Historia de un amor “hasta las trancas”

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

Facetas, La Estrella de Panamá, 7 de octubre de 2012

En su segunda novela, la escritora española hace un repaso no solo de la guerra civil española, sino también de las misiones que se establecieron en California durante los siglos XVI y XVII

Sin remedio. Así fue como Daniel Carter, protagonista de la novela Misión Olvido, de la escritora española María Dueñas, se enamoró de Aurora. El idilio tuvo lugar en un rincón de Cartagena, España, cuando Carter se encontraba investigando las motivaciones de Ramón J. Sender, un escritor proscrito de los años treinta. Sender, autor de Míster Witt en el Cantón, fue el objetivo de la investigación de este estadounidense que desoyó los dictados de su familia y persiguió con ahínco su vocación de estudiar lenguas hispánicas.
En Misión Olvido, la segunda novela de María Dueñas, que nos cautivó con El Tiempo entre Costuras, la escritora hace un repaso, no solo de la guerra civil española, sus autores demonizados, los efectos de las políticas imperialistas y los vestigios de ‘una vieja España ambiciosa por extender ad infinitum sus confines sin prever lo efímero de sus conquistas’, sino también de las misiones que se establecieron en California, los propósitos que estas tenían y cómo el respeto a esa misma historia detuvo un proyecto inmobiliario que pretendía sepultar leyendas aún por descubrir. 

LA AUTORA

María Dueñas, poseedora de una prosa impecable, nació en Puertollano, Ciudad Real, España. Es doctora en filología inglesa y profesora titular de la Universidad de Murcia. Su labor docente la ha llevado por varios años a impartir clases en universidades norteamericanas y ha sido partícipe de varios proyectos educativos, culturales y editoriales.

Su primera novela ha sido traducida a más de 25 idiomas y ha ocupado los primeros lugares entre los libros más vendidos y leídos en muchos países. El año pasado presentó El Tiempo entre Costuras en la Feria del Libro de Guadalajara y en esa ocasión la entrevisté, aunque ya anteriormente había reseñado su libro (Facetas, 5 de septiembre de 2010. )
Es muy rigurosa en los hechos y datos que maneja, ya que lo suyo es la novela histórica, que se diferencia de la historia novelada. La primera tiene personajes reales que combina con eventos y otros personajes que son de ficción, para crear una trama. La segunda no tiene personajes inventados, pero narra la historia de una manera entretenida.

ESCENARIOS Y TIEMPOS

En este su segundo libro, María Dueñas se arriesga a hacer una historia en varios tiempos cuando germina la vocación de un pobre despatarrado (Andrés Fontana) que es criado por una ricachona que le permite el acceso a la lectura -el mejor tutelaje que se pueda encontrar- al tiempo que Daniel Carter se decide a estudiar lenguas hispánicas y se marcha a la ciudad de Madrid.

Otro de los personajes, Blanca Perea busca refugio después del aparatoso desenlace de su matrimonio en una remota universidad californiana, donde ha aceptado un trabajo de investigación. Las hieles de la ruptura le enseñan que uno no puede pasarse la vida asumiendo relaciones que a la larga no son la realidad en que se vive.

El desbordamiento, tanto de emociones, como de circunstancias, escenarios y personajes, nos motiva a investigar sobre nombres y actos que se dieron a lo mejor en fechas que no se nos hubiera ocurrido hurgar. 

Son memorables las referencias a los libros de Ernest Hemingway, a compendios imprescindibles, como el Tesoro de la Juventud, enciclopedia editada en la primera mitad del siglo XX. Se integran a la trama los poemas de Luis Cernuda, Pedro Salinas y Antonio Machado, las canciones de Joaquín Sabina, Jacobo Morcillo y José Alfredo Jiménez, Joan Báez y Violeta Parra.

Desde su lanzamiento al mercado hispano, el pasado 28 de agosto, Misión Olvido ha creado expectativas y comentarios de toda índole. Ha llegado a desplazar a las Sombras de Grey, de la lista de los más vendidos en España, su autora lo ha estado presentando (y lo seguirá haciendo) en varias partes del mundo hispano hablante. No se han hecho esperar las críticas de los puristas que la señalan como atrevida, por haberse apartado de la narrativa lineal para abarcar una novela compleja, llena de vericuetos y saltos de tuerca impredecibles.

En ella María Dueñas se imbuye en los sentimientos de la absoluta devastación sentimental, la soledad de una mujer madura, el enamoramiento encandilado de un joven estudiante, las tropelías de obreros con escasa educación, las decisiones que alteraron el orden mundial en los años de Franco, la vida desconectada de los gringos dentro de las bases militares y las relaciones que éstos establecen con los lugareños.

