El que calla otorga

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 7 de mayo de 2012

En el programa Debate Abierto del martes, el ex contralor Alvin Weeden se soltó como un punto de media ante las cámaras y los cinco interlocutores que tenía delante (los tres conductores y dos invitados más) y citó fechas, ocasiones e instancias en las que el actual presidente le ofreció hacer negocios. De la misma forma lo acusó de coimero, ladrón y mentiroso. A los periodistas que conducen ese programa se les notaban la sorpresa en su cara y el resto de los invitados no salían de su asombro. La red social Twitter, que es un complemento casi necesario para disfrutar de estos programas en vivo, se saturó de comentarios que indicaban los sorpresivo de las declaraciones, pero a la vez, lo valiente y acertado de sus aseveraciones.

Creo que no dormí pensando en las reacciones que preveía venir. Revisé a la media noche el noticiero de TVN pero no se hizo eco del tema y, para mi sorpresa, no ha habido ningún comentario ni de la prensa escrita, la radio o la televisión, sean de la cadena Medcom o no. Tampoco ha habido las esperadas demandas y amenazas que declaraciones de esa envergadura podían acarrear. El programa fue puesto en el Facebook y otras personas que no lo vieron pudieron acceder a él por esta vía y de la misma forma que yo, quedaron atónitas.

Confieso que el señor ex contralor no es santo de mi devoción y él lo sabe. Uno de los conductores del programa me dijo que esas acusaciones han sido las más graves que se han hecho contra el mandatario, sobre todo en vivo y en directo y a todo color. La pregunta que cabe aquí es, ¿qué acción, mensaje o moción ha dejado que esto caiga en el silencio? ¿Será que al no salir al paso a defenderse, el acusado concede la veracidad a lo señalado?

Cada vez entiendo menos de cómo maneja el Estado su comunicación. Hace dos años y medio murió Manuel Solís Palma, que fue presidente de Panamá cuando Erick Delvalle intentó salir de Noriega y el gobierno recién estrenado hizo mutis por la izquierda y no le concedió ni día libre ni funeral de estado.

Hoy es día de duelo nacional por la lamentable muerte de Jorge Illueca, que también fue presidente al renunciar Ricardo de la Espriella. No quiero comparar uno con el otro porque ambos fueron hombres meritorios en sus desempeños, pero esas diferenciaciones no deberían aplicarse de manera tan caprichosa.

Para ver este programa siga el siguiente vínculo:

http://www.rpctv.com/debateabierto/index.html

Siguiendo con las bibliotecas

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 6 de mayo de 2012

Los sobresaltos a los que nos han acostumbrado los políticos y otros especímenes del ‘picanterío’ en que se ha convertido nuestro país nos llevan cada vez más a refugiarnos en los libros. Por lo menos a mí. La semana pasada describí cómo organicé mi biblioteca en vista que los libros me van a sacar de mi apartamento en cualquier momento, pero olvidé algunos datos importantes, y como han sido muchos los mensajes que he recibido, agrego otras sugerencias que se me quedaron no en el tintero sino en el teclado.

Muchas veces tenemos antologías que no hay forma de ordenarlas por autor, de manera que esas compilaciones deben tener su espacio, sean cuentos, poesías o temas, como historia de la cultura, de los libros o de la lectura. También hay literatura erótica, que tuvo su cumbre con las ediciones de la sonrisa vertical, de Tusquet Editores, desde 1970, pero que no eximen las antologías de cuentos eróticos o la más reciente Memorias de una Pulga III, de Tato Ledezma. El tema Fidel Castro y su inminente caída —que ha sido predicha desde que asumió el poder y ya lleva 52 años en él— es desbordante, por lo menos en mis tablillas. Que si Gabo y Fidel, que si Mis Hermanos Raúl y Fidel, o las confesiones de su amigo Carlos Franqui o de sus defensores, como Régis Debray.

Otro famoso que ha dado de qué hablar y del que se han ocupado muchos escritores, ha sido Gabriel García Márquez y el fenómeno Macondo. Un espacio representativo lo ocupan los libros dedicados a Gabo, especialmente los escritos por sus afectos, como su hermano Eligio, Plinio Apuleyo, y Oscar Collazo. Aquí tampoco faltan las comparaciones, y recientemente me leí del autor de Gabo y Fidel uno de Gabo a Mario, refiriéndose al escritor peruano Vargas Llosa.

Es importante que se tengan en cuenta ciertos parámetros para que a los libros no le salgan patas, como los que le presté a Juancho Armas Marcelo, así que este ordenamiento es bastante rudimentario, pero por lo menos a mí me sirve. Hay un librero bajo, cuya superficie superior solo recibe los nuevos libros que recibo y antes de clasificarlos, les estampo mi Ex Libris, un hermoso diseño que hace como 20 años me regaló Brooke Alfaro y que lo tengo como sello de goma.

Hay quienes tienen fascinación por los libros de autoayuda, los espirituales o los esotéricos. Esos también pueden ser ubicados juntos, así como los de nutrición. Mi cocina también tiene muchos libros de recetas, sobre todo los que son dignos de conservar, como los de Cuquita Arias de Calvo y Lourdes Fábrega de Ward. Hay recetarios que valen su peso en oro no tanto por las recetas, sino por las fotografías de la presentación de los platos, como los peruanos o franceses.

Este tema bien podría ser una cátedra. Por género (ensayo, cuento, poesía, novela, historia, infantiles, etc.). Lo importante es saber que los libros nos acompañan en esta estadía temporal por el mundo terrenal. Y precisamente este espacio terrenal fue el escenario del magnífico Festival de Cine Internacional que se verificó en la ciudad la semana pasada. Fue una maratón de buenas películas, esas que no son comerciales o producidas en Hollywood bajo los poderosos canales de distribución. De España, Perú, Argentina, Canadá, Bolivia, Cuba, Uruguay, Guatemala (entre muchos otros países) y lo mejor de Panamá. Es encomiable lo que se hizo en este festival que a mí me produjo una sensación de descubrimiento de realidades que solo son posibles con la lectura de un buen libro.

Ojalá que, como la Feria del Libro, se repita todos los años. ‘Nada hace más respetable a un hombre que su biblioteca’, Winston Churchill.