Una mujer de oro en una ciudad de plata

La autora KENIZÉ MOURAD nos ofrece su última novela

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

Facetas, 24 de Abril de 2011

 

La francesa Kenizé Mourad saltó a la fama hace 24 años cuando publicó ‘De parte de la Princesa muerta’, una especie de autobiografía que se convirtió en un éxito y ha sido traducido a más de 34 idiomas.

La hindú Hazrat Mahal es parte de una leyenda de la que poco se sabe, a la que los ingleses catalogaron como el ‘alma de la rebelión de los cipayos’ cuando en 1856 se libraba una guerra de independencia de las colonias en el continente asiático.

Luckwood es una localidad conocida como la ciudad de oro y plata por sus riquezas arquitectónicas, capital de Awadh, pequeña población ubicada al norte de la India, donde convivían armoniosamente varias etnias y razas y donde abundaban las riquezas.

Estos tres elementos se combinan en una majestuosa obra literaria cuya autora es Kenizé Mourad, y se titula ‘En la Ciudad de Oro y Plata’, editada a fines de 2010 por Editorial Espasa, parte del grupo Planeta, y relata la rebelión de la población de Luckwood ante la voracidad de la Compañía de las Indias Orientales, fundada en Inglaterra en ese mismo año 1856 y que pretendía anexar estos territorios como protectorado. Este poblado está a mitad del camino entre Delhi y Banarés y Hazrat Mahal. La cuarta esposa del rey Wajid Alí Shah, llega a ser regente cuando éste es enviado al exilio para evitar la violencia.

LA AUTORA

Kenizé Mourad es una escritora cuya vida parece sacada de una novela. Nació en París en 1940 y no fue sino hasta los 15 años cuando supo quiénes eran sus verdaderos padres, un rajá hindú y la princesa Selma de Turquía, nieta de Mourad V, el último sultán otomano. Su madre huyó a Francia durante la Segunda Guerra Mundial y murió un año después de haber nacido Kenizé, por lo que ella acabó recluida en un orfanato. Debido a que su madre había conservado a su eunuco, éste la reportó al consulado de Suiza y después de un reencuentro con su padre, fue a vivir con él a la India, pero no se sentía conforme en medio de esa sociedad restrictiva del papel de las mujeres. Estudió en la Universidad La Sorbona psicología y sociología y ejerció como periodista independiente y corresponsal de guerra para Le Nouvel Observateur hasta 1982, cuando se decidió a dedicarse por entero a la escritura

Mourad conoce muy bien todos los entresijos de los conflictos tanto sociales como raciales, políticos y religiosos del oriente y sus libros reflejan este amplio manejo. También es autora del libro ‘Un jardín en Badalpur’. En ‘De parte de la Princesa Muerta’ ella alega haber estado en comunicación con su madre, quien por su conducto cuenta su trágica vida. Dice que ‘con ella a veces tenía la impresión de que me dictaba las cosas”. 

LA PROTAGONISTA

Hazrat Mahal fue la cuarta esposa del rajá Wajid Alí Shah y madre de su hijo Birjis Qadar. Al optar éste último por el exilio o en la búsqueda de un acomodo con el gobierno británico, su hijo es ascendido al trono siendo menor de edad, ella se convierte en la regente, amada por muchos y detestada por otros, entre estos últimos las otras esposas del rajá. Según narra la historia, era una hermosa mujer que se rehusaba a usar la burka, y su coraje y mente estratégica superaban su belleza, por lo que fue quien liderizó la rebelión de los cipayos y nunca se amedrentó ante la arrogancia tanto de sus propios compatriotas, que demeritaban su condición de mujer como de sus enemigos, que se ensañaron contra sus tropas.

La historia de Hazrat Mahal no sólo nos transporta a “un mundo que hace soñar, un mundo magnífico” sino que transmite “mensajes importantes”, según dijo la misma autora en una entrevista para el lanzamiento de su libro, añadiendo que ‘esas ideas son la tolerancia entre culturas y religiones, la idea equivocada de que las mujeres musulmanas están sometidas, al contrario, son muy fuertes y el enfrentamiento entre el Islam moderado y tolerante y el extremista, dominado por una minoría de locos y bandidos’.

“Los británicos descubrieron en 1857 algo que Estados Unidos todavía está aprendiendo: nada radicaliza más a un pueblo ni desestabiliza tanto al Islam moderado como una intrusión agresiva”, dijo la autora. La reconstrucción de la historia de Mahal, la begum de Luckwood, fue posible después de una amplia investigación que inició la escritora al escuchar su fantástica historia de la boca de un tataranieto de la que llamaban Houzour, así como por la tradición oral, ya que todas las familias antiguas de Awadh tienen antepasados que combatieron junto a ella.

EL LIBRO, LA HISTORIA

Con una redacción sencilla y luminosa a la vez, Kenizé Mourad vuelve a hacer gala de su maestría como novelista al llevarnos de la mano por el transcurrir de esta ciudad donde existían tantas riquezas que eran apetecibles para la corona británica, así como por la forma en que vivían apaciblemente las begums en el reino de Awadh. De repente vieron súbitamente interrumpida su placentera vida al ocurrir el exilio del rajá y se produce entonces la pelea por el poder. La firme decisión de Mahal de que su hijo fuera el rey y su determinación para defender su reino es aderezada por la pasión que despierta su fiel lugarteniente Jai Lal, su jefe militar, un tipo por las descripciones de la autora muy guapo y varonil que sería las delicias de cualquier mujer.