También rescata la solidaridad humana, la amistad a prueba de todo, la complicidad de una abuela bullanguera, la maldad que causa el resentimiento en las personas inestables. ‘La compasión es un síntoma de inmadurez emocional; no es una obligación moral ni un sentimiento que nazca de la reflexión’, así define la autora la actitud de Rebeca Cullen hacia su ex marido, díscolo e irresponsable, cuando ya está postrado con Alzheimer en una silla de ruedas.

Durante la lectura llegamos a adorar a Daniel Carter, a oler sus ropas deportivas, su barba. También todos los cigarrillos que fumaban en esos tiempos tanto en España como en Estados Unidos. Asimismo, recorremos las misiones desde Santa Francisco Solano hasta el presidio de San Diego de Alcalá y no cejamos un minuto en dar la vuelta a la página para descubrir una nueva ocurrencia, una sorpresa.

RAMÓN SENDER

Una pluma revolucionaria

Ramón J. Sender fue un escritor español que nació en 1901 en Huesca. Desde niño vivió enfrentando la autoridad familiar y eso lo condujo a una adolescencia sin recursos, pero que se robusteció con el ejercicio de la escritura, colaborando en varias publicaciones, en las que apareció su primer cuento, con apenas 17 años. Debido a su precaria situación no pudo seguir estudiando y se auto educó leyendo vorazmente. 
En los años treintas se alineó con los movimientos anarquistas y siguió escribiendo y publicando. Sus primeras novelas muestran esa corriente revolucionaria, como ‘Mr. Witt en el Cantón’, Premio Nacional de Literatura (1935), en torno a la cual se inspira María Dueñas para su libro ‘Misión Olvido’.

Durante la guerra civil española fusilaron a su mujer y dejaron en el desamparo a sus dos hijos, los que rescató posteriormente gracias a las gestiones de la Cruz Roja Internacional. Se fue a París por un tiempo y cuando Franco consolidó su poder, se auto exilió con sus hijos en México en 1939. Allí estuvo hasta 1942, cuando se trasladó a Estados Unidos a dictar clases de literatura en universidades, en las que ya había estado como profesor invitado. En los años del Macartismo y la cacería de brujas, tuvo que firmar manifiestos anti comunistas para conservar su cátedra y se volvió a casar.

En 1969 ganó el Premio Planeta por la obra ‘En la vida de Ignacio Morrel’ y volvió a España a recibirlo. Se había apartado de los movimientos políticos y eso se reflejó en una vasta obra literaria que incluye teatro, ensayos, novelas y muchos artículos. Se radicó en San Diego, donde murió en 1982.

Se nder jugaba magistralmente con la novela, así como el reportaje de corte social. Maneja una narrativa alegórica con sesgos satíricos y a ello le adicionó reflexiones de orden filosófico y poético. Como protagonista de la Guerra Civil, escribió varias novelas históricas y textos autobiográficos pero no descuidó los temas de su patria adoptiva, los Estados Unidos.

HISTORIA

Misiones de California

El vasto territorio de California fue poblado en el siglo XVIII por súbditos del Rey de España, que venían con la espada y con la cruz a la colonización y de allí tantos nombres de santos que le dieron a sus montañas, cauces, pueblos, etc.
Como ha sido una constante, la lucha entre jesuitas y franciscanos irrumpió en la pretensión de evangelizar a los indígenas (que llamaban neófitos). Se tenía como principio tratar con respeto a estos grupos étnicos, que hablaban cada uno su lengua.

Lo que se conoce como ‘misiones’ era una de los tres tipos de asentamientos que los españoles establecieron como punta de lanza de la cristianización. Éstas eran destinadas los indígenas, había otro asentamiento para los colonos hispanos y el tercero, las prisiones.

La misión inicial fue la de San Diego de Alcalá y en total fueron veintiuna las que se establecieron a lo largo de lo que se conoce como el Camino Real. En la novela de María Dueñas, se destaca sobre todo la última, San Francisco Solano, que fue fundado después de la independencia del estado mexicano.

Su trazado básico tenía un núcleo central que lo conformaba una iglesia, a la que se le construía un claustro en el ala adyacente. Esta especie de ‘pueblo’ también era provista de habitaciones para los frailes y las mujeres solteras, una cocina, despensa, talleres y depósitos, las viviendas para los neófitos y un cementerio. La mayoría de ellas fueron construidas en el clásico estilo español, aunque algunas son dignas muestras de clasicismo y hasta de arquitectura barroca y neoclásica, con sus muros de cal y tejas, que las han distinguido desde siempre.