Avances volátiles

MARIELA SAGEL*

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 24 de Abril de 2011

En ocasión de la reunión interparlamentaria celebrada en nuestra ciudad recientemente, nos visitó la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet. Ella ostenta el cargo de secretaria ejecutiva de ONU MUJERES, que es la entidad para la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres dentro del sistema de Naciones Unidas.

Su presidencia, de la cual apenas salió el año pasado, es recordada por haber sido la primera mujer en llegar a ese cargo en un país eminentemente machista y también por haber sido la primera mujer que ocupó la cartera de Defensa, habiendo salido con una popularidad de 84% y entregado la silla presidencial a un candidato de las fuerzas opositoras. Es de resaltar que, a pesar de la orientación abiertamente capitalista que tiene Chile —que de hecho, es uno de los países de más avance económico en el continente— la gestión de Bachelet mantuvo los beneficios sociales de la población.

La conferencia—almuerzo fue convocada por el Instituto de la Mujer, que pertenece al Ministerio de Desarrollo Social. Allí vi por segunda vez en mi vida al ministro Ferrufino (la primera fue en un taller de autos, en plena jornada laboral, chateando, para variar). No entiendo por qué sigue saliendo como el de más alta aceptación o más popularidad en las encuestas. Se nota que esta gestión gobierna orientada a ellas.

Volviendo al cónclave al que asistí, más parecía una reunión de mujeres del PRD, pues éramos las que más presencia teníamos. A pesar que hay ministras y vice ministras, diputadas y directoras de entidades que no dejan que el escaso 8.6% de participación que arañamos desaparezca en los puestos de gobierno, solo noté la presencia de la directora de aduanas —perdón si a alguna otra no la reconocí—. Me alegan que esa mañana las altas funcionarias habían sostenido un desayuno con la ex presidenta, pero era importante que, abordando ella el tema de la paridad y la igualdad de género, estuvieran presentes para el resto del auditorio.

Su discurso fue claro y sencillo, dejar de quedarnos en la retórica y pasar a la ejecución. Ganarnos el respeto para conseguir mejores oportunidades, ampliar las voces de liderazgo y erradicar, sobre todo, la violencia que tanto nos afecta. Tratar de liberarnos y ayudar a liberar a nuestras congéneres de esa nefasta dependencia económica que cercena las iniciativas que nos coarta. De allí que señaló que el avance, por lo menos en América Latina, de las conquistas de género, ha sido volátil, porque damos dos pasos para adelante y uno para atrás.

Bachelet se refirió a la meta de aquella famosa reunión en Beijing, hace 15 años, y mencionó que solo 3% de lo allí estipulado como objetivo se ha cumplido y, de seguir así, nos tomará 40 años llegar a tener igualdad de derechos y oportunidades.

Si Eleanore Roosevelt, que se adelantó a su tiempo por ser una mujer visionaria y reclamar los derechos de la mujer, echara ahora un vistazo a las conquistas que hemos logrado como género, estaría decepcionada. No lo hemos podido hacer bien. Hemos dejado que la violencia contra la mujer sea el segundo delito más cometido, después del hurto y no hemos sabido vender la gran verdad de que tener más mujeres es tener más ganancia, en todo sentido, sobre todo en el avance político de todas las capas sociales.

Desde 1948 se habla de igualdad y seguimos luchando. Un par de años antes, Clara González había hecho su llamado y establecido su lucha por la misma causa aquí en Panamá. Tuvimos una presidenta que no lo hizo nada bien y cada vez que salimos a la palestra, debemos ser vírgenes, casi monjas y mojigatas, sino festinan y condenan nuestra vida privada. En cambio, los hombres son más machos y más capaces si tienen varia amantes y son recurrentes en infidelidades. A las mujeres inteligentes nos temen y nos ponen a un lado.

Las prioridades están invertidas. Para muestra un botón: el presidente Martinelli casi que le rinde honores de Estado a Ozzy Osbourne, un rockero —por poco hasta una garza le regala—; en cambio, no le quiso dar una entrevista a Andrés Oppenheimer. Realmente las mujeres debemos tomarnos el poder y enderezar este rumbo.