El cuaderno de Maya un libro para adolescentes

MARIELA SAGEL

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La escritora panameña, Mariela Sagel expresa que ‘Hacemos votos para que Isabel siga con esa disciplina férrea de empezar cada 8 de enero una nueva obra, por muchos años más’

La Estrella de Panamá, 24 de junio de 2011 

PANAMÁ. Acabo de terminar el último libro de Isabel Allende, llamado El Cuaderno de Maya, y es un sabroso relato de las cosas más inverosímiles que pueden pasarnos en este mundo de internet, de violación a la privacidad y de adicciones irreversibles. Aunque reclama ciertas situaciones que rodean a su vida real, como es el hecho de ser una chilena que radica en California, casada con un gringo y desarraigada de su país natal, se nota que la dedicatoria, a sus nietos –asumo, porque dice ‘a los adolescentes de mi vida’ – es un llamado de atención a no caer en caminos torcidos cuando se es joven, especialmente en una sociedad tan vertiginosa como la estadounidense, más aún en California.

La buena escritora y relatora que es Isabel Allende nos sorprende en cada vuelta de hoja con ocurrencias que te sacan una carcajada en plena lectura, con descripciones que te llevan a perder el aliento y con recursos inimaginables de los nexos que pueden unir a uno y otro personaje de la historia. Las referencias a los momentos en que estaba viviendo la escritora cuando llevaba a cabo su obra te hacen sentir como si conversara contigo y por más que abundan los personajes, no se tiene que recurrir a hacer un cuadro de todos ellos para seguirle la pista. Sus habilidades de cuentista se destacan y la creatividad prodigiosa que le ha dado su fama de realista mágica (o maga del realismo, como lo quieras ver) es contagiosa, al punto que cualquier salida es buena para describir a unos ángeles tosiendo.

Si bien muchos escritores envidiosos son detractores de su obra, y otros pseudo escrupulosos la creen folletinesca, para mí no solo tiene un valor inconmensurable el hecho que produzca cada dos años una novela de 500 páginas, sino que en algunas de esas obras se retrate a sí misma, con todas sus manías y sus aficiones, como la astrología o el gusto por el kitsch, y que en el fondo, la historia, a pesar de parecer inverosímil, sea un mensaje muy claro para una juventud que puede perderse por culpa de las drogas y la era cibernética y también un retrato vivo de una época muy difícil en la vida de los chilenos. Isabel Allende lo logra con maestría, combina con encanto y gracia lo que no se debe olvidar y el desmembramiento de la juventud de hoy día, que lo mide todo en términos contables y cuyas aspiraciones están concentradas en adquirir poder económico. Los recovecos de la vida que ella presenta, o de las vidas que llevan sus personajes, nunca llegan a una calle sin salida, encuentran esa solución que no nos parece posible, la menos esperada, la menos calculada, la menos obvia.

Para ser una novela con intenciones policiales (ya me imagino a muchos aduciendo que se quiso copiar de Stieg Larsson con que Maya fuera adicta a las drogas y se vistiera gótica) la trama está completamente redondeada, sin aristas y el desenlace es el menos esperado pero el más lógico, aunque poco probable.

Si por mí fuera, yo le daría un gran aplauso a esta autora que se ha empeñado en sorprendernos con su incontenible imaginación y de la que esperamos muchos libros más de lecturas entreveradas y salidas del tiesto, como la descripción que hace del Papa.

Ojalá se le quite a algunos el prurito de leer sus libros sin creerse que se van a contaminar con una ‘escribidora’, como llamaba despectivamente Vargas Llosa a Corín Tellado, que seguramente ha vendido más libros que él en toda su vida y a otros esa soberbia de decir que copia a García Márquez por la riqueza imaginativa que tiene de la realidad mágica de nuestro continente. Si Gabo hiciera lo mismo, nos diera el regalo de darnos un libro cada dos años, también le caerían en pandilla a criticarlo, así que hacemos votos para que Isabel siga con esa disciplina férrea de empezar cada 8 de enero una nueva obra, por muchos años más, que siempre tendrá sus lectores asiduos que nos seguiremos riendo de sus bien jaladas ocurrencias.