En rescate a la Catedral

MARIELA SAGEL
La Estrella de Panamá, 23 de septiembre de 2012 
Montreal, QC, Canadá — Al tiempo que avanza a toda velocidad la construcción de la tercera fase de la Cinta Costera, por la alternativa del viaducto, que amenaza el Casco Antiguo, nos enteramos que para la restauración de la Catedral Metropolitana, ícono no solo de nuestra ciudad sino de nuestra historia, no hay plata. Es inexplicable que esto ocurra en un país que dice estar encaminado hacia el desarrollo de la industria del turismo, posee valores patrimoniales que la distinguen de sus vecinos y cuya economía es la envidia de toda la región, por su marcado crecimiento.

La construcción de la Catedral Metropolitana tomó 108 años, por eso arroja estilos diferentes, tanto en su fachada como en sus torres, que son coronadas con revestimiento de madreperla. Tiene vitrales valiosísimos y ha sido testigo de muchos acontecimientos importantes. Otras iglesias del Casco Antiguo son anteriores a esa estructura, como la de San Felipe Neri y la de San José, que tiene el altar de oro que fue salvado de los piratas en Panamá La Vieja y la iglesia de la Merced, que fue recientemente restaurada. La de San Francisco, como la conocemos hoy, fue renovada casi totalmente en 1918.

Para hacer un verdadero trabajo de restauración, sin ser experta, hay que empezar por un diagnóstico y levantar un inventario que arrojará al final a cuánto asciende el monto del rescate del bien. Este estudio se le encargó al arquitecto colombiano Pedro Rafael Tono, quien hace un año declaró a este diario ‘que la Catedral Metropolitana se encuentra en un estado ‘desastroso’: techo repleto de goteras, piso de concreto agrietado, el retablo en muy malas condiciones, y ni hablar de las torres que se han convertido en el hogar de gallinazos, palomas y todo tipo de alimañas’. En esas declaraciones agregó que‘convertirá el Casco Antiguo de Panamá en lo que es, una verdadera joya…’Tono tuvo a su cargo la restauración de la catedral de su ciudad natal y fue contratado por el INAC.

Si no hay dinero para restaurar la Catedral, ¿de dónde sale el que se dedicará a la edificación de una Virgen, abrazada con entusiasmo por el arzobispo y la constructora Odebrecht? Sería mejor que ese dinero, al igual que el que se le dio al INAC para la construcción de un palacio de Bellas Artes en el Parque Metropolitano, se dedicara al rescate de las valiosas herencias arquitectónicas con que cuenta nuestro país.

La Catedral Metropolitana no ha sido tratada con cariño. Las supuestas reparaciones o restauraciones que ha tenido a lo largo de estos últimos años apenas han sido remiendos para acoger eventos personalistas. Tal fue el caso del 2003, en ocasión del centenario, cuando la emparapetaron, pero un trabajo ordenado, preciso y puntual no se ha hecho. A un lado está el Museo del Canal, que es un magnífico ejemplo del rescate de una edificación vieja a la que se la ha dado un uso apropiado. No hay que ir muy lejos para saber cómo hacer bien las cosas ni contratar profesionales de afuera si contamos con los propios.

La arquidiócesis, que celebra el próximo año los 500 años de haberse establecido en tierra firme, debería tomar la restauración de la Catedral como algo emblemático. Para ese propósito puede dedicar una campaña para recaudar fondos, hacer una teletón, en fin, mil actividades que estoy segura todos los fieles de la iglesia católica apoyarán con entusiasmo. En Pittsburg, Pennsylvania, para construir la Cathedral of Learning, eje de la universidad, se realizó una ingeniosa campaña mediante la cual cien mil estudiantes de los alrededores hicieron pequeños aportes (de 10 centavos) bajo el lema ‘buy a brick for Pitt’. A cambio, recibieron un certificado de haber contribuido con la compra de un ladrillo. No hay que ser genios para inventarse algo parecido, tan creativos que somos para otras cosas.