Déjà vu

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 14 de Mayo de 2012

Los enfrentamientos entre políticos del patio que vemos a diario en los medios de comunicación nos dejan a todos una sensación de déjà vu , que en francés significa algo ya visto. Algunos sentimos que estamos experimentando una situación por la que ya atravesamos, y los que no, tal vez porque son más jóvenes y no tienen recuerdos de experiencias paramnésicas similares, de las cuales no han sido testigos, les debe resultar aún más inverosímiles las campañas sucias, la sacadera de trapos y los insultos que protagonizan a diario unos y otros.

Si para los panameños resulta desagradable este circo, imagínense lo que piensan los extranjeros, ya sea los que aquí residen, los que les interesa el país por diferentes razones, o los medios de comunicación que han incluido como obligada referencia las peleítas entre el presidente y el vicepresidente como parte de los temas políticos del continente. No creo que estuviéramos en la palestra pública con tanta preponderancia desde la desafortunada invasión de 1989.

Los temas del Canal, que son de suprema importancia para el país, siempre han sido tratados como lo que son, historias de éxitos, como ha sido la reversión, el referéndum para la ampliación y más recientemente, la designación del nuevo administrador, sin dejar de lado el excelente manejo que ha tenido en manos panameñas desde hace 12 años.

Hay dos temas que me tienen siempre sospechando que son llevados a la palestra para ocultar con una cortina de humo un escándalo que generalmente tapa al otro: las desavenencias entre el presidente y el vicepresidente, que fueron juntos a las elecciones, se juraron amor eterno y comieron del mismo plato de “pork and beans” para hacer su alianza ganadora y ahora se la pasan insultándose en público. Y la salud de Manuel Antonio Noriega, que va de paseo al hospital cada vez que hay una noticia que debe ser relegada para que no cobre fuerza. La movida de traerlo a Panamá, con todas las incongruencias que la misma tuvo, no deja de ser también sospechosa por parte de un gobierno que se las arregla siempre para desviar la atención. No sabemos en qué quedó el acuerdo al que llegaron los periodistas cuando culminamos la marcha que nos llevó hasta la Plaza Catedral y los dirigentes fueron invitados a Palacio. Si para todos los que leen esto no les da una sensación de déjà vu , pronto lo empezarán a sentir, porque seguirá repitiéndose.