Un imperio bajo la línea del Ecuador

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

Su novela ‘El imperio eres tú’ fue la obra ganadora del Premio Planeta 2011 y se centra en la figura de Pedro I, emperador del Brasil

Facetas, 6 de mayo de 2012

A fines del año pasado Javier Moro, escritor español de madre francesa, recibió el Premio Planeta. Con su novela El imperio eres tú se hizo merecedor a un premio en metálico de 601 mil dólares.


Con cada libro que publica este autor nos sorprende por la profunda investigación que hace sobre los temas que aborda y por las controversias que levanta. Dado que con cada libro terminado le sobreviene un cansancio tanto físico como mental, acostumbra a publicar cada tres años. Así me lo contó en una amena conversación que sostuvimos la semana pasada vía Skype desde México, donde se encontraba de camino a las ferias del libro de Bogotá y Buenos Aires.

Moro publicó su primer libro, Senderos de Libertad en 1992, después de haber recorrido por tres años la Amazonia. Una vez publicado fue objeto de amenazas de terratenientes del área ya que se adentró en la lucha de los trabajadores caucheros y la preservación del medio ambiente. Como ha sido un viajante empedernido desde pequeño -ha visitado la India y el Tibet-, sus obras se han nutrido de sus periplos, como es el caso de Al Pie del Jaipur, Las montañas de Buda, El Sari Rojo y Pasión India. 

Ésta última es la historia de una bailarina andaluza que con el fin de sacar a su familia de la miseria, se casa con un maharajá de Kapurthala para después enamorarse del hijo de éste.

Con El Sari Rojo ‘se la armó un follón’, como dicen los españoles, porque recreaba la vida y orígenes italianos de Sonia Gandhi, lo que a la familia Nehru-Gandhi, en el poder, no le causó ninguna gracia, al punto que hubo reyertas en la calle y quemaron libros y fotos del autor.

El escritor, de 57 años, estudió historia y antropología y sus obras se caracterizan por su rigurosidad histórica. Los sucesos históricos son dramatizados a tal punto que todo parece ficción, aunque reitera que todos los personajes son reales.

RECONOCIMIENTO CUESTIONADO

El Premio Planeta, otorgado por la editorial que lleva su nombre, ha sido seriamente cuestionado desde hace unos años porque se alega que se les ha ofrecido a algunos escritores, según denunciaron Sábato y Delibes en 1994. Hay quienes dicen que no leen ‘novelas premiadas’ pero en el caso de El imperio eres tú han hecho una excepción porque la historia no solo está bien contada sino que el libro es excelente.

Otros ganadores del Planeta han sido Eduardo Mendoza, con Riña de Gatos, Fernando Savater con La Hermandad de la Buena Suerte y Antonio Skármeta, por El Baile de la Victoria. El premio es considerado como el Nobel en español porque su dotación solamente tiene rival con el que se otorga en Suecia. Asimismo ofrece un galardón para la primera novela finalista de 152 mil dólares.

Esto, además de toda la maquinaria de promoción y distribución que tiene ese poderoso sello editorial, garantiza que si es un buen libro, y tiene buena distribución, es un éxito de ventas y de lectura.

¿Novela histórica u historia novelada? Esta es la pregunta que le he hecho a María Dueñas, a Gloria Guardia y le hice a Javier Moro. Como historiador me dice que los libros de historia no se los lee nadie, nada más los historiadores; en cambio este recurso de dramatizar la historia, al tiempo que cumple una labor docente, expone todo lo que involucra un relato, de manera que el lector se siente atraído a leerla.

HERENCIA COLONIAL

Después de haber recorrido el territorio del Brasil para su primer libro y siendo español, Moro se preguntó por qué nadie había profundizado en las razones por las cuales Portugal, siendo un país relativamente pequeño, había conseguido mantener su mayor colonia unida y homogénea, mientras todas las que estaban bajo la corona española habían estallado. 

Obviamente, la respuesta está en este libro, que relata la vida de Pedro de Braganza y Borbón, hijo de Juan de Braganza y Carlota Joaquina, hermana de Fernando VII, rey de España e hija de Carlos IV, que combatió contra Napoleón. Pedro llega a ser el Primer Emperador del Brasil, un hombre intenso en sus motivaciones políticas y en sus pasiones sexuales insaciables. Se casa con Leopoldina, Archiduquesa de Habsburgo, hija de Francisco I de Austria por conveniencia y ella viene a vivir en una corte tan alejada de las costumbres de Europa, que a veces desfallece ante la impotencia de contener la humedad y los insectos, y la conducta irreprimible de su marido.

El enemigo más encarnado de Francisco I, Napoleón, desposó a su hija María Luisa, cuando se divorció de Josefina. Carlota Joaquina, la madre de Pedro, no era una perita en dulce y su marido, a quien le llamaban Juan ‘El Clemente’, era un hombre magnánimo, correcto y lleno de defectos para gobernar. La gran ambición de Carlota era que el hermano de Pedro, Miguel -a quien ella había maleado a su imagen y semejanza- fuera el que mandara sobre el Brasil para volver a reinar en la Europa de los Borbones.

