Una lección que aprender

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 12 de febrero de 2012

El viernes 3 de febrero se concentró más gente en las escalinatas del edificio de Administración del Canal de Panamá (ACP), frente al monumento a Goethals, que cuando el paso transístmico fue transferido a manos nuestras el último día del año 1999. Era un día de fiesta —a pesar que el país estaba en medio de una crisis política—, porque la Autoridad del Canal ofrecía un concierto gratuito de uno de los panameños que ha trascendido nuestras fronteras y es una referencia obligada en el campo de la música. 
El concierto fue un acontecimiento que atrajo tanto a los muchos panameños que adoramos la música de Rubén Blades, como a los visitantes que se acercaron para ver, de viva voz, uno de los cantantes más conocidos a nivel mundial. Rubén cantó por más de cuatro horas, más de 30 canciones, con sabrosas anécdotas donde se refería al origen de sus letras, reconocía el orgullo que tiene de ser panameño y de que le hayamos demostrado al mundo que podemos administrar de manera ejemplar un recurso tan inigualable como el Canal de Panamá, mucho mejor que quienes lo construyeron y usufructuaron por 85 años.

Los retos que tuvo la ACP esa tarde eran muchos, pero los mismos se transformaron en logros y de logros pasaron a ser un ejemplo a seguir. El Canal de Panamá se ha convertido en un modelo empresarial, con un alto rendimiento económico, billonarios aportes al país y una extraordinaria capacidad de su gente. El 3 de febrero la ACP le dio una lección al país de cómo se organizan las cosas, contemplando cualquier eventualidad y controlando todos los daños. Manejar más de 10 mil personas que visitarían un concierto, realizado en un área mixta industrial y de oficinas, no es un evento que se maneje con facilidad. Todo estaba contemplado, aún la disposición de la basura y el traslado a través de los metrobuses y los twitteros podían seguir paso a paso lo que estaba ocurriendo.

Llegar a obtener lo que el personal de Protección y Vigilancia del Canal logró ese día, es un ejemplo de capacidad que debe darle vergüenza a aquéllos que se las tiran de expertos. El evento comenzó en orden, sin licor, sin armas, bajo un férreo control y revisión y lo que aún es más destacable, cuando terminó el evento todas esas personas salieron en media hora del lugar y no se reportó ningún incidente de seguridad significativo, ni hurtos, ni robos ni mucho menos balaceras.

Este ejemplo de capacidad contrasta con el desastre del desfile de los Globos, en la Cinta Costera, el pasado 26 de diciembre, que terminó con un caos y en una estampida y lo lamentable de la exhibición en el aérea de Howard a finales de enero, cuando las asistentes tuvieron que hacer una fila de tres horas y media para salir.

Es pertinente destacar que la Policía Canalera ayudó en forma muy profesional, así como los miembros del Cuerpo de Bomberos de Panamá, pero en este caso fue obvio quién dirigió las cosas, el grupo profesional de la ACP, por ello los laureles se los llevan los que saben hacer las cosas. Esto es un ejemplo de que el Canal de Panamá y su gente, saben más que pasar barcos por una esclusa, saben hacer las cosas y lo hacen bien. Ellos permitieron que el pueblo panameño pudiera tener y gozar un evento familiar en forma segura, sin sentirse bajo los embates de los delincuentes y las pandillas.

Me llegaron correos de muchas personas que, sin ser amantes de la música de Rubén Blades ni de asistir a conciertos de salsa, asistieron al evento y concuerdan que fue único y solo podría repetirse si el organizador es la ACP.