Un premio al recuerdo

MARIELA SAGEL*

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 26 de junio de 2011

El día que Ñopo Eleta hubiera cumplido 58 años se entregaron los premios que la Fundación Eleta creó para premiar la excelencia periodística en varios medios y honrar la memoria de Fernando Eleta Casanovas, a casi dos años de su repentina partida. La convocatoria se había dado hace un año, con el auspicio del Centro Latinoamericano de Periodismo (CELAP) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde laboraba al momento de su deceso.


Las categorías eran para incentivar la conservación del patrimonio cultural y el patrimonio natural a través de cuatro diferentes medios de comunicación, como la radio, la prensa, la televisión y el recurso multimedia. Los jurados, dos panameños y dos extranjeros, destacaron con una mención especial a Louissis McDonas, una adolescente de 16 años que desde los siete tiene un programa radial sobre temas ecológicos y culturales en la provincia de Colón.

El premio de periodismo escrito al patrimonio natural lo ganó Oscar Cataño Lorente, del suplemento Martes Financiero, titulado ‘La provincia de Darién, taponada y abierta’ y el de periodismo cultural Rocío Grimaldo por su artículo ‘En busca de las piedras’, publicado en la Revista Panorama, de la aerolínea Copa. Los premios a los trabajos de periodismo televisivo en la categoría de Patrimonio Natural fueron a las manos de Elkirian Caballero Flores, de TVN Noticias, por su trabajo ‘Armila, el más grande santuario de la tortuga’ y el de patrimonio cultural para Raúl López Aranda por su cobertura de ‘Cuna de Acordeones, nacen nuevas estrellas’ transmitido en Telemetro Reporta.

El trabajo de multimedia que se hizo con la presea de Patrimonio Cultural fue ‘José Alberto Villa: Tabacalero de Casco Antiguo’, del portal www.enterate.com.pa y el de patrimonio natural fue declarado desierto.

Desiertas también resultaron las categorías de periodismo radial, al no presentarse trabajos hechos en torno al patrimonio cultural y al patrimonio natural en ese medio. Es realmente lamentable, porque Fernando Eleta Casanovas era un hombre de radio, que cimentó su carrera periodística a través de las ondas hertzianas, que tiene tanta cobertura, tanto potencial y es muchas veces subestimado. Los jurados y auspiciadores, al llegar a ese resultado, recomendaron a la Fundación Eleta destinar el monto que se había asignado a los premios desiertos a fin de incentivar el desarrollo de la producción radial, lo que fue aceptado con gran entusiasmo.

Los jurados de este certamen, cuya premiación estuvo llena de emoción y recuerdos de su inspirador, fueron el Dr. Stanley Heckadon Moreno, sociólogo, escritor e investigador del Instituto Smithsonian, uno de los panameños más talentosos que tenemos en ese ramo, cuya filosofía de vida lo ha llevado a establecer que si tuviera que tomar tres decisiones en la vida escogería ‘darle tres medidas a la humanidad: una de felicidad, otra de generosidad y otra de buen humor’; Luisa Massarani, brasileña y periodista científica; Elena Suárez, panameña, en representación del Banco Interamericano de Desarrollo y por ende, colega de Ñopo, quien se dirigió al público con emotivas palabras y la cineasta mexicana, Ximena Urrutia, que manifestó su gran admiración por Panamá, que lo había descubierto mediante la invitación a participar como jurado en este concurso.

Es realmente de admirar el esfuerzo y los recursos que se han unido para marcar un hito y honrar el nombre de un miembro sobresaliente de la familia Eleta, por parte de sus padres, hermanos, cuñados y demás familiares. Les tocó a algunos de ellos entregar la estatuilla que diseñó el talentoso artista Emilio Torres para establecerlo como un símbolo, artista que ha diseñado la escenografía de las empresas de medios que ha tenido siempre esta familia y que seguro también fue un homenaje al recuerdo de Ñopo. Hace escasamente un par de meses una de sus hermanas me sorprendió con una visita y el regalo de un precioso libro, tipo scrap book, que hicieron para sus familiares y algunos allegados, entre los que me distinguieron, lo que agradezco infinitamente. También estoy agradecida a Dios porque en vida pude valorar el calibre de una persona como Ñopo que aunque se fue muy rápido y muy de prisa, dejó su huella imborrable en todos los que lo conocimos y que seguiremos honrando su memoria.