Maquillaje financiero

MARIELA SAGEL

twitter:@marielasagel

La Estrella de Panamá, 31 de Julio de 2011

MIEMBRO DE LA RED DE VOCES LIBRES DE PANAMÁ.

En una conferencia sobre la forma como se están manejando las finanzas públicas, cuatro brillantes economistas, quitándoles la etiqueta con que se descalifica a los que cuestionamos el accionar público, —que somos de oposición—, nos brindaron en una forma transparente, real a real y de manera excepcional, la verdad de la danza de los millones que actualmente se está llevando a cabo, con el énfasis en proyectos faraónicos, inversiones concentradas en la capital, con el abandono evidente del resto del país, costos triplicados en la construcción por kilómetro cuadrado del Metro, de las autopistas, de las ciudades gubernamentales, hospitalarias y demás yerbas; y, para colmo, la abundancia de subsidios que no velan por las clases más necesitadas, sino que benefician a los que más tienen.

Ha vuelto a tomar vapor la idea de la torre financiera, alegando que solo va a ocupar el terreno de la antigua Embajada norteamericana, estructura que fue demolida sin misericordia, en horas libres y días de asueto. No se ha aprendido nada de la experiencia en la construcción y la apoteósica inauguración del Trump Tower, donde casi que se tuvo que echar mano de cayucos para llegar al sitio del evento, para vergüenza de muchos y perplejidad de todos; no se ha aprendido nada de la censura de los profesionales y los grupos cívicos que se han opuesto a este capricho de niño rico. De proceder con la construcción de ese proyecto, cuyos planos nuevos no se conocen, se asume que los estacionamientos, para poder sostener esa cantidad de personas —funcionarios públicos, ejecutivos, turistas y todos los que a diario acudirían a laborar o a ver el Mar del Sur de Balboa— serán soterrados y no se sabe tampoco si se usará el subsuelo de los jardines del Hospital Santo Tomás y del depósito de vacunas. Si se usan, en lo que se persigna un ñato se cambiará la densidad para estos dos solares y de allí a que se saquen a la venta —aunque sean terrenos del Estado, como lo es el de la antigua sede gringa— es cuestión de un mensaje enviado por Twitter.

Esta danza de los millones supera lo que nadie se hubiera imaginado hace 25 años, cuando criticábamos la gestión de los militares. En la presentación de los ilustrados economistas se vio claramente (y no mediante anuncios pagados, como hace el gobierno) que las gestiones Moscoso—Martinelli han endeudado al país de manera desenfrenada y la actual, a solo dos años, ya le pisa los talones a la de la viuda del Fufo. Las estadísticas arrojan que se ha registrado el mayor incremento de la deuda nacional, sin incluir los proyectos llave en mano, la compra de los corredores, la expansión del aeropuerto de Tocumen para usufructo de una sola aerolínea, autopistas que llegan solo a los proyectos turísticos de unos pocos y la interconexión eléctrica, que nadie sabe cómo nos va a beneficiar, sobre todo si bajará la tarifa de electricidad.

Nos ha quedado muy claro que el presupuesto que acaban de aprobar tiene serias dudas de transparencia. Que no se puede crecer, en el país, a punta de gasto público, que el crecimiento no se sustenta con más gasto. Que el gasto espera un retorno con mayores beneficios de lo que se invierte, superior a sus costos.

Solo para un ejercicio matemático, el costo por kilómetro del Metro es de $132 millones, para beneficiar a solo 60,000 personas (y que conste que yo estoy a favor del Metro, pero no de la forma que se está haciendo y que además está muy tarde), versus el Metrobús, que impacta a 800.000 personas. La pretendida tercera fase de la Cinta Costera, bordeando el Casco Antiguo, estaría arriba de los 200 millones por kilómetro, violentando un Patrimonio de la Humanidad, sepultando a Barraza y El Chorrillo, a pesar de lo que grita Chello y sus asalariados, y beneficiando al final a los promotores de proyectos, que añoran llegar con sus yates a las privilegiadas marinas que van a construir.

Debemos sopesar en dónde está la orientación de la actual gestión, enfocada hacia el lucro personal, habiendo recibido unas arcas repletas, en medio de la burbuja inmobiliaria y la expansión del Canal. Quedaremos en las latas si el crecimiento se cae, la salubridad del país se descuida, y se sigue mirando para otro lado cuando se habla de educación.