Espaldarazos ausentes

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 30 de enero de 2012

 Mucho se repite que el turismo y las infraestructuras son las que están poniendo a volar este país. El primero, por la consistencia que ha tenido en el desarrollo de sus políticas, sin verse afectado por los cambios de administración desde hace 18 años; y el segundo, por la urgencia en modernizar las redes que comunican la ciudad capital con los polos de desarrollo en otros lugares.
El Estado está para ser facilitador de los emprendimientos que hagan los empresarios, sean saurios o no, y se beneficia de los valores agregados que estos le imprimen.

Sin embargo, dos eventos acontecidos la semana pasada no contaron con funcionarios de alta jerarquía del Gobierno actual, que respaldaran con su presencia todos los esfuerzos y riesgos que se toman los profesionales de las diferentes ramas de la economía: uno fue la inauguración del Hotel Westin, en Playa Bonita, una inversión de arriba de los 100 millones de dólares que, al momento de lanzar los fuegos artificiales, ya tenía una ocupación de cerca del 60%. En su discurso inaugural, el Ing. Bern destacó el trabajo de todos los trabajadores que en determinado momento contribuyeron con su esfuerzo a que esa facilidad turística y hotelera estuviera lista para atender los visitantes, especialmente durante la época de verano.

El otro evento fue la toma de posesión de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), que reúne a los profesionales que más beligerancia tienen ahora mismo en virtud de las obras que se adelantan en la ampliación del Canal, la construcción del Metro, la extensión de la Cinta Costera, etc. Este gremio, según mi criterio, ha sido totalmente soslayado de la esfera pública, ha perdido beligerancia y no es tomado en cuenta en los momentos que más urge que sus talentos coadyuven a deslindar cualquier duda que se levante en torno a los proyectos que se están ejecutando.

Cuando ocurre algún problema, los gremios empresariales corren a levantar su voz y el Gobierno a tratar de apaciguarlos. Pero son los profesionales, ingenieros, arquitectos, médicos, abogados, especialmente los que tienen reglas muy establecidas sobre la idoneidad que deben gozar los que vienen a ejercer al país, aunque sea temporalmente, los que deben hacerse oír y emitir su opinión en determinado momento.

No debe haber lugar para suspicacias en estos aspectos. El Gobierno, si es coherente con su política de incentivar la inversión, debe avalarla con su presencia y no ser selectivo, especialmente si en ello se le van antipatías o sesgos partidistas