Vergüenza mundial

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 23 de abril de 2012

Panamá ha estado en los titulares de los más importantes medios de comunicación gracias a que se ha vinculado al gobierno con un maleante italiano que recientemente se entregó a la justicia de su país y señala que altos funcionarios del gobierno actual recibieron jugosas comisiones por la adquisición de bienes y servicios, como radares, patrulleras, mapas cartográficos y hasta la construcción de cárceles.

La sorpresa no pasaría de ser pasajera si encima de todo no se le echa sal a la herida: el Presidente, en una desafortunada intervención en cadena nacional, con el precedente de que su ministro de seguridad había denunciado que era una campaña de la oposición para hacerle daño al gobierno, arremetió contra un periodista local, señalándolo de modo sarcástico y ofensivo como consumidor de drogas.

No solamente los gremios periodísticos sino las cadenas internacionales recogieron el hecho y lo han elevado a dimensiones que no recordamos se viviera en los estertores del régimen de Noriega. Sondeos conducidos por los presentadores de CNN, donde los call centers que organiza Camacho no tienen un chance, coincidieron en el desacierto que había tenido el presidente de Panamá en poner en entredicho el profesionalismo de Hugo Enrique Famanía por una pasada adicción que ha superado con gran compromiso.

Adicción, según los diccionarios populares, es una enfermedad física y psicoemocional que hace a un individuo dependiente de sustancias, actividades o relaciones. Estas adicciones se superan y dependen en gran parte de la voluntad del que las sufre y en eso está su valor. Si uno se atreve a señalar a otro, públicamente, de ser adicto a algo, debería estar exento de cualquier adicción para, como dice el Evangelio en San Juan ‘el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra’. El aceptar que uno tiene una adicción y salir de esa dependencia, lo hace mucho más valioso que el que niega la adicción y recurre a ella constantemente.

El asunto aquí no es si Hugo tuvo adicción a las drogas, sino el atrevimiento del gobierno de responsabilizar a los periodistas y a la oposición de los cuestionamientos que están haciendo. ¡Qué mano más larga tiene la oposición, que llega hasta Italia, y ni aquí en el patio se puede poner de acuerdo! Reducirlo a decir indirectamente que ‘yo sé en todo lo que has estado metido’ recuerda los peores días del G2, cuando la vida privada y su chantaje era propiedad absoluta de los militares.