Odiosas comparaciones

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

4 de diciembre de 2011, La Estrella de Panamá

Acabo de estar en la Feria del Libro de Guadalajara y no dejo de comparar la forma en que se toman los mexicanos los temas culturales, y la actitud que tenemos los panameños hacia esos asuntos. En Guadalajara, una ciudad de millón y medio de habitantes, todos se visten de feria. La FIL se celebra en un edifico de casi 100 mil m2 para exhibición, y ese recinto se convierte en la exposición cultural y editorial más importante de Iberoamérica, donde se dan cita profesionales de la lengua, libreros, editoriales, ilustradores y hasta los políticos para exponer sus planes de gobierno. Son varios los seminarios que se dictan durante la feria, de derecho de autor, de traductores, del libro electrónico, de turismo cultural, en fin, parece que allí el cielo es el límite.

Los hoteles que están alrededor de esa inmensa mole, que se llama Expo Guadalajara, imprimen las llaves de las habitaciones —las tarjetas magnéticas— con el logo de la FIL y el nombre de la editorial que la patrocina. Igualmente, los colgantes de las puertas que advierten si uno no desea ser molestado o si requiere que le arreglen la habitación, hacen alusión a la feria. Este año, como el slogan era SOMOS LECTORES, un lado decía ‘Lectores en reposo’ y el otro decía ‘Fuimos a la FIL’. El patrocinador de esos ‘gimmicks’ tiene derecho a usar el logo y los colores y de ese apoyo la organización de la feria obtiene recursos. Un ejemplo impresionante de responsabilidad social empresarial orientada a incentivar la lectura.

Los habitantes de la ciudad más emblemática de México, incluyendo a los conductores de taxi, están muy al tanto de todo lo que acontece. Los hoteles brindan transporte gratuito desde y hacia el centro ferial y si tomas un taxi solo indicas que vas a la FIL ni siquiera mencionas el lugar donde se celebra la feria. Están orgullosos que allí se den esas actividades. Cuando las puertas se abren al público, en horas de la tarde y el fin de semana en que termina la feria (hoy domingo) se estima que unas 60 mil personas diarias se hacen partícipes de esta gran fiesta. El pabellón infantil tiene una entrada separada, lo que lo hace más accesible para las visitas de las escuelas y al aire libre se desarrollan conciertos y actividades de todo tipo en los anfiteatros y plazas que conjuga la Expo Guadalajara.

El país invitado de este año era Alemania y se lució llevando a la ganadora del Nobel de Literatura 2009, Herta Müller. La explanada, que es lo primero que uno ve desde la entrada principal, estaba recreada como un inmenso bosque de árboles blancos y alrededor, desde el alto techo, estaban los colores del logo en interesantes juegos de iluminación. El ser país invitado lo compromete a tratar el tema como uno de Estado, y su presencia está no solo en todo el programa de la feria, sino también en galerías, conciertos y lo que gire alrededor de dar a conocer la riqueza cultural nacional. El idioma no es obstáculo, las traducciones a todos los idiomas están disponibles.

Qué envidia provoca asistir a este tipo de eventos, donde las instituciones del gobierno asumen la seria responsabilidad de endosar algo tan básico y elemental como es la cultura y la lectura. La conexión de Panamá con el vuelo directo obliga a los visitantes de casi todo el continente a pasar por nuestro aeropuerto. Panamá bien puede, si nos pusiéramos las pilas, llegar a ser un centro importante para celebrar eventos similares. Incorporar la cultura a la promoción del país.

¿Será que algún día nos daremos cuenta que invertir en cultura sí paga?