Vorágine autoritaria

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 11 de abril de 2011

La organización Human Rights Everywhere se pronunció recientemente en relación con la expulsión del país, de los periodistas españoles Paco Gómez Nadal y Pilar Chato, cuando cubrían, como corresponsales extranjeros y representantes de esa organización, una protesta pacífica que realizaba un grupo de la sociedad civil contra la Ley Minera, que el Presidente, en uno de sus característicos arrebatos, derogó unos días después. Esta resolución de la HRE ha circulado en todo el mundo y en ella se exhortaba al gobierno panameño a que permitiera a los periodistas regresar al país. Al ser abordado sobre el tema, el mandatario panameño se justificó diciendo que si lo hacía, violaría la ley.

Me pregunto, ¿acaso no se violaron todas las leyes existentes cuando Paco y Pilar fueron apresados, retenidos e incomunicados? Después los pasearon por la DIJ y todas las corregidurías que se les ocurrieron, porque no sabían qué hacer con esas papas calientes, para al final obligarlos a firmar una repatriación ‘voluntaria’ ante una funcionaria que ha violado varias leyes. Muy poca vergüenza pública tienen los funcionarios nuestros al arroparse, en estricto apego a la legalidad, cuando a diario vemos que siguen a pie juntillas ese dicho que reza que las leyes se hacen para violarlas.

De la misma manera, y sin consultarlo con el pueblo, se iniciaron las acciones para demoler el edificio que albergó la Embajada de Estados Unidos, al lado del Hospital Santo Tomás, ambos, monumentos arquitectónicos e históricos de gran valor. Esa demolición busca erigir allí una torre financiera que a todas luces va a contribuir a afear más la ciudad y su costanera, y congestionar los ya colapsados servicios públicos. Ese capricho ya lleva costándole al Gobierno la friolera de más de 300 mil dólares en ‘estudios previos’, cuando ese edificio de sólida mampostería bien pudo haberse dedicado a mejores y más loables propósitos, como un museo o un sitio donde prevenir que nuestra juventud delinca.

Ante las acciones de protesta que ha iniciado un grupo de jóvenes artistas armados de aerosoles y esténcil han procedido a borrar todo trazo de grafiti y seguir desoyendo la opinión del público, que no quiere allí otro símbolo de poder económico sino respeto por la historia. Dentro de poco patearán la bola de Vasco Núñez de Balboa y, la estatua, la mandarán, en ocasión de los 500 años del descubrimiento del mar del Sur, para Acla, en Darién.