Comunicándonos mejor

MARIELA SAGEL

El Siglo, 25 de julio de 2011 

Con tantos recursos que tenemos a la mano, redes sociales como Facebook, Twitter, correo electrónico, teléfonos celulares, y la infalible televisión, es realmente deplorable que nuestras habilidades comunicacionales se vean desmejoradas día a día.

Lo primero que debemos tomar en cuenta es que para poder comunicarnos mejor tenemos que saber escuchar. Pasamos la mayor parte del tiempo del día o de las horas hábiles expuestos a las palabras, ya sea escribiéndolas, leyéndolas, escuchándolas, viéndolas y/o emitiéndolas. Con la rapidez que ahora tienen las comunicaciones, tendemos a ser descuidados en la redacción, la conjugación de los verbos y sobre todo, la escritura. Hace poco alguien inició una campaña contra el terrorismo ortográfico con la conjugación del verbo ‘haber’:

“Haber” es un verbo,

“A ver” es mirar,

“haver” no existe.

“Hay” es haber,

“Ahí” es un lugar,

“Ay” es una exclamación,

“ahy” no existe y “haiga” tampoco.

‘Haya’ es haber,

‘Halla’ es encontrar,

‘Allá’ es un lugar,

“Aya” es una niñera.

“Iba” es de ir,

“Iva” es un impuesto e “Hiba” no existe.

“Valla” es un cartel grande,

“Vaya” es ir,

“Baya” es un fruto.

¡Y sobre todo, no se dice ‘hubieron’ sino hubo! Esta aberración me hace reaccionar como si me sentara sobre alfileres cada vez que la escucho, especialmente si la usan a través de los medios de comunicación los funcionarios públicos, periodistas y animadores de televisión.

El arte de la comunicación, de acuerdo a las publicaciones de la periodista colombiana Sonia González, son trascender, impactar, influir y transformar a través de la construcción de una cultura de comunicación inteligente, los valores y la responsabilidad social en los países. Esta experimentada comunicadora recientemente comentó una serie de tres libros sobre el tema en una entrevista con el periodista cubano Ismael Cala de CNN en español. En esos libros rescata las habilidades de comunicación hablada, donde subraya que vale más saber poco pero decirlo bien, que saber mucho y no tener idea de comunicarlo; de la comunicación escrita, porque vale más escribir para ser leído, y finalmente, las habilidades de comunicación y escucha, porque jamás podremos comunicarnos bien si no sabemos escuchar.

Además de comunicarnos mejor, bajar el tono y no usar palabras ofensivas y denigrantes y pronunciar correctamente, debemos elevar el discurso que usemos, cultivar el idioma y trabajar un poco en el lenguaje corporal, o lo body language, que a veces dice más que las palabras. Si no me creen pregúntenle a Chello Gálvez.

Escogiendo trincheras

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

Miembro de la Red de Voces Libres de Panamá

24 de Julio de 2011, La Estrella de Panamá

twitter: @marielasagel

Son muchos los temas que pudiera comentar que ocurrieron la semana que acaba de pasar, que estuvo revuelta por los incontinentes twitteos de los políticos, quienes deberían guardar un poco de recato al contestar lo primero que les venga a la mente, especialmente si con sus palabras ofenden tanto a unos como a otros. Comprendo que la impotencia por la doble vida que se lleva a cabo en el país, que muestra una imagen de bonanza y desarrollo incomparable y en el subsuelo es un muro de contención de indignación y de alcantarillas tapadas, lleve a un panameño común a proferir insultos al mandatario de la República, haciéndolo responsable del costo de la canasta básica. Por el otro lado, la rabia —y a lo mejor el momento menos preciso, porque no se tenía el lithium a mano— lleva a responder al presidente de forma precipitada, para después convertirse en el hazmerreir no solo de los twitteros locales sino de los internacionales, nos ha tenido entretenidos, maravillados por la creatividad de los panameños, que ahora le encuentran toda clase de significados al acrónimo HP.

He mencionado en mis otras columnas que siempre que hay ciertos escándalos sin sustento, como los supuestos hackers a los ministros, viene una bomba peor y se tiran cortinas de humo para esconderlas. Es por eso que cada uno debe escoger su trinchera desde donde va a aportar a la patria, si tiene la convicción y el compromiso de hacer un país posible, como aspiraba Raúl Leis. Además de mi insistencia sobre la importancia que se le debe dar a la educación y mi compromiso en elevar el nivel cultural de los que me leen y ojalá de la mayoría de los panameños, se me presenta la oportunidad de hacer algo por el corregimiento de Bella Vista, gracias a que recientemente formé parte de una nómina de ciudadanos ejemplares, miembros del PRD, que ganamos en las elecciones internas celebradas en abril.

Siendo Bella Vista un corregimiento un tanto elitista (por lo menos así se le percibe), creo que es muy importante que a través de acciones que vayamos a emprender éstas se repliquen en otras poblaciones de la ciudad. Esa fue la estrategia de Antanas Mockus, cambiarle la actitud al residente de Bogotá, una ciudad altamente peligrosa y fue así que se volvió cordial, respetuosa, bajaron los índices de criminalidad, de prostitución y de violencia y se creó la infraestructura de vialidad para que circularan bicicletas, peatones, ancianos y niños, al igual que discapacitados y se conviva hoy día con armonía y en contacto con la naturaleza.

Nuestro propósito no es realizar acciones proselitistas, sobre todo para un partido que ha estado y todavía está en cuidados intensivos. Por eso precisamente debemos marcar la diferencia, para que a través de nuestra gestión hagamos posible lo que los candidatos a alcalde, representantes y diputados en las pasadas elecciones no pudieron hacer realidad porque no fueron electos. Si desde la más alta dirección de la comuna capitalina no se ha podido en dos años más que defender una silla (que por suerte ahora no es tan voluminosa ni tan pesada) y a la figura del burgomaestre le ha quedado solamente inventar nuevos impuestos y le faltan huecos para todas las patas que mete, es hora de levantarnos y dejar de criticar y empezar a desarrollar acciones que van a demostrar que se puede alcanzar el objetivo de bienestar para todos. Desarrollaremos un nuevo modelo de organización democrática participativa a través de nuestras acciones con una propuesta de sus orígenes y la ruta de desarrollo e integración nacional.

Ya veremos cómo nos va. Obras son amores y no buenas razones…, como dice el refrán español. Tenemos la voluntad, el compromiso y el empeño en lograr nuestros objetivos. Parafraseando a Albert Einstein, cuyo pensamiento fue plasmado en nuestra propuesta y reafirmada el día del acto de la toma de posesión, ‘mi ideal político es el democrático, cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado’. Mi trinchera es la pluma (o la computadora, porque tengo casi 25 años que no sé lo que es escribir un artículo con un bolígrafo) y también será desde esa junta directiva donde me han distinguido sumándome y trataré de dar lo mejor en el trabajo que allí realice.