¿Herencia en peligro?

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com
Facetas, 17 de Julio de 2011

En 1972 la UNESCO adopta la categoría de Patrimonio de la Humanidad. El Casco Viejo y la ciudad de Panamá Viejo aplicaron y en 1996 se les acepta por su valor universal excepcional.

De los organismos internacionales que quizás uno menos conozca -y sobre los cuales se vierten con ligereza calificativos- está la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) (que en inglés se lee como United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization) y que fue la respuesta inmediata de un grupo de países cuando recién salían de la devastación en todo sentido que fue la segunda guerra mundial, y se tenían que retomar temas educativos que habían quedado pendientes y hasta trastocados.


Si bien para algunos es un honor y hasta motivo de atractivo promocional el ser designado embajador honorario o de buena voluntad de la UNESCO, por un tiempo (como lo han sido Claudia Cardinale, Alicia Alonso, Carolina de Mónaco y Facundo Cabral, recientemente fallecido), para otros se les convierte una piedra en el zapato que la organización, o sus dignatarios, llamen a capítulo a los países, cuando quieran cometer algún exabrupto como es el caso muy reciente y muy vigente de la construcción de la tercera fase de la cinta costera.

ORÍGENES

Todavía no se había acabado la II Guerra Mundial y la devastación, sobre todo moral, había sido contundente y demoledora. En 1942 se habían reunido, en Londres, representantes de los países europeos en una cumbre denominada Conferencia de Ministros Aliados de Educación, preocupados en cómo restablecerían los sistemas educativos. Apenas se terminó el conflicto bélico este mismo grupo realizó, en noviembre de 1945, una reunión para establecer una organización educativa y cultural adscrita a Naciones Unidas.

Al grupo original se habían sumado otras naciones, como Estados Unidos, y gracias al impulso de Inglaterra y Francia, dos de los países más afectados por la guerra, se adopta una visión cuya inspiración es la propagación de una cultura de paz y el fortalecimiento de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad, para que no se vuelvan a repetir los horrores de la guerra.

En 1946 se constituye legalmente la UNESCO, con la representación de 30 estados miembros, a la cual se une Panamá en el año 1950. Algunos países, por conflictos raciales y también por disyuntivas políticas han salido y vuelto a entrar a la organización, pero a nivel general, casi todos los países del mundo están representados allí, cuya sede principal está en París.

PATRIMONIOS HISTÓRICOS 

En el año 1972 se adoptan los términos para la Convención de Patrimonio Mundial Cultural y Natural y es allí donde se adscriben los sitios monumentales, sea histórico o natural que reciben la categoría de Patrimonio de la Humanidad.

El Casco Viejo y la ciudad de Panamá Viejo aplicaron para esa categoría y en 1996 se les acepta por su valor universal excepcional. Un evento que fue determinante para la organización y que profundiza sus razones para preservar los sitios históricos fue lo que sucedió en Egipto, donde se pretendía inundar las tierras aledañas a los templos de Abu Simbel (en 1959) para construir la represa de Aswan.

En 1959, UNESCO pidió a los gobiernos de Egipto y Sudán detener la obra y en su defensa, hizo una campaña que costó alrededor de 80 millones de dólares, mayormente donados por unos 50 países solidarios, para preservar estos valiosos sitios arqueológicos. El éxito que alcanzó este movimiento ha sido replicado en la conservación de los canales de Venecia, las ruinas de Moenjodaro en Pakistán y los templos de Borobodur, en Indonesia.

Más importante que la solidaridad fue vincular la protección del patrimonio cultural al patrimonio natural, porque muchas veces ambos son uno consecuencia del otro, y no se puede afectar a uno sin afectar al otro. De allí que se conjuguen los esfuerzos y se ratifique una sola convención en 1972.

Los conceptos vertidos en esa convención y adscritos a la designación de patrimonios históricos son muy bien entendidos a nivel mundial y son generadores de respeto, primeramente, y también de asistencia financiera internacional y de ayuda en la implementación y elaboración de planes de desarrollo comprehensivos para adecuar las prácticas de conservación y el establecimiento de mecanismos de monitoreo en esos lugares.

El hecho de ser declarado patrimonio de la humanidad aumenta el conocimiento de los sitios históricos a nivel mundial y funciona también como un atractivo de promoción turística que se traduce en una gran visibilidad y eventualmente, divisas, en beneficio de una industria que cada día mueve más personas que no quieren morirse antes de visitar los mil lugares que hay que ver en vida, dos de los cuales son nuestras primeras ciudades.

