¿Hay futuro para nuestro pasado?

PATRIMONIO HISTÓRICO

MARIELA SAGEL

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Facetas, La Estrella de Panamá, 30 de septiembre de 2012

Los esfuerzos de las autoridades canadienses para preservar su legado arquitectónico y religioso son un ejemplo a seguir. En Panamá, mientras se financian proyectos multimillonarios, las iglesias se deterioran

En la ciudad de Montreal, segunda en el mundo con mayor cantidad de francoparlantes, y única en su estilo, arquitectura y tesoros históricos, se está suscitando un debate del cual los panameños podríamos aprender algo. En los últimos cuatro siglos el entorno de la ciudad fue determinado por la arquitectura religiosa que, como producto de las múltiples capas que componen su rica herencia. Fueron confluyendo, igual que el río San Lorenzo se une con el Océano Atlántico, frente a la ciudad amurallada donde se unen las aguas.


En esta provincia de Canadá, escenario de la disputa entre el imperio inglés y la presencia francesa, hay más edificios construidos con propósitos religiosos que los que se han dedicado a otros menesteres. Aquí se evidencia una convergencia inusual: América y Europa. Y ha sabido cultivarse, preservarse y hasta engrandecerse.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Desde 1642, el grupo religioso predominante en Montreal fueron los católicos, y eso les permitió establecer las pautas en la construcción y determinar los estilos de las edificaciones. Como testigo de esta época se levanta el Seminario de San Sulpicio, que hoy es el edificio más viejo de la ciudad, al lado de la Catedral de Notre Dame.

Los sulpicianos tenían como prioridad el desarrollo espiritual y académico, pero de la misma forma fueron controlando los estilos arquitectónicos que marcaron la ciudad. Una vez establecido el imperio británico, con su énfasis en el intercambio comercial  se dio paso a las expresiones de otras iglesias.

Le siguieron en presencia los anglicanos, que establecieron sus cultos, lo mismo que los metodistas y, aunque hay una gran comunidad judía, las sinagogas no son llamativas y éstas empezaron a erigirse apenas en 1830, adoptando un estilo egipcio que las ha distinguido. Los de la iglesia unitaria, por ser intelectuales, emulaban a los griegos y varios de sus edificios recuerdan a la Acrópolis. El resto de las religiones iban levantando sus estructuras, que algunas veces sirvieron de refugio para la población durante los conflictos bélicos.

La Catedral de Notre Dame, erigida por los sulpicianos en honor a María (ellos no eran seguidores del Papa), es una magnífica combinación de estilos neogóticos, tanto franceses como ingleses y alemanes. La estructura alberga numerosas tallas de madera, pinturas, vitrales, esculturas, una colección notable de arte sacro del siglo XVII al siglo XX, y es escenario de funciones luminotécnicas. 

En la parte de atrás está la capilla al Sagrado Corazón, de construcción más reciente, y donde se celebran numerosos matrimonios (allí se casó Celine Dion).

MULTIPLICIDAD DE USOS

Tantos edificios portentosos construidos para propósitos religiosos se resisten a desaparecer. Ingentes son los esfuerzos que hace la comunidad, tanto empresarial como educativa, para darle otro uso, y son notables las estructuras que ahora forman parte de la Universidad de Concordia (la Capilla de la Congregación de las Monjas Grises, por ejemplo), y la Erskine and American Church, adyacente al edificio del Museo de Bellas Artes de Montreal, entidad que actualmente la administra.

Los empresarios no se han quedado atrás en el rescate del patrimonio histórico y es así como la familia Molson, propietaria de la quinta cervecería más grande del mundo y la segunda empresa más antigua de Canadá, dueña de bancos y equipos de hockey, tiene entre sus haberes varios de estos edificios y le han impreso un estilo muy propio. Hay una leyenda muy conocida que señala que los Molson tienen ‘una iglesia para la salvación, una universidad para la educación y una destilería para la perdición’. Yo agregaría que también un banco para la financiación. 

Aparte de integrarse a los campus de las universidades y los museos, las iglesias de Montreal han sido restauradas y puestas a funcionar como exclusivos clubes sociales, entidades públicas, discotecas y hasta como apartamentos, siempre respetando el diseño, para que cumpla con la obligación de mantener el valioso legado histórico.

HERENCIA EN PELIGRO

En la ciudad a los pies del Mont Royal también hay incertidumbre. A pesar de la gran conciencia y el respeto de los ciudadanos, hay preocupación por la herencia religiosa, ya que por el uso que han tenido y el paso al progreso, es inevitable que se cuestione si hay un lugar en el futuro para el pasado.

En el museo de Bellas Artes de Montreal, en un esfuerzo conjunto de las universidades de Quebec en Montreal (UQAM, por sus siglas en francés) y Concordia, se presentó una serie de conferencias, debates y visitas guiadas y se aprovechó para presentar el libro Montreal, City of Spires: Church Architecture during the British Colonial Period (1760-1860), durante la cual se desgranó la historia de la lucha de las diferentes religiones por su predominancia en los estilos arquitectónicos. Asimismo, se evaluaron las acciones que se han tomado para impedir que esa magníficas edificaciones desaparezcan y se enumeraron las tareas pendientes para asegurar que la herencia religiosa prevalezca y se engrandezca.

Mientras esto acontece en Canadá, en Panamá la Catedral Metropolitana continúa hecha un desastre -según el arquitecto colombiano Pedro Rafael Tono, que tuvo a cargo el diagnóstico de su condición- así como otras monumentos similares. Debemos tomar conciencia que esas representaciones eclesiásticas (y las edificaciones erigidas para albergarlas) forman parte de nuestra identidad tanto cívica como cultural.