Prudencia fiscal

MARIELA SAGEL

El Siglo, 1 de Agosto de 2011

Los análisis financieros que presentan los economistas serios panameños, que no maquillan las finanzas públicas, sino que detectan el disfraz del que las mismas están siendo objeto, arrojan una alerta sobre la prudencia que debería haber en el gasto público y el incentivo del ahorro, que en dos administraciones PRD han sido la base que ha permitido eliminar los déficit recurrentes y elevar significativamente la capacidad de inversión del Estado, lo que ha arrojado un ambiente de sostenido crecimiento para el país, que lo sitúa en la privilegiada posición de la que gozamos.

Un ambicioso programa de inversiones públicas es en beneficio del país, pero el mismo debe regirse por la Ley de Responsabilidad Social y Fiscal, que incluye los proyectos de factibilidad económica y financiera, que parece que se han abandonado en el delirio que se ha apoderado de esta administración, que se concentra mayormente en la capital, abandonando en forma lamentable al interior de la República y mostrando a todas luces que las mismas van orientadas a beneficiar intereses particulares.

Se hace mucha alharaca con que el país tiene grado de inversión y que las calificadoras de riesgos aprueban la marcha de la economía, que crece como la espuma, pero también y, así mismo, va creciendo la deuda y los costos per cápita se han disparado (y también por kilómetro). Tendremos el Metro más caro del mundo, para atender a un pringo de personas (132 millones el kilómetro) y una tercera fase de Cinta Costera que además de burlarnos de 187 países miembros de la Comisión de Patrimonio de la UNESCO, que nos dio el voto de confianza para que se hiciera de una manera correcta esta necesaria prolongación de la costanera, nos hará salir de la lista de Patrimonio de la Humanidad, en detrimento del sector turismo, cultural e histórico.

Se debe tener mucho cuidado con un sobrecalentamiento de la economía, pensando que la burbuja y la expansión del Canal serán eternas. Se insiste en construir una torre financiera en un sitio que va a causar un verdadero atolladero, como pasó con la torre Trump, y el país está al borde de una epidemia de dengue, la educación da tumbos sin rumbo fijo y cada día es más peligroso circular por las calles, porque en la calle hasta por un Blackberry lo pueden matar a uno.

Si vamos bien, debemos ir bien en todo sentido, no solo en beneficio de unos pocos.