Genialidad en peligro

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 13 de noviembre de 2011

Alberto Einstein fue uno de los más eminentes científicos y pensadores del siglo XX. De origen alemán y judío, abandonó Alemania en los albores de la II Guerra Mundial y emigró a los Estados Unidos, país que lo adoptó. Es el autor de la teoría de la relatividad y aunque se le considera el padre de la bomba atómica, sus escritos son fuente de referencia de ideas pacifistas. Una de sus frases más conocidas es ‘Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro’. 

El Cangrejo, donde vivo hace más de 15 años, es uno de los barrios que aún conservan el concepto de comunidad y cuyo trazado inicial respetó las sinuosas formas de la topografía, dando como resultado calles que bordean y no siempre van rectas, pero que le han ido añadiendo mucho savoir faire: es como el Greenwich Village de la capital. A pesar del desenfreno de la construcción que ocurrió en años recientes, y el congestionamiento del vecindario, sigue gozando de cierta preservación de la arquitectura de los años ‘50, cuando fue fundado. En el Cangrejo se encuentra de todo y son íconos del área la vía Argentina, llena de bullicio, restaurantes y bares, el parque Andrés Bello, obligado pulmón del área y el monumento a Alberto Einstein. Si uno va a dar una dirección se refiere a éstas y otras obligadas referencias, como la casa de Mano de Piedra o el Restaurante El Prado.

En el triángulo que forman la calle Arturo Motta, la calle F y la san Juan Bautista de La Salle, en una pendiente, surge de la grama el homenaje que un grupo de la comunidad hebrea encargó al escultor panameño Carlos Arboleda en 1967, que es de piedra y refleja su cabeza en grandes dimensiones. Durante el día este punto es muy transitado, casi agresivo, pero Einstein sigue impasible generando su sabiduría.

El escultor Arboleda, con 87 años, siempre ha estado muy orgulloso de esta obra que se ha convertido en una referencia. A pesar que durante años ha pedido que no se pinte de blanco para que deje traslucir la marmolina con la que fue esculpida, sus observaciones han sido desoídas. De la misma forma se ha opuesto a que le siembren árboles bajos, pues ellos impiden percibir la magnificencia del genio a quien se ha querido honrar.

En los últimos días, los caminantes del Cangrejo hemos visto una serie de actividades de construcción en la plazoleta, a la que le han atravesado un sendero y según he podido informarme, la lleva a cabo el despacho del representante, con la intención de colocar bancas para que nos podamos sentar a leer un libro o que los turistas se tomen fotos. Es una decisión totalmente desacertada, inconsulta, excluyente, resultado de la improvisación y de la falta de visión de una gestión que no ha sido capaz de reparar las aceras, tapar las alcantarillas o contribuir al ornato del corregimiento de Bella Vista, que cada día más se acerca a ser Fea Vista. Estos fondos que se están invirtiendo bien pueden utilizarse en reemplazar las luminarias y brindar más seguridad a los que diariamente recorremos sus vías y los miles de visitantes que frecuentan los sitios de entretenimiento que se abren en los alrededores.

Los residentes de El Cangrejo exigimos un alto a esta afrenta a un genio como lo fue Einstein y respeto a la obra del escultor Carlos Arboleda, sobre el que el representante adujo desconocer que había sido quien la esculpió. Mejor dicho, ni se tomó el trabajo de investigar. Nos reiteramos en otra de sus frases célebres: ‘La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa’.