Enseñando con el ejemplo

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

 

El Siglo, 22 de Agosto de 2011 

Dice un refrán muy conocido y que le dicen a sus hijos ‘Haz lo que yo digo, no lo que yo hago’. Tal parece que esa es la tónica de algunos funcionarios que deben dar el ejemplo, ya sea por el puesto que ostentan o por la posición a la que la vida los ha llevado. También hay otro dicho conocido que reza ‘La mujer del César no solo tiene que serlo, sino parecerlo’. Es inaceptable que el ministro que tiene la cartera de Desarrollo Social, que es la que supuestamente vela por la integración de la familia, haya sido ventilado recientemente en un caso de haber desatendido económicamente a su hijo. Lo malo no es que siga en el puesto, lo peor es que las personas lo sigan percibiendo como una figura presidenciable.

Casi de la misma forma que este ejemplo demanda que una persona tenga una vida pública y privada que no esconda temas espinosos como eludir una pensión alimenticia, está el diseñar los mensajes publicitarios de manera correcta. A veces, estos mensajes no son transmitidos de la forma indicada. Actualmente estamos siendo bombardeados por cuñas radiales que están supuestas a advertirnos lo incorrecto que sería utilizar los materiales de oficina para las tareas escolares de los hijos. Para un conocedor de las intenciones que puede llevar ese mensaje institucional, pareciera que a lo que se incita es a usar los recursos del Estado o de una oficina de manera ilegal e inmoral, cuando se pretende todo lo contrario.

A veces, los mensajes subliminales no deben serlo tanto. Si uno quiere enseñar con el ejemplo, debe decirlo tal como es. Este mensaje de la Contraloría presenta el relato de un niño pidiéndole a la mamá que le traiga unos materiales para sus tareas escolares. Le pregunta si se los va a comprar y ella dice que no, que se los llevará de la oficina, a lo que el niño responde con alegría yuuuuuuuuuuuupi. Aunque al final dice que se está en una campaña de concienciación del mal uso de los recursos del Estado, el mensaje no se entiende porque la celebración o expresión de felicidad del niño debería ser de censura para la madre que quiere aprovecharse de manera incorrecta de algo que no le pertenece.

Así como el mensaje publicitario debe corregirse, si se intenta enderezar una práctica común entre los funcionarios, de la misma forma debe poner su cargo a disposición el ministro que no es bachiller y olvidarse de querer ser presidente.