Licencia para hablar

MARIELA SAGEL
El Siglo, 24 de mayo de 2010 

Érase una vez un país donde quien quería hacer uso de la palabra por las ondas hertzianas, debía tener una licencia de locutor. No sé de cuándo se estableció esa norma, pero lo que sí recuerdo es que en 1983 me inscribí en un curso que dictaba el Ministerio de Gobierno y Justicia que, además de teórico (recuerdo que el admirado amigo Lloyd O”Meally expuso sobre cómo se transmitían de torre a torre las transmisiones radiofónicas), también era práctico. Como resultado de eso obtuve una licencia de locutora, la que he ido renovando a medida que se iba venciendo y cuando aún estaba la Dirección de Medios de Comunicación en el Ministerio, sin usar ninguna influencia, la volví a renovar. Esa dirección, durante mi gestión, pasó al entonces Ente Regulador de los Servicios Públicos, hoy Autoridad de los Servicios Públicos, y la última vez que renové la misma, en el 2005, me fue expedida sin fecha de expiración.

Esas licencias eran obligatorias para tener programas de radio y televisión y, sobre todo, para hacer comerciales o cuñas que se transmiten a través de esos medios. Muchas personas han hecho muy buena plata prestando sus voces para los avisos de radio, ya que por una cuña de 30 segundos se llegaba a pagar hasta $200 en mi época de publicista.

Entiendo que ahora tal requisito no es obligatorio y cualquiera que tenga acceso a un micrófono puede hablar sin que se le obligue a tener el permiso mencionado y los únicos que por ley deben tener la licencia de locutor son los que hacen las cuñas comerciales.

También existió una vez un país donde una asociación de artistas estaba pendiente a que los que se denominaban como tales cotizaran, y no se les pasaba una cuña donde no se exigiera al que hacía la locución que portara su permiso respectivo. Esa asociación también era la encargada de cobrar la membresía a las que se denominaban alternadoras, que ejercen la profesión más antigua de la tierra, la prostitución, ya que pertenecer a la asociación les garantizaba que les expidieran su carné de salud periódicamente.

Como todo se va olvidando rápidamente, aun cuando en fecha muy reciente estuvo en Panamá el que hace la voz de Homero Simpsom, Humberto Vélez, cuya visita causó gran revuelo y mucha atención mediática, hay algo que se nos está pasando desapercibido, y es el hecho que las cuñas del Gobierno Nacional, especialmente cuando las encuestas muestran un descenso en la popularidad del presidente Martinelli, son vocalizadas por el mismo mandatario. ¿Habrá chequeado la ASEP que el sr. Martinelli tenga licencia de locutor o la asociación que cobra sus cuotas rigurosamente a las alternadoras -pero seguramente no a las prepago- iniciado la misma diligencia? Sería interesante saber la opinión de los afectados.