Lúmpenes intelectuales

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 12 de diciembre de 2011

El miércoles pasé por la desagradable coincidencia de estar en el noticiero de Telemetro cuando el excontralor, Alvin Weeden, y el ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, se insultaron de una manera vergonzosa, en vivo. Estaba allí porque desde hace un año conduzco un pequeño segmento en el que recomiendo libros, que actualmente tiene mucha audiencia.

Álvaro Alvarado me dejó de tarea, cuando me tocó intervenir, que definiera lo que era un ‘lumpen’, porque entre ellos uno indicó que un ‘lumpen intelectual’ conducía la opinión pública y el otro le dijo que él, su interlocutor, era un lumpen, que era un oportunista y un mentiroso, se armó un escenario de patio limoso que nos dio vergüenza ajena. En mi turno me esmeré en desentrañar los epítetos que se esgrimieron, sin entender completamente lo que es un ‘lumpen intelectual’, porque ambos términos deben ser incompatibles.

La palabra ‘lumpen’ es de origen alemán y Carlos Marx la usó inicialmente definiendo al lumpenproletariado como improductivo y regresivo, propenso a ser utilizado por la burguesía y la aristocracia para su propia supervivencia y dependiente de las clases de poder.

El lumpen generalmente carece de conciencia política y es susceptible a ser manipulado. La sobrestimación a ser intelectual, no lo entiendo y quisiera que alguien me lo explicara. Si un lumpen intelectual es quien maneja la opinión pública, entonces estamos en problemas.

En su ‘blog’, Juan José Ayuso definió al lumpen intelectual como el que hace los discursos de presidentes y ministros, lo que sospecho no es el caso al que se refiere el funcionario. Según el ‘bloguero’, en la agenda de ese lumpen está también el diseño, redacción e implementación de programas para satisfacer las necesidades populares que en realidad solamente buscan proyectar una mejor imagen del político en el Gobierno o detrás de él y por lo general no obedecen a la realidad de lo proyectado, sino a lo que el susodicho entiende que debe proyectar o parecer su patrón.

Panamá necesita que se eleve el vocabulario que usan los políticos. No se puede estar violentando ni la cortesía tolerada en los medios, sobre todo en vivo, ni la integridad de las personas. Si uno ve a las figuras que ostentan las más altas posiciones en estos ‘chiqui shows’, qué podemos esperar que emulen nuestros ciudadanos.

¿Será esa la definición a la que quiso referirse el ministro Mulino cuando definió a quien maneja la opinión pública? De serlo, necesitamos saber quién es. ¿O será solamente una chusma sublevada?

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