Todos unidos por la educación

MARIELA SAGEL*

marielasagel@gmail.com

La Estrella, 17 de Abril de 2011

Con este sugestivo título fue presentada esta semana la conferencia de Andrés Oppenheimer, el periodista argentino que escribió ¡Basta de Historias! y que trata sobre la forma en cómo los países que comparten una paranoia constructiva entre ellos, progresan apoyándose en la educación, la ciencia y la tecnología.

Esta actividad, que reunió a más de 800 personas de la más variopinta diversidad (desde el alcalde Carrasquilla hasta Alberto Vallarino, me dijo un diplomático) fue organizada por la Asociación de Amistad Argentino Panameña, que ha enfocado sus proyectos de Responsabilidad Social Empresarial en llevar a cabo alianzas que mejoren la calidad de la educación de los niños y los están haciendo realidad día a día, hasta ahora, en dos escuelas del distrito de San Miguelito —el colegio Domingo Faustino Sarmiento y la escuela José de San Martín— y a través de eventos tan interesantes como esta conferencia magistral donde el periodista, —que uno de los que estaba en mi mesa me dijo que atraía más público que una estrella de rock—, habló sobre el resultado de su larga jornada de investigación por varios países del mundo y cómo ellos había logrado anteponer su obsesión por la superación educativa y académica a la simple medición de la riqueza o el crecimiento de la economía.

Hasta aquí todo muy bien. Los presentadores excelentes y Andrés agotó todas sus anécdotas (algunas que ya conocía, porque había asistido al lanzamiento de su libro en Guadalajara) y demostró que hace su tarea: señaló algunos índices que para algunos eran poco conocidos o totalmente desconocidos, como el resultado de los test PISA, donde Panamá quedó entre los últimos lugares y salpicó de su habitual chispa humorística porteña la charla, impidiendo que algunos cayeran muertos del hambre, porque se hacía tarde y el almuerzo no se servía hasta que todo el mundo preguntara y él contestara.

Sin embargo, este ejercicio no debe pasar de ser una simple calistenia, donde todos nos sentamos a que nos digan por dónde es el camino y darnos golpes de pecho de que tenemos un serio problema que resolver y no hay gestión gubernamental que logre siquiera aproximarse a un modelo como el que siguen los países que más apuestan a la educación. Bien citó el presidente de la AAAP, Enrique de Obarrio, unos datos de la CEPAL que indica que ‘la educación es un mecanismo privilegiado para la igualdad de oportunidades, porque —incluso en una sociedad con grandes inequidades salariales y de ingreso— la equidad crece al intentar igualar las oportunidades entre hijos de familias de estratos altos, medios y bajos, para acceder a mejores puestos de trabajo en el futuro. Una mejor distribución de activos simbólicos hoy —conocimientos y destrezas útiles— facilita una mejor distribución de activos materiales en el mañana —ingresos, bienes y servicios—, revirtiendo la reproducción inter generacional de la pobreza’.

Existiendo en Panamá tantas alianzas, fundaciones y patronatos, cuyas misiones están enmarcadas en la educación, deberían TODAS ponerse de acuerdo y hacer una especie de pacto de concertación para seleccionar una sola agenda y remar en esa sola dirección, de manera que aprovechemos la buena ola que actualmente tenemos, como resultado de la bonanza económica y los altos índices de crecimiento del país, para lograr un mejor nivel de educación, un desarrollo basado precisamente en un alto índice educativo y contagiarnos un poco de la paranoia constructiva que tienen los países como China, la India, Finlandia, Vietnam, Corea y otros, que apuestan a mejorar el nivel del conocimiento para disfrutar de un mejor nivel de vida.

Ya basta de historias sobre lo malo que salimos en los índices que miden lo ignorantes que somos. Ya basta de proclamas de cómo se va a mejorar la calidad de la educación. Es hora de ponernos a trabajar para encontrar un solo norte en la superación del panameño promedio, que vea en su superación académica y educativa —leyendo, investigando, estudiando— la forma en cómo va a lograr las metas en su vida. Creo que este tema, como quizás ninguno otro, ha derramado más tinta y sido abordado tanto por el erudito como por el improvisado, pero todos estamos más ocupados en el sobrecalentamiento económico del país que en formar mejores panameños