De lanchas y cables

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 3 de Junio de 2012

Para muchas personas no resultó sorprendente que dos expresidentes rechazaran asistir al acto donde se iban a bautizar unas lanchas patrulleras de dudosa proveniencia y otorgadas bajo dudosos contratos (no solo para nuestro país sino para el mismísimo que tan desprendidamente nos las donó), pero sí que se insinuara que esos dos expresidentes no compartieran el propósito que se les dará a las mismas. Comentarios de tan mal gusto solo pueden verse en nuestro patio, que cada día se vuelve más limoso por la clase de actores en la vida política del país. No se dan cuenta que los carteles de las drogas de hace cinco años no son los mismos que los de hoy día.
Más temprano, en las noticias de la mañana, había escuchado al ministro de Obras Públicas, de quien siempre admiré su sosiego para responder a la andanada de cuestionamientos que han producido los contratos que se han firmado sin respaldo o acto público, señalar que las interrogantes sobre si se debe o no usar asfalto o concreto en las carreteras eran actitudes politiqueras, y repetía una y otra vez que no iba entrar en politiquería y que sus interlocutores eran unos charlatanes. En ese momento me dije: ‘ya cayó en la emulación de su jefe’.

El Fondo de Ahorro de Panamá fue aprobado a tambor batiente y, con ello, se nos ha despojado de toda capacidad de tener ahorros como país y de seguir endeudándonos para el resto de las próximas generaciones. La Ley de las agencias de Seguridad fue retirada con las típicas amenazas de la soberbia que, como el champán que se chupó de los dedos al bautizar las patrulleras, se le sube a la cabeza al ministro de la cartera de Seguridad.

La Asamblea no legisla para beneficio de la sociedad panameña, sino para acomodar la agenda del Ejecutivo. La cadena de frío, que seguramente iba a ayudar a la gente del campo a colocar sus productos y que éstos fueran preservados hasta su destino, se congeló en su cuna y vemos torres vacías por todos lados en la ciudad, y cada vez menos cables por el soterramiento de los mismos, pero sigue rezagándose la agricultura a último plano.

Mucho se cacarea que el país tiene límites de crecimiento sin precedentes. Recientemente revisé un documento que preparó el Dr. Nicolás Ardito Barletta, que analiza la transición política y económica de Panamá entre 1978 a 1991 e ilustra cómo, desde fines de los ’60, la economía nacional ha tenido periodos de mucho dinamismo que promediaban su crecimiento hasta en 8% de crecimiento anual. Por lo que no entiendo la alharaca que hacemos ahora que seguimos siendo la envidia del continente por tener un crecimiento sostenido y ya sin la ayuda de las agencias de cooperación internacionales, pues nuestro producto interno bruto ha superado el de los países que son sujeto de programas de desarrollo de esas agencias. Se nos olvida que así como ha habido épocas de vacas flacas también las ha habido de vacas gordas, y que en ese entonces se hacía mucho énfasis en los programas de salud, nutrición, educación y vivienda popular, lo que parece alejado ahora mismo de la agenda de Estado.

Ya empezaron a verse reflejados en las facturas los cargos por el soterramiento de cables y todavía no se aclara que esa obra era responsabilidad de las compañías que prestan los servicios. La ley que creó el Ente Regulador tiene que ser constantemente revisada, porque la tecnología avanza muy rápido y si mal no recuerdo, hace diez años ese tema correspondía a las compañías prestadoras de los servicios, así como la portabilidad numérica, con la que ahora han hecho ‘japai’ y la han implementado para que nos cueste a todos y así, las operadoras siguen ganando.