Ser zanahoria

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

 

El Siglo, 21 de noviembre de 2011                  

En nuestro país nos hemos acostumbrado a repetir sin saber el verdadero significado de los términos. Es así como he quedado sorprendida de que hasta los más ilustrados profesionales no saben por qué se le ha llamado a la ley que exige el cierre de bares y centros nocturnos como ‘ley zanahoria’. La palabra, alusiva a una planta herbácea umbelífera, es muy usada entre los colombianos para señalar a un mojigato, reprimido, que no transgrede lo establecido. Alguien que no toma, no fuma ni baila pegado.

La ley bajo ese nombre se le atribuye a quien fue alcalde de la capital colombiana, Santa Fe de Bogotá, Antanas Mockus, en la década de los 90. Esa ciudad tenía un alto índice de accidentes de automóvil, producto del excesivo consumo de alcohol, y la mayoría de estos se daba después de la una de la mañana. Mockus, filósofo y matemático, llegó con una propuesta nueva a la Alcaldía de Bogotá y analizando la ventaja que tendría para los bogotanos en general controlar, hasta cierto punto, la violencia en las calles y los excesos que se producen en horas de la madrugada, empezó a crear conciencia de las ventajas que significaba para la mayoría de la población el que se restringiera el acceso a lugares de diversión y expendio de licor después de ciertas horas de la noche. Por supuesto que hubo oposición, especialmente de parte de los dueños de bares y discotecas —como ocurre aquí— pero por otro lado, al ser una propuesta buena y que hacía mención a un término que tenía sentido para los habitantes de la ciudad, caló por la urgencia de adoptar este tipo de restricciones para que, sobre todo, los padres de adolescentes parranderos pudieran dormir tranquilos.

Mockus no se conformó con esbozar la ley y exponer los beneficios de ella: creó un verdadero delirio con la zanahoria, al punto que en conciertos de Carlos Vives, por nombrar solo un ejemplo, los empleados municipales, bandeja en mano, ofrecían zanahorias a los asistentes, así como vistió en las calles de la capital colombiana a personas con disfraces de zanahoria. La gente empezó a entender y a querer que se aplicara la ley y los resultados han sido altamente satisfactorios, y se adoptado en otras ciudades colombianas.

Tenemos que estudiar ejemplos como este para adoptarlos, sobre todo en la sensibilización que se le dé a la población, y que no se vea como una simple imposición.