ACERVO EN PELIGRO

El mes pasado, el Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO se reunió en París y en su agenda estaba el de incluir al Casco Viejo y Panamá Viejo en la lista de Patrimonios en Peligro. Por la importancia del asunto, viajó una delegación de alto nivel gubernamental, a la que se le pidió suspendiera la construcción de la tercera fase de la cinta costera.

Las informaciones han sido confusas y hasta contradictorias. Por un lado, los representantes del gobierno han dicho que no se les ha pedido suspender la construcción pero por otro lado se da a conocer esta semana la resolución de la UNESCO, donde le da plazo a nuestro país hasta febrero del 2012 a fin de que subsane las tres alternativas presentadas para la continuación de esta fase de la cinta costera y cuidar que ninguna afecte severamente el conjunto monumental y nos haga perder la categoría de Patrimonio de la Humanidad.

Tal como han reportado los medios noticiosos, la resolución es taxativa del compromiso adquirido por el gobierno en la sede de la organización en París, pero las declaraciones del mandatario panameño la contradicen al asegurar que se va a seguir haciendo la obra, sin tomar en cuenta las recomendaciones hechas. El asunto aquí no es de bravuconadas sino de hacer honor a nuestra palabra empeñada ante un organismo de la categoría de la UNESCO que precisamente vela por una cultura de paz y el respeto a los patrimonios que la historia y la naturaleza nos ha prodigado.

Vale la pena que conozcamos que no se trata de un organismo cualquiera, sino uno que ha sido capaz de preservar un sitio arqueológico y natural como Machu Pichu, en Perú, que este año marca el primer centenario de su descubrimiento, y que ha sido sometido a vigilancia estrecha para que no pierda sus valores históricos pero siga sirviendo de atractivo a los visitantes.

La semana que acaba de culminar se llevaron a cabo los actos conmemorativos de esta fecha con sendos actos y conciertos, siempre bajo la supervisión de la UNESCO. Eso, al contrario de quitarle prestigio, le añade lustre tanto a la gestión gubernamental que vela por su patrimonio como a las personas que sienten orgullo de esas ruinas.

Desvirtuando mentiras

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

 El Siglo, 11 de Julio de 2011

Se le atribuye al malévolo Joseph Goebbels, ministro de propaganda del régimen nazi y artífice de muchas de las manipulaciones que hicieron esos políticos despiadados contra millones de personas en Europa, principalmente contra los judíos, la frase ‘una mentira repetida mil veces se convierte en verdad’. Y como siempre, los malos ejemplos son los que más se contagian, vemos día tras día que se repiten señalamientos que, supuestamente, hablan con la verdad, y es todo lo contrario.

Una de estas mentiras repetidas mil veces es que los inmuebles del Casco Antiguo están en manos de unos pocos. Lo dice desde el presidente hasta el más humilde conductor de taxi. Si bien el Casco Antiguo fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1996, es decir, que ya no nos pertenece sino que es de todos los habitantes del planeta, se estipularon reglas y condiciones para que se preservara de forma íntegra y se respetara la historia. Muchos de los edificios allí construidos estaban en estado deplorable y fue necesario que se legislara para ofrecer incentivos a la inversión y esas propiedades fueron adquiridas y reconstruidas bajo estrictas normas de restauración.

Es así como se conformaron algunas empresas que se dedican a comprar y rescatar de las ruinas la mayoría de esos edificios, y sobre todo, a defenderlos de la voracidad del mal gusto y las vallas comerciales de neón. Se establecieron restaurantes, tiendas, galerías y se remodelaron iglesias y obras monumentales, como son el Teatro Nacional, el Palacio Nacional y la Casa Góngora, entre otros. El Palacio de las Garzas, la Cancillería y la Embajada de Francia se unieron a fin de dar lustre a ese lugar que es obligatorio visitar antes de morir.

Algunos se pasan de vivos, quieren violar esas reglas y encuentran funcionarios irresponsables que los dejan, como es el caso del Hotel Central y el PH Independencia, pero en su mayoría, la armonía y los estilos arquitectónicos de la época se han conservado.

Visto así, si las casas del Casco Antiguo están en manos de unos pocos, ¿qué hay de malo en eso?, si lo que han hecho esos pocos es conservar un legado que le pertenece al mundo, arriesgando su capital. Lo malo es que ahora quieran echar por tierra un esfuerzo de quince años para satisfacer caprichos gubernamentales y quién sabe qué bolsillos, partiendo en dos esta esquina de nuestra ciudad que nos llena de orgullo.