Según la autora, esta parte de la historia es pura ficción, porque no existen indicios que se diera tal romance. Mourad alega que ella se puso en contacto con la begum, tal como lo hizo con su madre, aunque su conexión de médium no fue tan fuerte como con la Princesa Selma, pero le da un toque formidable a la historia. Sus descripciones de las riquezas que tenía esa ciudad de oro y plata y las muchas joyas y posesiones que cada una de las privilegiadas esposas del rajá tenía son descritas con opulencia, pero más son los deseos de amor y pasión que se producen entre los amantes furtivos que tienen que llevar su velado amor en silencio durante toda la historia.

Es una novela memorable, ‘de culto’ como la han llamado. Desvirtúa el papel pasivo de las mujeres musulmanas e hindúes y reivindica su protagonismo en las decisiones de estado. Vale la pena armarse de un buen diccionario porque usa muchos términos que con el pasar de las páginas se nos hacen familiares pero que al principio nos cuesta darle seguimiento.

 

Avances volátiles

MARIELA SAGEL*

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 24 de Abril de 2011

En ocasión de la reunión interparlamentaria celebrada en nuestra ciudad recientemente, nos visitó la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet. Ella ostenta el cargo de secretaria ejecutiva de ONU MUJERES, que es la entidad para la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres dentro del sistema de Naciones Unidas.

Su presidencia, de la cual apenas salió el año pasado, es recordada por haber sido la primera mujer en llegar a ese cargo en un país eminentemente machista y también por haber sido la primera mujer que ocupó la cartera de Defensa, habiendo salido con una popularidad de 84% y entregado la silla presidencial a un candidato de las fuerzas opositoras. Es de resaltar que, a pesar de la orientación abiertamente capitalista que tiene Chile —que de hecho, es uno de los países de más avance económico en el continente— la gestión de Bachelet mantuvo los beneficios sociales de la población.

La conferencia—almuerzo fue convocada por el Instituto de la Mujer, que pertenece al Ministerio de Desarrollo Social. Allí vi por segunda vez en mi vida al ministro Ferrufino (la primera fue en un taller de autos, en plena jornada laboral, chateando, para variar). No entiendo por qué sigue saliendo como el de más alta aceptación o más popularidad en las encuestas. Se nota que esta gestión gobierna orientada a ellas.

Volviendo al cónclave al que asistí, más parecía una reunión de mujeres del PRD, pues éramos las que más presencia teníamos. A pesar que hay ministras y vice ministras, diputadas y directoras de entidades que no dejan que el escaso 8.6% de participación que arañamos desaparezca en los puestos de gobierno, solo noté la presencia de la directora de aduanas —perdón si a alguna otra no la reconocí—. Me alegan que esa mañana las altas funcionarias habían sostenido un desayuno con la ex presidenta, pero era importante que, abordando ella el tema de la paridad y la igualdad de género, estuvieran presentes para el resto del auditorio.

Su discurso fue claro y sencillo, dejar de quedarnos en la retórica y pasar a la ejecución. Ganarnos el respeto para conseguir mejores oportunidades, ampliar las voces de liderazgo y erradicar, sobre todo, la violencia que tanto nos afecta. Tratar de liberarnos y ayudar a liberar a nuestras congéneres de esa nefasta dependencia económica que cercena las iniciativas que nos coarta. De allí que señaló que el avance, por lo menos en América Latina, de las conquistas de género, ha sido volátil, porque damos dos pasos para adelante y uno para atrás.

Bachelet se refirió a la meta de aquella famosa reunión en Beijing, hace 15 años, y mencionó que solo 3% de lo allí estipulado como objetivo se ha cumplido y, de seguir así, nos tomará 40 años llegar a tener igualdad de derechos y oportunidades.

Si Eleanore Roosevelt, que se adelantó a su tiempo por ser una mujer visionaria y reclamar los derechos de la mujer, echara ahora un vistazo a las conquistas que hemos logrado como género, estaría decepcionada. No lo hemos podido hacer bien. Hemos dejado que la violencia contra la mujer sea el segundo delito más cometido, después del hurto y no hemos sabido vender la gran verdad de que tener más mujeres es tener más ganancia, en todo sentido, sobre todo en el avance político de todas las capas sociales.

Desde 1948 se habla de igualdad y seguimos luchando. Un par de años antes, Clara González había hecho su llamado y establecido su lucha por la misma causa aquí en Panamá. Tuvimos una presidenta que no lo hizo nada bien y cada vez que salimos a la palestra, debemos ser vírgenes, casi monjas y mojigatas, sino festinan y condenan nuestra vida privada. En cambio, los hombres son más machos y más capaces si tienen varia amantes y son recurrentes en infidelidades. A las mujeres inteligentes nos temen y nos ponen a un lado.

Las prioridades están invertidas. Para muestra un botón: el presidente Martinelli casi que le rinde honores de Estado a Ozzy Osbourne, un rockero —por poco hasta una garza le regala—; en cambio, no le quiso dar una entrevista a Andrés Oppenheimer. Realmente las mujeres debemos tomarnos el poder y enderezar este rumbo.