros gobernantes se apuran a cambiar las leyes. Hay que legislar con visión de desarrollo, no de servilismo.

Hacen unos cuarenta años, el hoy ministro de Comercio, el mayor impulsor de este ‘cambio’, interpretaba una canción titulada Preludio a la Destrucción cuya letra dice, ‘acabaremos todos en una inmensa tumba’. Parece que el entonces cantante tenía una bola de cristal, lo que no sabíamos era que sería el gestor de cavar ese hueco. Y cantaba muy bien.

Es sabio el refrán que se dice que los tiempos no cambian, lo que cambian son las personas.