Comunicación desde el gobierno

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 8 de enero de 2012

No es un tema nuevo y no es la primera vez que escribo sobre él, pero toma relevancia ahora, después que nos hemos pasado una semana reaccionando al discurso que dio el presidente Martinelli en el estreno del III período de las sesiones de la Asamblea de Diputados. Tanto el vocero presidencial como los analistas que debaten a diario, como los mismos periodistas, han dado la versión de cómo ven a los medios de comunicación y los comunicadores y todos coinciden en una realidad: sus representantes no son los relacionistas públicos de una institución de gobierno, a menos que opten por complacer, bajo cuerda, a determinado funcionario.

Se los dice quien ha estado en ambas situaciones: como alta funcionaria de gobierno siempre resentía que lo bueno que hacíamos no se destacara, pero cualquier noticia era motivo de acoso y hasta de manipuleo por parte de una prensa tradicionalmente cuestionadora. Pero es lógico que, como dijo alguien, no sea noticia que un avión despegue a diario de Tocumen, la nueva sería que ese avión tuviera un accidente.

Si en algo nos parecemos los que siempre estamos pendiente del acontecer diario es que somos muy críticos a la hora de juzgar, especialmente si no es de nuestra simpatía, y anticipadamente ponemos etiquetas a las personas por haber tenido una determinada trayectoria o ejecutoria. A veces tenemos que enmendar ese juicio crítico que aflora en nuestros comentarios, especialmente si permitimos que fluya con opiniones sesgadas y no información objetiva, para que la lectura de nuestras columnas sea alentadora, y no se conviertan en la misma cantaleta de la cual todos hablan.

La comunicación desde las instituciones de gobierno, en esta era de la inmediatez comunicacional y conectividad 24/7 es todavía más relevante, porque el que primero dispara una noticia, a través de una red social, es al que le creen. Un ejemplo del desconcierto pasó la semana pasada con los hechos que sucedieron después del desfile de los globos: la gente twitteaba que había disparos, que había pánico y desordenes, y el director de la policía se limitó a decir que no daría información hasta el día siguiente. La presión fue tan grande que tuvo que salir el vocero de la institución de manera inmediata a explicar y calmar los ánimos y ese día siguiente participar de un panel de debate para explicar lo sucedido.

Otro mal ejemplo de cómo manejar una información desde el gobierno fue el accidente de la avioneta en Darién, en el mes de agosto pasado. El ministro del ramo twitteó que se había encontrado el aeroplano y que estaban bien los pasajeros, cuando nunca eso fue cierto y de hecho, solamente se ha encontrado un cuerpo sin vida y se ha tenido que pedir ayuda a Chile para la expedición de rescate y búsqueda, a ver si al menos se encuentran algunos restos. Las corrientes marinas seguramente ya deben tener ese fuselaje por la isla de Pascua.

Es importante que se informe con responsabilidad, sin estridencias y que se entienda la importancia de una buena comunicación desde el gobierno, que es la fortaleza de decir las cosas como son. En la antesala de un Aló Presidente en nuestro país, esperamos que la iniciativa, ya practicada en el pasado de manera elocuente, sea efectiva y transparente, y sobre todo, que se pauten los espacios, no se pretenda encadenar a las emisoras sino que se honre su valioso tiempo aire. Y sobre todo, que quien escribe esos mensajes lo haga de manera conciliadora y no de confrontación, que ya no podemos seguir estando en permanente enfrentamiento sino enfilar hacia un solo objetivo, el crecimiento y adecentamiento de nuestro país.