Con o sin palabras

MARIELA SAGEL*

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 3 de julio de 2011


Una frase conocida, atribuida a Abraham Lincoln, dice: ‘Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo’. Esto viene a colación por lo que se ha vivido en la semana que culmina, con evaluaciones que van y vienen de los primeros dos años de la gestión del gobierno de los locos. Todos los días ha habido programas de análisis en radio y televisión —me gustaría saber dónde se dan los certificados de ‘analista político’, porque cada vez hay más—, se vierten ríos de tinta en noticias, columnas de opinión y se ha estado en vilo tanto por las ‘babosadas’ que se han dicho, como por los ‘zoquetes’ que las dicen. Se han acuñado nuevas palabras y la tortura de tanto abuso del idioma nos tiene, por lo menos a los que cultivamos y exhortamos a que se hable mejor y se escriba mejor, con creciente desagrado.

En medio de los análisis de lo que se ha hecho y se ha dejado de hacer —y no se hará, porque es físicamente imposible o eran puras mentiras— ha estado el tira y jala de quién será el presidente de la Asamblea de Diputados, declaraciones de amor, amenaza de divorcio y hasta insinuaciones de ‘leves’ infidelidades que se han cometido en este breve matrimonio de conveniencia que ha sido la alianza de gobierno entre los partidos Cambio Democrático y Panameñista. Yo pensé que había visto todo en política, pero la verdad es que esta nueva jauría tiene tal capacidad de reinventarse a diario, que no dejo de sorprenderme.

Las redes sociales han tomado más fuerza y los noticieros han hecho un segmento especial para leer lo que publican los políticos en Twitter o en Facebook. Es muy entretenido ver lo propensos que son algunos de ellos a lanzarse a emitir opiniones en un espacio de 140 caracteres.

En fin, para cuando salga este artículo, ya tendremos un nuevo presidente de la Asamblea, y las cosas seguirán igual, en uno de los órganos más inoperantes del Estado, pero en esta coyuntura posiblemente se habrá roto la alianza y entonces, amanecerá y veremos. Espero que el Molirena no ceda ante las pretensiones de ser engullido por el CD, que entre otras cosas, se engulle también los principios y ese partido, al menos, los tiene (¿o tenía?).

Uno de los análisis o aportes que más me llamaron la atención y que quisiera reforzar en este espacio es el publicado por el profesor Modesto Tuñón, sobre el aprendizaje urbano que debe ir aparejado al crecimiento y el desarrollo que se pretende llevar a tambor batiente. No podemos mejorar infraestructuras que van a ser violentadas y mal usadas por personas sin indicaciones de cómo hacer un buen uso de ellas, seguir haciendo carreteras cuando los conductores no saben que deben manejar por la izquierda solamente si van a rebasar a otro carro. En el artículo se menciona que en barriadas de lujo se trancan las alcantarillas, porque se tira caliche o desperdicios sin ningún control y todo esto tiene ver con una cultura ciudadana.

Todos los megaproyectos deben ir aparejados de una fuerte inversión en la educación de las personas en cuanto a elevar el nivel de conciencia y pertenencia de lo que se erige como símbolo de crecimiento y de estatus. Como he dicho y escrito ingentemente, vamos hacia ser ricos e ignorantes y la educación, no ya la formal sino la que debe proyectarse a todos los niveles, debe ser una prioridad y esa incluye elevar el nivel de comunicación de los que salen en pantalla o escriben, empezando por los políticos y funcionarios. Es inaceptable que un ministro conjugue el verbo ‘haber’ en un debate en forma errada, con el odioso ‘hubieron’.

El balance final, después de esta extenuante semana, debería ser, por un lado, por parte de la Academia de la Lengua, una pésima nota para los que han asaltado la palabra y la han abusado y recordar la frase de Abraham Lincoln, porque así como hace dos años muchos cándidos cayeron en la trampa de un slogan chabacano de creerse locos, ahora tenemos que ver cómo aguantamos sin volvernos locos por tres años más.