Cenizas de la historia

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

Facetas, 26 de junio de 2011


Ante un auditorio lleno de personalidades, familiares y amigos, presentó su último libro la escritora Gloria Guardia, que cierra la trilogía ‘Maramargo’, titulado El jardín de las cenizas. Este conjunto de tres obras la inicia la autora con El Último Juego, Premio Centroamericano de Novela ‘Educa’ en 1976 y editada en su primer formato por la Editorial Universitaria Centroamericana al año siguiente. Los jurados de ese certamen fueron Angel Rama, uruguayo, ensayista y escritor, esposo de la laureada crítica de arte, Marta Traba, que falleció en un accidente aéreo en 1983, donde también murió ella; José Emilio Pacheco, mexicano, merecedor de innumerables premios y Lizandro Chávez Alfaro, nicaragüense, poeta como muchos de su país, todos producto de la llamada ‘generación del 45’.

En fecha más reciente, y para la Feria del Libro del año 2009 en nuestra ciudad, la autora relanzó esta misma historia bajo el sello Alfaguara, ilustrado en su portada por un grabado de nuestro insigne artista y reconocido maestro de ese arte gráfico, Julio Zachrisson. Un par de años antes, Gloria nos había deleitado con Lobos al Anochecer, que trata el tema del asesinato del Presidente Remón, un magnicidio que abrió el compás para que nuestro país se estableciera como una nación mercantilista y fuera signado su destino como consecuencia de su posición geográfica. Con El Jardín de las Cenizas se cierra con broche de oro la historia de Panamá en un siglo, donde empezamos siendo un país para hacer un canal a un país que administra y maneja muy bien el Canal de Panamá, lo que nos ha hecho crecer ante los ojos del mundo.

No es posible hacer un juicio de valor a este libro en tan poco tiempo después de haberse presentado y sin haberme leído el libro y, en justicia a las reseñas que periódicamente entrego, conversé con la autora, que vive entre Panamá y Bogotá, que me recibió en el Museo Ricardo J. Alfaro, custodiado como parte del legado de su suegro y, en medio del despacho del insigne antepasado me cuenta un poco lo que significó escribir esta historia para ella, con el compromiso que cuando la termine reseñaré sobre la trama de la misma. Me dice Gloria que escribió el libro gracias a una beca otorgada por la Fundación Rockefeller, para creadores e investigadores, con residencia en Bellagio, Italia, entre mayo y octubre del año 2007, entre Los Ángeles y Panamá el resto de ese año, y hasta agosto del 2008, entre Panamá y Bogotá, donde reside. Son abundantes las referencias que tiene el libro tanto a períodos de nuestra historia patria como a los protagonistas de la misma y la remata con un vasto cuadro cronológico que guía al lego y al letrado por los recovecos y laberintos de la historia.

ESCRITURA A PRUEBA DE BALAS

Gloria es una escritora y autora exquisita, de un lenguaje cuidadoso y muy bien logrado. Su redacción es considerada a prueba de balas y su apego a los hechos históricos es simplemente preciosista. Este cierre con broche de oro le hace justicia a los acontecimientos que fueron vitales para la conformación del país, tales como el surgimiento de Acción Comunal y el Frente Patriótico, en los años veinte, que tenía como modelo de nación el ‘orden, trabajo y economía’. Rescata de un olvido involuntario las figuras de un patriota como Víctor Florencio Goytía, entre otros forjadores de la nacionalidad istmeña.

Le pregunto a Gloria, en nuestro breve encuentro frente al escritorio de su suegro, si es una novela histórica o una historia novelada. Tal como ella y Mario Galindo establecieron, -el erudito abogado y economista fue uno de los dos presentadores del libro, que transcurrió como una amena conversación-, la historia se conoce como es relatada o narrada, lo único sagrado son los anales y alrededor de eso se teje una versión, lo que se ha venido viviendo, según los historiadores y filósofos Pierre Nora y Walter Benjamin, a quienes ella cita.

Así como ha tenido el privilegio de haber crecido de la mano de un padre que le contó de primera mano lo relacionado con Acción Comunal, ya que fue fundador de ella, tuvo el cuidado de poder corroborar con la pléyade de personalidades que formaron ese movimiento, sea directamente y por lo escrito y narrado, y vivió en carne propia y emoción la transferencia del Canal a manos panameñas.

UN PAÍS DE NOVELA

Se le preguntó esa noche también por qué ella señalaba que Panamá era el escenario de las más intrincadas novelas negras y me dice que todo lo malo que ha sucedido -y lo que se sigue viviendo, gracias a nuestra posición geográfica- hace propicio que se insista en que cada uno de nosotros viva bajo un estricto código de ética.

Gloria Guardia transpira pasión por la historia y asegura que gozó muchísimo escribiendo la novela, adentrándose en los hechos históricos y en sus protagonistas. Durante el desarrollo de la amena conversa entre los dos presentadores y la autora, en el simulacro de una sala de casa, Mario Galindo le insiste sobre la palabra ‘descatolizar’ que, cuenta la autora -que es miembro correspondiente de la Academias de la Lengua de Panamá, Colombia, Nicaragua (de donde era su madre, hija de un prócer de ese país) y parte del equipo que está revisando los términos-, es un verbo que está en proceso de ser adoptado en el Diccionario de la Lengua Española. Descatolizar puede ser entendida como desclasificar, pero aún se trabaja en ese significado.

Le pregunto si no será una coincidencia que precisamente se concluya y cierre la trilogía con este libro que rescata el Casco Viejo de Panamá, ahora mismo muy vulnerable por la insistencia de querer hacerle una carretera que la bordee y también por la aparente ausencia de grupos de jóvenes con una formación humanista, como lo fueron los que integraron Acción Comunal. De forma terminante se reitera muy apegada a las teorías de Jung, de que nada es una casualidad. Fue un deleite la conversación con la escritora y seguramente un deleite será la lectura de El Jardín de las Cenizas, llena de referencias históricas, y apegada a una redacción cuidadosa y a los anales que se registraron en esa época, pero no exenta de la vena novelística de esta panameña que ha sabido darle un lugar a la historia y al país, a través de sus libros. Los tres tienen, de forma fervorosa, en sus portadas, hermosos grabados de Julio Zachrisson. Eso tampoco es una casualidad.