Debatiendo el clientelismo

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 7 de Agosto de 2011

Este año, como en todos, hemos conmemorado nacimientos y fallecimientos de personas notables y de íconos culturales y hasta de creaciones artísticas, como el cincuentenario de los Pitufos. A Arturo ‘Chino’ Hassan, compositor panameño de gratísima recordación, autor de La Guayabita y Soñar, entre otros, le hicimos un estupendo homenaje por parte de la Fundación Nuestra Lengua en ocasión del centenario de su nacimiento. Entiendo que Cantinflas también nació hace cien años y todavía sigue alegrándonos a diario, a quien en su momento se le llamó ‘el Charlie Chaplin de México’.

Estas efemérides, como en el caso del Chino Hassán, han incluido a panameños notables. La semana pasada se conmemoraron los 30 años del accidente que acabó con la vida de Omar Torrijos Herrera, quien lideró una corriente que hoy trata de sobrevivir, a pesar de las evoluciones muchas veces lamentables que ha vivido el partido que formó.

Unas reflexiones muy bien estructuradas por el escritor y laureado intelectual Pedro Rivera, nos congregaron hace unos días para conversar sobre el presente, el pasado y el futuro del torrijismo. Pedro había hecho circular, entre amigos, un enjundioso texto escrito a raíz de la vergüenza y la rabia que en muchos de nosotros produjo el espectáculo bochornoso que protagonizaron algunos de los legisladores de nuestro partido el pasado 1º. de julio en la Asamblea de Diputados.

Pedro empezó señalando de manera categórica que nuestros códigos culturales nos han inducido a que en cada elección, los panameños votemos en contra o por la oposición al partido que estaba gobernando, no importa si ha sido bueno o malo, lo que se puede resumir en la frase conocida como ‘abajo el que suba’. Dentro de su sapiencia, el poeta Rivera señaló al clientelismo como uno de los males que ha perjudicado con mayor impacto a nuestras clases y se refirió a la estructuración de los diferentes grupos que componen al país, siendo éstos el país transitista, el agrario, el marginal y los excluidos. Esta definición no es nueva, fue establecida desde los tiempos de la colonia y se ha mantenido con sus vaivenes, a pesar de todas las remecidas que hemos sufrido.

El clientelismo, que se ha enseñoreado, no solo en el PRD, sino en todos los partidos, corrompe, embrutece, no genera nada positivo y lamentablemente, campea a sus anchas en nuestras estructuras. Es bueno volver a señalar lo que he dicho en otras ocasiones, que los gobernantes, los funcionarios, las figuras públicas, deben comportarse de manera ejemplar, porque el pueblo los imita, es su referencia inmediata y de allí el peligro de caer en la chabacanería, en las expresiones vulgares y soeces con que a veces se expresan o se comportan.

El enriquecedor debate que produjo lo que el escritor Rivera sembró produjo muchas reacciones de los presentes, gratificantemente entre los jóvenes que allí estaban, que se entusiasmaron en participar y hasta pedir soluciones en cómo cambiar las actitudes. Y es que no puede haber una juventud que no sea inquieta, con ideas contestatarias, es una contradicción biológica que no lo sea. El selecto auditorio que allí se congregó participó de forma entusiasta en aportar ideas y sugerencias para ver cómo volver a retomar la senda, cómo transformar la sociedad, elevar el nivel de comunicación y buscar el bienestar de la mayor parte de las personas. Hace falta hacer mucho, no a nivel de partido, a nivel de personas que asumen su responsabilidad histórica para elevar y, de ser posible, cambiar, el concepto nefasto del paternalismo y el clientelismo.

Dentro de las muchas intervenciones que hubo estuvo quien señaló que debemos saber cómo anda la temperatura de la sociedad, ya que los que nos consideramos que entendemos a nuestro pueblo no tenemos ni idea de lo que piensa la mayoría de la gente, y puso la comparación que ‘un tendero (dueño de tienda o de supermercado) sabe más de los individuos que los teóricos’. Cuán acertado llamado de atención, porque esto es lo que vemos a diario, cuando no entendemos cómo, con tanto desacierto gubernamental, la gente sigue contenta con nuestro Harry Potter.

Aleccionadora reunión, que ojalá nuestros políticos y seudodirigentes tomen conciencia de sus resultados y asuman las responsabilidades en lo que les toca y los que creemos en un país posible los apliquemos a nuestras acciones y nuestros intereses.