Pedro es protagonista de importantes escenarios que determinaron el origen y destino de la inmensa nación que es hoy Brasil, las pugnas en las cortes por mantener la esclavitud, los choques entre las costumbres religiosas de dos pueblos que eran tan disímiles en sus creencias como en el color de su piel.

Leopoldina se convierte, por el amor a su marido y su vocación de servicio, en una emperatriz en la sombra y Domitila de Castro en la amante poderosa que se instala en un castillo al lado, con amplios poderes de mando.

Esta situación no la puede soportar la delicada Leopoldina y muere, en 1826, dejando hijos pequeños.

Así como Pedro era de apasionado en saciar sus apetitos sexuales lo era en ser un padre para sus numerosos hijos (que tuvo con varias mujeres). Los hechos históricos que se dan en el escenario en el siglo XIX lo llevan a otro casamiento por conveniencia, en 1829, con una princesa franco alemana, Amelia de Beauharnais de Leuchtenberg, hija de un hijo adoptivo de Napoleón, con la que vuelve a Portugal una vez que se declara la independencia de Brasil.

FUSIÓN LITERARIA

Entre la historia y las letras

Moro -quien se apega a los hechos históricos como cultivador de la historia novelada- ha sido atacado por historiadores brasileños que le sacan en cara que es producto del neocolonialismo español que aún perdura.
Hasta ahora, según me contó el propio escritor, no le han probado ni una de las acusaciones de errores que supuestamente tiene su libro y por el contrario, le han hecho un favor, porque la obra sigue vendiéndose a niveles extraordinarios.

Uno de ellos fue Laurentino Gomes, autor de 1808, a quien Moro menciona en la bibliografía y reconoce su deuda con esa obra que le resultó interesante, bien escrita y mejor documentada, lo que lo convierte en vinculante. El éxito de ‘El imperio eres tú’ radica en contar desde adentro lo que los historiadores ven desde afuera.

Moro es sobrino de Dominique Lapierre, el autor de ‘La Ciudad de la Alegría’ y que con Larry Collins, escritor estadounidense fallecido hace cinco años, escribió varias obras, como ‘¿Arde París?’ y ‘O llevarás luto por mí’. Con su tío escribió ‘Era medianoche en Bhopal’ e hizo varias investigaciones para sus trabajos literarios.

Hace unos años Collins quiso escribir una novela sobre Manuel Antonio Noriega pero como aún no se ha acabado su saga, se decantó por escribir una sobre la CIA, titulada ‘Águilas Negras’.

Su prima Alexandra Lapierre también es escritora (autora del libro ‘En el amor y en la guerra’) y su abuela, según cuenta, empezó a escribir a los 75 años con un estilo muy florido, vivió junto a su familia durante su infancia y le inculcó el gusto por la pintura, llevándolo a recorrer los museos.

Es un escritor interesantísimo, con una prosa que parece acariciar las palabras, con recursos lingüísticos insuperables y poseedor de una sólida cultura universal de la que muchos escritores carecen.

Es guapo, accesible, no pretencioso y encima, medio francés, así que debería venir para la Feria del Libro que este año tendrá a Francia como país invitado.

Compromiso con los medios

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 30 de abril de 2012

El pasado martes se llevó a cabo una marcha de los comunicadores y de todo aquel que se sintiera afectado por la manera agresiva y ofensiva que ha tenido el actual gobierno para con los medios y los periodistas.

La marcha no fue multitudinaria, pero a lo largo de su recorrido se sintió el respaldo de todo un pueblo que ve aumentar a diario el nivel de confrontación entre los políticos –de todos los partidos y grupos—, entre los medios y los gobernantes y, como resultado, se respira un aire de intolerancia y desasosiego que no hacen bien a un país bendecido como Panamá.

A eso hay que sumarle el insoportable tranque diario, el aumento escandaloso de los productos que componen la canasta básica y el precio del combustible. Hasta el popular raspao va a subir de precio a la astronómica suma de 70 centavos.

Culminada la marcha, que fue ovacionada a todo lo largo por las personas que trabajaban o viven en la Vía España que se convierte en Avenida Central, que vio mejores tiempos, se realizó un breve mitin en la Plaza Catedral y los representantes de los diferentes gremios periodísticos fueron invitados a reunirse con el presidente Martinelli y la Primera Dama.

Como resultado de esa reunión se ha dado a conocer que se estará presentando una especie de acuerdo para bajar el nivel de tensión que ha persistido entre los medios y el gobierno. Un acuerdo así no puede dejar por fuera un detalle que es importante para los que aporreamos las teclas, salimos en tele o transmitimos a través de las ondas hertzianas. Ese detalle es el de la ‘autocensura’, que es casi tan mala como la censura que se nos quiera imponer.

Si bien muchos podrán entender que el hecho de autocensurarnos implique no proferir insultos, a lo que me refiero es a que la mayoría de las veces preferimos no señalar un hecho por la represalia que ese acto pueda generar, tanto para uno como persona, o para la empresa en la que se labora, como para la familia o para el grupo al que pertenecemos. No debe entenderse como ‘el que no la debe no la teme’, sino en la reacción que esa acción pueda generar y que se ha probado que vendría de cualquier parte menos de la que uno espera. A ver si se logra un acuerdo que sea respetado por todas las partes y si es verdad que hay voluntad del ejecutivo de bajar el nivel de confrontación.