Pueblos originarios

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá,  5 de febrero de 2012

Para cuando este artículo salga, espero que se haya levantado el bloqueo que llevaban a cabo los indígenas de la etnia Ngäbe Buglé a la altura del Oriente Chiricano. Este incidente ha sido objeto no solo de mucha atención por parte de los medios, tanto nacionales como internacionales, sino que ha causado serios problemas de abastecimiento de vegetales y productos lácteos, entre otros, ya que la provincia de Chiriquí es lo que se puede señalar como ‘el granero’ del país.

Hago memoria y busco entre mis archivos y recreo la fecha de fines de agosto de 1999, cuando fui a entregarle a ese orgulloso pueblo el Decreto Ejecutivo No. 194 en el que se adoptaba la Carta Orgánica Administrativa de la Comarca Ngöbe Buglé. Me impresionaron varias cosas de esa visita, cuando me trasladé a esas montañas. En la escuela nos enseñaron a llamarlos Guaymíes, no ngöbe ni buglé, que son los más antiguos habitantes de nuestro país, habiendo combatido contra los españoles en el siglo XVI. Me impresionó el paisaje, de una belleza natural sobrecogedora, la laboriosidad de sus habitantes y, sobre todo, el liderazgo de las mujeres, algo que no es muy común en las poblaciones indígenas.

El cacique Urracá, tras de cuyo nombre se han levantado varios monumentos y hasta acuñado monedas, era parte de este grupo indígena y combatió por unos nueve años a los españoles. Se conoce que estos indígenas fueron desplazados a principios del siglo XX de las tierras que ocupaban hacia el centro de la cordillera que atraviesa el Istmo. Con la carta orgánica, y la política indigenista que se practicó en el quinquenio 94-99 se delimitó el territorio, se determinó su manejo organizacional y se resguardaba tanto su cultura como sus riquezas y recursos naturales.

Ha pasado ya una década y un poquito más desde esa fecha, el nombre ahora ha sido cambiado a Ngäbe, entiendo que por la pronunciación es así como se oye, y se han realizado elecciones donde inclusive ha salido electa una mujer cacique. Con el interés en reactivar la minería y otras actividades que se vuelven lucrativas en la medida que el precio del mercado de los metales aumente, se han hecho movimientos erráticos e inconsistentes en cuanto a reformar el código minero y se ha manejado la situación de manera superficial y confrontacional, sin medir las consecuencias.

Es muy importante que en medio de estas circunstancias, de la toma de conciencia que ha tenido ese orgulloso pueblo y la manera en que ha hecho sentir su rechazo, sin que se haya invertido en permear los posibles beneficios que pudiera tener un desarrollo ecológico, hidroeléctrico o hasta minero, de bajo impacto, se vuelva el marcador a cero y se evalúe no solo qué es lo mejor para el país en términos de los inversionistas extranjeros, sino en virtud de los habitantes que van a recibir los beneficios directos, como son desarrollo, puestos de trabajo y conservación de sus invaluables recursos naturales. Creo que en Panamá hay muchos expertos en el tema indigenista que pueden dar luces sobre esto, pero necesitamos salir de este trancón y eventual paralización del país, como urgencia prioritaria por parte de los que nos gobiernan.

Lo de pueblo originarios viene de cómo se les llamaba a los indígenas americanos para reivindicar su cultura, y los kunas llamaron Abya Yala a nuestro continente. Recordemos que hace más de 25 años esa gran fotógrafa que es Sandra Eleta produjo un valioso documental bajo ese nombre, anticipándose a nuestro reconocimiento por el legado y gran valor de nuestros compatriotas que hoy más que nunca debe ser escuchado y respetado.

 

Espaldarazos ausentes

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 30 de enero de 2012

 Mucho se repite que el turismo y las infraestructuras son las que están poniendo a volar este país. El primero, por la consistencia que ha tenido en el desarrollo de sus políticas, sin verse afectado por los cambios de administración desde hace 18 años; y el segundo, por la urgencia en modernizar las redes que comunican la ciudad capital con los polos de desarrollo en otros lugares.
El Estado está para ser facilitador de los emprendimientos que hagan los empresarios, sean saurios o no, y se beneficia de los valores agregados que estos le imprimen.

Sin embargo, dos eventos acontecidos la semana pasada no contaron con funcionarios de alta jerarquía del Gobierno actual, que respaldaran con su presencia todos los esfuerzos y riesgos que se toman los profesionales de las diferentes ramas de la economía: uno fue la inauguración del Hotel Westin, en Playa Bonita, una inversión de arriba de los 100 millones de dólares que, al momento de lanzar los fuegos artificiales, ya tenía una ocupación de cerca del 60%. En su discurso inaugural, el Ing. Bern destacó el trabajo de todos los trabajadores que en determinado momento contribuyeron con su esfuerzo a que esa facilidad turística y hotelera estuviera lista para atender los visitantes, especialmente durante la época de verano.

El otro evento fue la toma de posesión de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), que reúne a los profesionales que más beligerancia tienen ahora mismo en virtud de las obras que se adelantan en la ampliación del Canal, la construcción del Metro, la extensión de la Cinta Costera, etc. Este gremio, según mi criterio, ha sido totalmente soslayado de la esfera pública, ha perdido beligerancia y no es tomado en cuenta en los momentos que más urge que sus talentos coadyuven a deslindar cualquier duda que se levante en torno a los proyectos que se están ejecutando.

Cuando ocurre algún problema, los gremios empresariales corren a levantar su voz y el Gobierno a tratar de apaciguarlos. Pero son los profesionales, ingenieros, arquitectos, médicos, abogados, especialmente los que tienen reglas muy establecidas sobre la idoneidad que deben gozar los que vienen a ejercer al país, aunque sea temporalmente, los que deben hacerse oír y emitir su opinión en determinado momento.

No debe haber lugar para suspicacias en estos aspectos. El Gobierno, si es coherente con su política de incentivar la inversión, debe avalarla con su presencia y no ser selectivo, especialmente si en ello se le van antipatías o sesgos partidistas