Carencias en la educación

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 29 de enero de 2012

Mi admirado amigo Modesto Tuñón abordó en su columna semanal de esta decana, el pasado miércoles, un tema que es puntual en nuestro desarrollo como país, como el desfase en la educación y el fracaso incomprensible que arrojan los estudiantes, producto de la improvisación, de las influencias del medio y de las prácticas docentes que han desestimado la lectura para dar paso al copy paste en las investigaciones.

Y el profesor Tuñón se estaba refiriendo solo a la asignatura del español, cuyo maltrato debe estar haciendo revolverse a los grandes maestros de nuestra lengua en sus tumbas.

Pero en Panamá tenemos una realidad que también es muy triste, la práctica del inglés, que se ha visto muy deteriorada en los últimos años. Cuando yo era estudiante de secundaria, en un colegio de monjas privado, el inglés se daba todos los años y a un nivel que nos permitía, apenas egresábamos, entrar a un curso avanzado de inglés y de allí directo a una universidad estadounidense.

Cuando le tocó el turno a mi hija, decidí que fuera totalmente bilingüe, porque en esa destreza veo el futuro de los profesionales, así que ella se graduó en el Colegio Episcopal, donde además del inglés, también salió hablando bastante bien el francés, lo que le ha servido mucho en su desarrollo profesional.

Pero tal parece que el reforzamiento que existía en mis tiempos sobre el inglés se ha ido flexibilizando, al punto que nuestro país, con ese enfoque hacia el turismo extranjero y especialmente el norteamericano, no es consecuente en brindar orientación y servicios en inglés a los que así lo requieran. Mi hermana, que recién se trasladó a vivir a Panamá, y mi cuñado, se ha encontrado con una carencia absoluta, especialmente en las empresas de servicio (teléfono, luz, agua) de una opción telefónica donde se atienda en el idioma de Shakespeare con propiedad, como ellos estaban acostumbrados en un remoto país de Asia, donde vivían. Hay que tomar en cuenta que los retirados que llegan a este país posiblemente no escucharon a nadie hablar en otro idioma hasta que salieron de sus pueblos, por lo que el aprendizaje se les hace más difícil.

Mucho se ha hablado de los ‘call centers’ y la cantidad de puestos de trabajo que ellos ofrecen. También se ha dicho que no hay en Panamá suficiente personal con conocimiento del inglés para llenarlos y ahora prolifera la publicidad de ‘cursitos on line’ que lo que hacen es confundir más a los que pudieran estar interesados en mejorar o aprender el inglés.

Más alarmante es que, sin poder dominar el español, por el fracaso que señala el Profesor Tuñón, el inglés se aprende a trompicones y con ‘slangs’ que no aportan ni elevan el conocimiento. Las cuñas publicitarias incorporan estos ‘slangs’ que siempre van ligados a estimular sexo, dinero o licor. Los chats y twitters (trinos, dijo recientemente Daniel Samper en una maravillosa conferencia) pisotean tanto el español como el inglés y las personas ni siquiera se interesan, a la edad que sea, en aprender, mejorar o conocer el inglés, porque tampoco les interesa hacer lo mismo con su lengua madre, el español.

Lo que es aún peor, el mal uso del idioma se da en figuras públicas y, como uno tiende a imitar al que considera que es líder (aunque de esos tengo muchos años de no ver uno, ni vivo ni muerto, mucho menos desenterrado), pareciera una gracia decir babosadas para definir el dinero en un mensaje presidencial, lo que debería parecernos lamentable que nuestros políticos se expresen así.

‘Revuelvo la mirada y a veces siento espanto’, de la poesía Patria de Ricardo Miró, casi se convierte en que ‘casi siempre siento espanto’ del rumbo que está tomando la educación en general en Panamá