Nos merecemos un cambio

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo,  16 de mayo de 2011

El actual gobierno llegó a serlo por la promesa, entre otras, de que habría un cambio en muchos sentidos: en la forma de actuar desde los puestos públicos, en la forma de nombrar a los magistrados, a los que ocuparan cargos en el servicio exterior y en la forma general de gobernar. A casi dos años de habernos atiborrado de propaganda publicitaria, sobre todo lo que se iba a hacer y lo que se iba a cambiar, vemos con mucha preocupación que nada se ha hecho y que nada va a cambiar, posiblemente solo los nombres que en este quinquenio se van a beneficiar.

Los escándalos sobre las visas otorgadas a personas de origen asiático nos abruman, y nada se ha hecho, solamente se han lanzado amenazas de parte de los que son señalados. El fantasma del colombiano del moñito ha vuelto a resurgir y trae a todo el mundo de cabeza, porque tal parece que su generosidad no tenía límites, y en esa cayeron casi todos. Todavía peor, el señalamiento de que el director de la Autoridad de Turismo está involucrado en casos de narcotráfico no logra aclararse, y por más lagrimitas que el susodicho vierta en televisión, su jefe no acierta a lavarle la cara del todo.

El presidente se esconde como un avestruz ante la tormenta que desatan tantos escándalos. Cuando vuelve a aparecer no habla, sino que dispara contra lo que él identifica como los enemigos de su gobierno. No entiende que la campaña política terminó hace más de dos años y que sus discursos deben ser propios de un mandatario, no los de un impulsivo candidato. No defiende su gestión de gobierno, sino que acusa al principal partido opositor de todos los males como si no lo dejaran gobernar. Esto último es imposible: se ha arrogado de todos los poderes que presidente alguno haya tenido y pisoteado las instituciones y las libertades como le ha dado la gana. Si la población lo ha dejado, es porque el país está creciendo como consecuencia de la bonanza económica que todavía experimenta. Debería ser más responsable en el puesto y exigir lo mismo a los funcionarios que le dio por nombrar en otras posiciones y que estos no se suban a un micrófono a amenazar, como vimos, recientemente, a uno de sus más rabiosos ministros. Y dejar de gobernar por medio de mensajes de Twitter.