Para aguantar los tranques

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 29 de Agosto de 2011

La semana que recién terminó estuvo repleta de nuevas rutas que fueron debidamente advertidas en virtud de los trabajos que se realizarían en la ciudad, para hacer realidad una mejor vialidad, una reorganización del transporte masivo y, eventualmente, una modernización de todo el sistema de traslados de un lado a otro.

Si bien para muchos estos inconvenientes-que tal parece que los responsables se han empeñado en hacerlos todos al mismo tiempo-son dramáticos y en algunos casos, muy perjudiciales para su sostenimiento como negocios, los mismos pueden ser paliados por una mejor actitud de nuestra parte hacia los peatones y los mismos conductores que se empeñan en pasarse la luz cuando ya se ha puesto amarilla, dando como consecuencia que las vías que seguidamente van a poder iniciar su marcha no puedan avanzar porque se ha bloqueado el paso. Debemos adoptar una sana actitud de cortesía, aunada a un empeño personal para que no nos afecte la demencia que se ha apoderado de los conductores, que maldicen, hacen señas obscenas, trancan los pasos y en el peor de los casos, hasta golpean los autos que han osado pasar cuando ellos se han lanzado a las calles.

Hay que analizar cuidadosamente si con nuestras rabietas, las maldiciones que proferimos, los insultos que vertemos y la alteración de nuestro ritmo cardiaco vamos a llegar antes a nuestros destinos. Si la adrenalina que producimos insultando a los que creemos responsables de nuestros atrasos va a mejorar a los empleados que hacen su trabajo, lo hagan bien o mal. Si nuestro acelerado paso por estos inconvenientes temporales debería ser abordado de una manera más calmada, más cortés y más filosófica.

En Bogotá, una ciudad que tenía un alto índice de criminalidad y que era agresiva y peligrosa, se diseñó un cambio de actitud ciudadana que culminó felizmente en el mejoramiento de todos los residentes porque se empeñaron en ser corteses, en respetar las cebras (pasos por donde deben cruzar los peatones) en hacer un gesto de aprobación cuando alguien les cedía el paso porque no podía avanzar o simplemente porque quería practicar la cortesía. A partir de ese cambio de actitud, las personas se fueron contagiando de esa modalidad y hoy vemos cómo se respetan las ciclo vías, los peatones y los bogotanos no se cuelgan innecesariamente de la bocina, evitando así que se contamine en forma auditiva una urbe ya de por sí congestionada por su gran población.

En ese cambio de actitud debería enfocarse la administración municipal y también las de los corregimientos.