Historia sin historiadores

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 26 de Febrero de 2012


Varias noticias en los medios de comunicación han anunciado el inminente cierre de la Escuela de Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá. En el último año solo egresaron de esa disciplina cinco estudiantes y ante la falta de matrícula, no queda de otra que cerrarla. La universidad nacional es la única que ofrece esa carrera.

Este hecho representa una tragedia nacional. Se alega que la carrera solo se ofrece en horario nocturno y que los estudiantes que se inscriben en ella tienen dificultades para investigar, porque las bibliotecas, donde está la fuente de referencias, están cerradas en la noche. Seguramente durante el día los aspirantes a historiadores buscan dignamente su sustento siendo cajeros o acosadores de bancos desde un call center. Un licenciado de historia indefectiblemente estaría condenado a ser profesor y encima, mal pagado.

Mucho se repite —y se cae en el vicio de no saber lo que se dice—, que el que no conoce la historia está condenado a repetirla. Hegel fue el primero que lo dijo, para que Carlos Marx le agregara que la historia se repite una vez como comedia y otra como tragedia. El historicismo pretende conocer los procesos históricos de las cosas y de los seres para entendernos mejor.

Tan oportunista como tirado de los cabellos, dicen los seguidores que Arnulfo Arias modificó la frase célebre hegeliana y le agregó que se repetía en espiral, lo que todo el mundo manosea sin conocer el verdadero significado.

El padre de la teoría de la evolución, Charles Darwin, sí afirmó que ‘la historia se repite, ese es uno de los errores de la historia’; y el poeta libanés Khalil Gibran sentenció que ‘La historia no se repite si no es en la mente de quien no la conoce’.

En este mundo cibernético, donde solo a través de un click puedes tener toda la información que necesitas para reinventar la historia, desinformar mediante lo que alegaba Oscar Wilde, ‘El único deber que tenemos con la historia es reescribirla’ o lo que se ha adoptado de manera general, que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad (Goebbels), estamos ante el inminente peligro de convertirnos en una sociedad totalmente descerebrada.

Seguramente el estudiar historia no va a ser interesante para los ejecutivos del futuro, porque ahora en este boom que estamos viviendo, más fácil y redituable es conseguir un empleo de conductor del Metro (me parece muy bueno que contrate mano de obra panameña) y de allí tener un BlackBerry, de repente un auto y no importa cómo llegamos a ser un puente del mundo, o las consecuencias que tuvo la invasión estadounidense, ni hablar de saber sobre las corrientes de pensamiento que marcaron las tendencias mundiales. Vivir ahora sin saber de dónde venimos y, mucho menos, hacia dónde vamos con este ritmo de vida es la tónica.

En la literatura hay una visible tendencia a hacer ficción basada en hechos históricos, y eso es posible gracias a investigaciones exhaustivas. Pero igual dirán que para eso no se necesita estudiar la carrera de historia. Debe haber todavía jóvenes soñadores, con ilusiones e ideales y convencidos que, a través de una cátedra especializada pueden orientar a otras generaciones. Si no los tenemos, estamos perdidos como país. Se asevera que no fue joven aquél que no tuvo ideales de corte social y progresista.

Es una lástima que no se encuentre interesante el estudiar la disciplina de historia, especialmente en este país en el que estamos a punto de repetirla, no en espiral, pero sí como tragedia, y mucho peor de lo que hemos vivido. O como comedia de terror.